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Desarrollo


Las cartas de relación de don Hernando (1520-1526) Aproximadamente año y medio después de haber desembarcado en Veracruz, y cuando ya habían ocurrido sucesos de enorme trascendencia, Cortés escribió el 30 de octubre de 1520 la segunda de sus cartas de relación al Emperador. Redactada en la que se llamó villa de Segura de la Frontera, abarca en una primera parte, desde la salida de Cortés de Veracruz con rumbo al altiplano, hasta la llegada a la gran ciudad de México, el recibimiento de Moctezuma, descripción de las maravillas que allí había, y estancia en ella de los españoles en calidad de huéspedes. En el resto de la carta trata Cortés de la venida de Pánfilo de Narváez, enviado por Diego Velázquez para quitarle el mando; la derrota de Narváez; el regreso del extremeño a México donde descubrió lo que había ocurrido allí con la consiguiente rebelión de los aztecas que, tras la muerte de Moctezuma, acometieron a los españoles que se vieron forzados a salir de la ciudad y buscar refugio entre sus aliados tlaxcaltecas. La recepción de esta carta en España, prescindiendo ahora de las consecuencias favorables que tuvo para Cortés, despertó aún más el interés, tanto del monarca como de otros muchos, ante noticias que sonaban casi a fantasías. El hecho es que esta comunicación comenzó a tener enorme circulación, impresa primeramente en su original castellano en Sevilla, 1522. A dicha edición siguieron otras muchas: segunda en español, Zaragoza, 1523; primera en francés, Amberes, 1522; primera en flamenco, 1523; primera en latín, Nüremberg, 1524; segunda en latín, Colonia, 1532; primera en italiano, Venecia, 1524; segunda en italiano, Venecia, 1524#20.

Importa señalar que, acompañando al texto de la primera edición de esa carta en castellano, apareció un mapa del golfo de México, a todas luces inspirado en el ya mencionado del capitán Alonso Álvarez de Pineda. Del viaje de éste, enviado por Francisco de Garay, había tenido noticia Cortés desde que, todavía en 1519, apresó en las cercanías del Pánuco a cuatro de los hombres que venían a las órdenes de Álvarez de Pineda21. Como quiera que haya sido, el hecho es que la semejanza del mapa que se publicó junto con la segunda relación de Cortés con respecto al anterior, debido a Álvarez de Pineda que era el único que había costeado el interior de todo el golfo de México, prueba que la fuente última estuvo en la delineación geográfica obra del enviado de Garay. De esta suerte ese mapa comenzó a difundir en varias de las ulteriores ediciones de la segunda relación, una primera imagen del país sobre el que tantas noticias se daban. Las cartas tercera (15 de mayo de 1522) y cuarta (15 de octubre de 1524), que don Hernando envió al Emperador con otros procuradores suyos y más obsequios, alcanzaron por igual rápida y extensa difusión. En la tercera el tema central fue la conquista del gran imperio azteca, en tanto que en la cuarta se refirió Cortés a sus primeras acciones y reducciones de otras provincias, una vez tomada la ciudad de México. No siendo mi propósito ofrecer aquí un elenco bibliográfico de las ediciones que tuvieron esas cartas, expresaré tan sólo que de ellas se conocen más de una docena, anteriores a 1550, en castellano, latín, italiano, francés y alemán22.

