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Enemistad entre mexicanos y tlaxcaltecas Viendo, pues, de cuán buena gana hablaban y conversaban, les preguntaron por Moctezuma, y cuán grande y rico señor era. Ellos lo encarecieron grandemente y como hombres que lo habían probado y que, según afirmaban, hacía noventa o cien años que tenían guerra con él y con su padre Axaxaca y con otros tíos y abuelos suyos; y decían que el oro y plata y las demás riquezas y tesoros que aquel rey tenía eran más de lo que ellos podían decir, según todos contaban. El señorío que tenía era de toda la tierra que ellos sabían. La gente innumerable, pues juntaban doscientos y trescientos mil hombres para una batalla; y si quisiese, que los doblaría; y que de eso eran ellos buenos testigos, por haber peleado muchas veces con ellos. Engrandecían tanto las cosas de Moctezuma, especialmente Maxixcacín, que deseaba que no se metiesen en peligro entre los de Culúa, que no acababan, y muchos españoles sospechaban mal. Cortés les dijo que estaba determinado, con todo aquello que oía, de llegar a México a ver a Moctezuma; por tanto, que viesen lo que mandaban que negociase con él de su parte y provecho, que lo haría, como estaban obligados, porque tenía por cierto que Moctezuma haría por él lo que le rogase. Ellos le rogaron por licencia para sacar algodón y sal, pues no la comían a derechas durante aquellos años en que duraron las guerras, si no era alguno de ellos, que o la compraba a escondidas o de algunos vecinos amigos, a peso de oro, porque Moctezuma mataba al que la vendía y sacaba fuera de sus reinos para vendérsela a ellos.

Al preguntar cuál era la causa de aquellas guerras y ruin vecindad que Moctezuma les hacia, dijeron que enemistades viejas y amor a la libertad y exención. Mas, según los embajadores afirmaban, y a lo que después Moctezuma dijo, y otros muchos en México, no era así, sino por otras razones muy diversas, si ya no decimos que cada uno alegaba su derecho, justificando su partido; y eran las razones, porque los mancebos mexicanos y de Culúa ejercitasen sus personas en la guerra allí cerca, sin ir lejos a Pánuco y Tecoantepec, que eran fronteras muy alejadas; y también por tener allí siempre gente que sacrificar a sus dioses, tomada en guerra; y así, para hacer fiestas y sacrificio enviaban a Tlaxcallan el ejército a cautivar cuantos hombres necesitaban para aquel año; que averiguado está que si Moctezuma quisiera, en un día los sujetara y matara a todos, haciendo la guerra de veras; pero como no quería más que cazar hombres para sus dioses y bocas, no enviaba sobre ellos sino pocos; y así, algunas veces los vencían los de Tlaxcallan. Gran placer experimentaba Cortés viendo la discordia, las guerras y contradicción tan grande entre aquellos sus nuevos amigos y Moctezuma, que era muy a su propósito, creyendo por aquella vía sojuzgar más pronto a todos. Y así, trataba con los unos y con los otros en secreto, por llevar el negocio bien de raíz. A todas estas cosas estaban muchos de Huexocinco que habían estado en guerra contra los nuestros. Iban y venían a su ciudad, que también es república, al estilo de Tlaxcallan, y tan amiga y unida con ella, que son una misma cosa para contra Moctezuma, que los tenía oprimidos también, y para las carnicerías de sus templos de México; y se dieron a Cortés para el servicio y vasallaje del emperador.

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