Reformas de Tiberio Graco

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Parte de la oligarquía dominante, preocupada tanto por la crisis económico-social de los pequeños agricultores como por las consecuencias de esta situación en el aspecto militar, aceptó como única solución posible replantear la ocupación del ager publicus. Entre estos nobles se encontraban el jurista P. Mucio Escévola, cónsul en el 133 a.C., Apio Claudio Pulcher, que había sido cónsul en el 143, y P. Licinio Craso, entre otros. Todos ellos eran partidarios de limitar la ocupación del ager publicus y de la distribución de la tierra recuperada entre los campesinos pobres. La presentación de esta ley agraria se encomendó al tribuno del 133 a.C., Tiberio Sempronio Graco, yerno de Apio Claudio Pulcher, emparentado además con los Escipiones ya que su madre, Cornelia, era hija de Escipión el Africano y su hermana, Sempronia, se casó con Escipión Emiliano. Estos vínculos familiares han llevado a algunos historiadores a ver en la actuación de Tiberio y el grupo político que le apoyaba una relación clientelar-familiar más que un programa político-social común que se situaba por encima de los parentescos. Nosotros creemos que la propuesta de la ley agraria obedeció a la visión político-social de una serie de personajes políticos relevantes y que Tiberio Graco fue el instrumento operativo encargado de llevarla a efecto, aun cuando él, obviamente, participase de las mismas convicciones. Sin duda, el grupo de senadores que respaldaba a Tiberio Graco fue corresponsable de los acontecimientos acaecidos entre el 133 a.

C. y la muerte del tribuno. En consecuencia, la ley agraria presentada por Tiberio no tenía nada de revolucionaria. Ésta reclamaba el principio jurídico sobre el que se fundaba el ager publicus, denunciaba las usurpaciones, prescribía que todos los ocupantes sin títulos fueran expulsados de las tierras usurpadas pero, aún en este caso, si las habían ocupado de "buena fe", se les concedía, al igual que a los demás, el derecho a disfrutar de una extensión de 500 yugadas (125 Ha) a las que podían añadirse 250 yugadas suplementarias por cada hijo. Este derecho de ocupación se había transformado en derecho de propiedad pura y simple. Por otra parte, las tierras recuperadas se debían distribuir entre los ciudadanos pobres. Los encargados del reparto serían una comisión de tres comisarios elegidos por el pueblo, los triumviri agris iudicandis adsignandis. Los lotes serían de 30 yugadas (7,5 Ha) y serien inalienables. Tiberio expuso su propuesta, antes de la rogatio, en un brillante y excelente discurso en el que subrayaba además la injusticia del régimen, que privaba de sus medios tradicionales de subsistencia a los aliados itálicos. Desde luego, no se ve claro en qué habría de beneficiar esta ley a las poblaciones itálicas, puesto que el reparto del ager publicus contemplaba sólo a los ciudadanos romanos. En cualquier caso, era una llamada de atención sobre los problemas de la población rural y la necesidad de equilibrar el reparto de la tierra incluso creando nuevas colonias.

Los senadores desencadenaron contra la ley una violenta campaña repitiendo a quienes quisieran oírles la iniquidad que tal ley suponía, las pretensiones que implicaba robarles sus vidas, sus campos... La ciudad se dividió entre partidarios y detractores y con la ciudad, toda Italia. Multitud de campesinos cuyas tierras habían sido usurpadas por los nobles y todo el proletariado rural acudió a Roma para apoyar la ley, y el día en que los comicios por tribus se reunieron era manifiesto que la ley habría salido adelante. Los senadores contrarios a la ley se valieron de una maniobra desesperada: provocaron contra la ley el veto del tribuno colega de Tiberio, Marco Octavio, que se había vendido a ellos, pero que, haciendo uso de sus derechos de tribuno, prohibió que la ley fuera no sólo votada, sino ni siquiera discutida. El procedimiento jurídico era inatacable, aunque políticamente desacertado. Tiberio convocó de nuevo los Comicios por tribus y propuso la deposición de su colega M. Octavio sobre la base de que el pueblo que le había elegido tenía la capacidad de deponerlo si consideraba que su representante no defendía los intereses populares. Este concepto de soberanía popular estaba presente en las reflexiones políticas griegas y Tiberio había seguido las enseñanzas de intelectuales griegos como Diófanes de Mitilene y Blosio de Cumas, por lo que sin duda las influencias de ambos sobre el pensamiento político de Tiberio no eran ajenas. Pero en Roma no había precedentes y la actitud de Tiberio pareció desmesurada a la oposición senatorial.

