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Desarrollo


Los dioses mexicanos Ya dije la forma y grandeza de los templos, cuando conté la magnificencia de México; aquí diré solamente que los tenían siempre muy limpios, blancos y bruñidos, y los altares muy adornados y ricos, Colgaban de las paredes cueros de hombres sacrificados, embutidos de algodón, en memoria de la ofrenda y cautiverio que de ellos había hecho el rey; cuanto más limpios estaban los templos, tanto más sucios estaban los ídolos, de la mucha sangre que continuamente les echaban y de la goma que les pegaban. No había número de los ídolos de México, por haber muchos templos, y muchas capillas en las casas de cada vecino, aunque los nombres de los dioses no eran tantos; mas, sin embargo, afirman pasar de dos mil dioses, y cada uno tenía su propio nombre, oficio y señal; como decir Ometochtli, dios del vino, que preside los convites, o causa en que haya vino; tiene sobre la cabeza una especie de mortero, donde le echan vino cuando celebran su fiesta devota, y la celebran muy a menudo y como el santo lo manda. A la diosa del agua, que llaman Matlalcuie, la visten camisa azul, que es el color del agua. A Tezcatlipuca le ponían anteojos, porque, siendo la providencia, debía de mirarlo todo. En Acapulco había ídolos con gorras como las nuestras; adoran el Sol, el fuego, el agua y la tierra, por el bien que les hacen; adoran los truenos, los relámpagos y rayos, por miedo; adoran a unos animales por mansos y a otros por bravos, aunque no sé para qué tenían ídolos de mariposas; adoraban la langosta para que no les comiese los panes; las pulgas y mosquitos para que no les picasen de noche, y las ranas para que les diesen peces. Y aconteció a unos españoles que iban a México, en un pueblo de la laguna, que pidiendo de comer otra cosa que pan, les dijeron que no tenían peces desde que su capitán Cortés les llevó su dios del pescado; y era porque entre los ídolos que les derribó, como hacía en cada lugar, estaba el de la rana, a la cual tenían por diosa del pescado, que cantando los convidaba a ello. Si la respuesta fue de creerlo, así, simples eran; más si fue maliciosa, gentilmente se excusaron de darles de comer. Quizás adoraban la rana porque, siendo todos los demás peces mudos, ella sola parece que habla.

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