Las Dinastías III y IV

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Datos principales


Rango

Pirámides

Desarrollo


A la difusión de esta creencia -El Ra de ese sol naciente reemplaza al Ra del faraón- que ponía en entredicho su divinidad, respondieron los faraones con una portentosa exhibición de poder: las pirámides. Estas gigantescas moles de piedra los eternizan después de su muerte; de las pirámides y sólo de ellas, afirma el nuevo credo, emanan las fuerzas que garantizan la supervivencia de Egipto. Es necesario erigir enormes mausoleos; su construcción ha de tener para el pueblo el valor de un servicio religioso. En su competencia con el culto solar, las pirámides alcanzan dimensiones cada vez mayores, pero cuando el culto solar alcanza al fin la supremacía en esta disputa, vuelven a disminuir de tamaño y su construcción se verifica con mucho menos cuidado. Para hacer posible la participación de todo el pueblo en el servicio religioso que es la construcción de la pirámide, el país entero es sometido a una reorganización. Las posesiones del rey en cada cantón se convierten en centros político-administrativos del mismo. Las aldeas pierden aquella autonomía patriarcal que habían tenido en la época anterior, y sus habitantes pueden ser trasladados de una finca real a otra, según convenga. La propiedad privada es abolida. Todos los egipcios están al servicio del faraón, quien se cuida de ellos según la profesión y la actividad de cada uno. Esta nueva situación impuso una radical reforma administrativa, con una nutrida burocracia a su servicio.

Gracias a esta reorganización fue posible realizar el prodigio de que hombres cuyas manos nunca habían hecho nada más alto que una casa, o incluso una choza, levantasen esas moles que desde entonces han sido el pasmo de la humanidad. Es curioso que egipcios de épocas muy posteriores, y dueños de expresarse con plena libertad, no pronunciasen o escribiesen nunca una palabra de censura contra el sistema que había permitido aquellas realizaciones. Todos los grafitos que hombres de otras épocas escribieron en los muros, en los pasillos, en los templos de las pirámides, manifiestan únicamente el asombro que éstas les producían, y algunos de ellos declaran, incluso, no haber recibido en su vida impresión más profunda y duradera.

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