No obstante, logró que los comicios votaran la deposición de Octavio y a continuación la ley agraria fue aprobada y se eligió la comisión de los triunviros encargados de aplicarla. No hay duda de que el apoyo popular debía de ser muy fuerte, ya que eligieron al propio Tiberio, a su hermano Cayo (que entonces estaba combatiendo en Numancia) y a Apio Claudio Pulcher, los tres de la misma familia. Las dificultades y controversias de tipo legal que surgieron al aplicar la ley fueron muy numerosas y exigieron la concesión de poderes jurídicos a los tres tribunos agrarios. La ausencia de un catastro actualizado dificultaba la tarea. Muchos terrenos del ager publicus romano -que habían sido confiscados en otro tiempo a los itálicos- permanecían en manos de personajes latinos e itálicos ricos, tal vez en función de tratados establecidos entre Roma y las comunidades itálicas. Así, los itálicos presentaron recursos y quejas al Senado que contaron con la comprensión de la oposición a Tiberio. Por otra parte, es fácilmente imaginable el gasto que debía suponer el enorme trabajo de recuperación y distribución de las parcelas: mejoras de infraestructura, dotación a los asignatarios de los útiles necesarios para enfrentar el cultivo de las tierras asignadas, reconversión en otros casos de los cultivos, etc. Para hacer frente a los gastos que el trabajo implicaba, Tiberio propuso una ley por la que solicitaba que los tesoros -además del propio reino- que Atalo III de Pérgamo había dejado como herencia al pueblo romano aquel mismo año, se emplearan en financiar la reforma agraria.

Puesto que el rey había decidido que el pueblo romano fuese su heredero, declaró Tiberio, era lógico que el pueblo romano y no el Senado decidiera el empleo de estos bienes. Este ataque a las prerrogativas senatoriales suscitó una durísima oposición. El Senado decidió, a partir de entonces, lanzar una campaña de desprestigio contra Tiberio, consciente de que su personalidad había alcanzado una dimensión política enorme. Las acusaciones se basaban en las pretendidas aspiraciones de Tiberio de lograr poder personal, convertirse en rey o tirano... Como en julio de aquel año Tiberio decidió presentarse de nuevo como candidato al tribunado de la plebe, a fin de continuar la acción reformadora, el Senado encontró una base en que apoyar sus proclamas antigraquianas. Por otra parte, la ley prohibía que ninguna magistratura -incluido el tribunado- se desempeñase por segunda vez sin que hubiera transcurrido un intervalo de diez años entre una designación y la siguiente. A veces se habían hecho excepciones, pero el Senado no tenían intención de hacerlas en este caso y la ley estaba de su parte. La violencia de la sesión queda patente por la conclusión de la misma. Los enfrentamientos físicos desencadenados, entre otros factores, por el odio de Escipión Nasica hacia Tiberio, llevaron a la muerte de Tiberio y de algunos de sus partidarios. El trágico fin de Tiberio no significó, no obstante, la paralización de las reformas. En la comisión de los triunviros agrarios, P.

Licinio Craso sustituyó a Tiberio Graco. Continuaron el trabajo agrimensor en amplias zonas de la Campania, el Piceno y el Samnio. Escipión Emiliano, llegado a Roma después de haber resuelto el problema de Numancia, se constituyó en defensor y ariete del sector más reaccionario del Senado y halló un modo de paralizar el avance de las reformas. Puesto que la mayor dificultad que encontraban los tribunos consistía siempre en el reconocimiento de la situación jurídica de los terrenos, Escipión propuso -y consiguió que se aprobara- que el poder jurídico de los tribunos agrarios fuera transferido a los cónsules, considerando, entre otras razones que él expuso, la mayor objetividad de éstos. Los cónsules, casi siempre ausentes de Roma por razones militares y probablemente poco dispuestos a colaborar en esta tarea, simplemente lograron que la reforma se paralizase. El odio popular contra Escipión se desató, consciente entonces la plebe rural de su táctica de impedir el desarrollo de la reforma. Escipión fue encontrado muerto poco después, probablemente asesinado, tal como se desprende del elogio fúnebre escrito por Cayo Lelio. Los políticos graquianos continuaron en la escena política, intentando que no se paralizaran definitivamente las propuestas de Tiberio Graco. Es destacable el caso del cónsul del 125 a.C., M. Fulvio Flaco, un graquiano que había sustituido a Apio Claudio Pulcher en el tribunado agrario. Considerando que los terratenientes itálicos constituían un obstáculo para el desarrollo de la ley agraria y una oposición que venía a sumarse a la del grupo senatorial, Flaco pensó que esta hostilidad podía ser neutralizada si, a cambio de su mayor flexibilidad en la cesión del ager público que ocupaban, se les concedía la ciudadanía romana.

Apiano trasmite los argumentos de Flaco durante las negociaciones con los ricos posesores itálicos: el pacto era justo, puesto que, a cambio de recuperar parte de estas tierras, la ciudadanía romana los convertía en súbditos copartícipes de todas las ventajas que el Imperio comportaba. Decididos o no a aceptarla, la propuesta de Flaco se vino abajo por la oposición del Senado. Es de suponer que de no ser por esta oposición, probablemente el plan de Flaco hubiera dado resultado: la aspiración a la ciudadanía romana se convirtió desde ahora en un claro objetivo de los itálicos. Tal vez esta aspiración estuviera presente en la base de las revueltas que este mismo año se produjeron en la colonia latina de Fregellae y que Roma resolvió arrasando totalmente la ciudad. Los elementos prorromanos que no habían participado en la revuelta fueron asentados en la nueva colonia de Frabateria Nova.

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