El valle del Ebro entre omeyas y carolingios

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Al-Andalus omeya

Desarrollo


También hubo disidencias en el valle del Ebro. Tras la muerte de Yusuf al-Fihri en el 759, Abd al-Rahman I había nombrado un gobernador para Narbona, cosa que no impidió la caída de la ciudad en manos francas. En los años que siguieron a la caída de Toledo en el 764, el control de la Marca Superior por el poder cordobés parece haberse hecho efectivo. En el 767, Badr hizo una campaña contra las regiones cristianas limítrofes de la Marca (Alava). A uno de los jefes yemeníes más influyentes, Sulayman b. Yakdhan al-Arabi al-Kalbi, le obligó a abandonar Zaragoza -donde vivía después de haber gobernado, según parece, Barcelona y Gerona- y residir bajo supervisión en Córdoba. En el 771-772 hubo una rebelión en Zaragoza, pero el emir, a pesar de los problemas que le causó la revuelta de Shayka al-Miknasi, no tardó en recuperar el mando de la ciudad. Este levantamiento parece haber sido de inspiración yemení y más o menos coordinado con la última gran revuelta de los yemeníes del Gharb, que se terminó con la derrota de Bembezar durante los mismos años. El jefe yemení Sulayman al-Arabi llegó entonces a escaparse de Córdoba e intentó coordinar la oposición al poder omeya de varios jefes árabes yemeníes de la Marca Superior. Esta agitación confusa y cuya cronología es poco conocida, se vincula con la gran expedición de Carlomagno a Zaragoza en el 778. Los rebeldes, para oponerse a los esfuerzos infructuosos de las fuerzas omeyas por recuperar el control de la región, abrieron negociaciones con el rey Carlomagno y le hicieron creer que reconocerían su autoridad.

El rey franco llegó hasta Zaragoza con un ejército, pero tuvo la decepción de ver que había tomado el mando un yemení influyente, al-Husayn al-Ansari, aliado hasta entonces de Sulayman, y las puertas de la ciudad estaban cerradas. Después de algunos esfuerzos vanos para obtener la rendición de la ciudad, Carlomagno, preocupado por los acontecimientos en Renania, se vio obligado a retirarse. Sabemos que su ejército fue seriamente atacado en el camino de vuelta por musulmanes dirigidos por los hijos de Sulayman, Aysun y Matruh -cuyo padre seguía en poder de Carlomagno- y por los vascos, que infligieron a los francos la derrota de Roncesvalles (15 de agosto de 778). Liberado de la preocupación que le causaba la revuelta de Shakya, el emir Abd al-Rahman I no tardaría en intentar restablecer de nuevo su autoridad sobre la Marca, donde Sulayman al-Arabi, comprado por sus hijos, había aparecido nuevamente al cabo de poco tiempo. Hubo, al parecer, entre este jefe y el fihrí Abd al-Rahman al-Siqlabi que había desembarcado el mismo año 778 en Valencia, contactos diplomáticos, pero también un conflicto armado. Finalmente, fue asesinado por su antiguo aliado de Zaragoza, al-Husayn al-Ansari, que había reanudado sus relaciones con el emir de Córdoba, probablemente en el 780. En el 781 una campaña omeya logró una sumisión bastante formal de Zaragoza después de un asedio, y siguió sus ataques contra los territorios cristianos situados al oeste del valle del Ebro. En el 782 y en el 783, las fuerzas omeyas volvieron a atacar la ciudad en la que seguía mandando al-Husayn al-Ansari. En este último año, el emir decidió organizar un asedio en toda regla, con gran número de máquinas. Tomó la ciudad e hizo ejecutar a al-Husayn al-Ansari, instalando esta vez a un gobernador fiel en la ciudad que no se movió hasta el final de su reinado. Esta recuperación del control de la Marca no impidió que Gerona cayese, a su vez, en manos de los francos en el 785.

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