En lo que toca a la quinta carta de relación (3 de septiembre de 1526) en la que se refiere Cortés sobre todo a su expedición a las Hibueras, debe notarse que permaneció por mucho tiempo inédita, hasta que en 1844 la sacó a luz Martín Fernández de Navarrete en el volumen V de la Colección de documentos inéditos para la Historia de España (Madrid, 1844). También en fechas bastante tardías fueron saliendo a la luz pública otras muchas cartas y memoriales, en general de corta extensión, escritos en diversos momentos por el mismo conquistador. A modo de explicación de esto puede decirse que en la mayoría de tales comunicaciones el asunto principal no era ya describir ni la grandeza de los reinos indígenas ni los hechos de la Conquista, temas que en realidad eran los que tanto habían atraído el interés de numerosos lectores en muchos lugares de Europa. Más publicaciones hasta 1536 sobre las nuevas tierras y la conquista de las mismas Sería difícil querer dar aquí un registro completo del gran conjunto de obras en las que, con apoyo sobre todo en las relaciones de Cortés y también en otros testimonios recibidos de viva voz, se buscó satisfacer el creciente interés y curiosidad sobre lo que se decía acerca de esos reinos recién conquistados. Como muestra mencionaré sólo algunas publicaciones principales. De temprana fecha es la que apareció en Ausburgo, 1522, con el título en alemán de Ein schöne newe Zeytung so Kayserlich Mayestet aus India yetz, nemlich Zukommen seind (Un hermoso noticiero de como los de su majestad imperial ahora desde la India han regresado).

En dicho impreso, tras recordarse los viajes de Colón, se describe la conquista de México y se habla luego del retorno a España de una de las embarcaciones de la armada de Magallanes, aquélla en la que dio la vuelta al mundo Juan Sebastián Elcano. A la par que aparecían libros y folletos que, en diversas lenguas, hablaban de los ricos países recién conquistados por Cortés, también en la cartografía acerca del Nuevo Mundo se fue delineando, cada vez con mayor precisión, el perfil de esas tierras que comenzaban ya a conocerse como Nueva España, el nombre que les dio don Hernando en la segunda de sus cartas de relación (1520). Mapas de particular interés en este contexto son el todavía muy fantasioso atribuido a Johannes Schönner, de 1523, en el que se traza el recorrido de la expedición de Magallanes. En él la masa continental de América muestra ya con bastante precisión el perfil del sur del continente. Respecto del hemisferio norte incluye anotaciones como La Florida, Dariensis y Bacalaos. La parte en que se representa a México muestra el correspondiente golfo y la península yucateca. En el interior del país se traza un lago con la inscripción Senotormus. En un panfleto que escribió el mismo Schönner, al referirse a la ciudad de México, nota una extravagancia digna de ser recordada: Por un muy largo circuito hacia el poniente, partiendo de España, hay una tierra llamada México y Temistitán, en la Alta India, que en tiempos antiguos se llamó Quinsay, es decir Ciudad del Cielo, en la lengua del país#23.

Mejor informado estuvo, en cambio, Vesconte de Maiollo, cartógrafo genovés que publicó un mapamundi en Génova, 1527. En el lugar en que se registra la ciudad de México, se reproduce en pequeño el plano de la ciudad atribuido a Cortés y publicado, junto con su segunda relación desde 152424. Al inglés Robert Thorne se debe una Orbis Universalis Descriptio, en la que sobre tierras mexicanas aparece ya la leyenda Hispania Nova25. Mucho más rico en información precisa es el mapamundi del portugués Diego Ribero, al servicio de Carlos V, producido en 1529 con base en la información reunida en el Padrón General existente en Sevilla. En dicho mapa aparecen las leyendas Nueva España y Guatimala, así como una copiosa toponimia a lo largo de las costas del golfo de México. En el interior de México una leyenda expresa que se llama Nueva España porque hay en ella muchas de las cosas que se encuentran en España# Encierra mucho oro#26. La existencia de estas y otras alusiones a México en la cartografía universal anterior a 1530 es indicio del enorme interés que despertaban las maravillas y riquezas que se decía allí abundaban. A propósito de otros testimonios que se imprimieron luego, me limito a mencionar tan sólo tres aparecidos antes de 1540. Comenzaré con los del humanista siciliano afincado en Salamanca, Lucio Marineo Siculo. Publicó éste en 1530 en Alcalá de Henares su Opus de Rebus Hispaniae Memorabilibus, que apareció también en castellano en el mismo lugar y año.

En dicha obra, al hablar de los varones ilustres de España, dedica varias páginas a la vida del que llama Don Fernando Cortés, marqués del Valle. Las noticias que allí proporciona sobre el conquistador dejan entrever que había tenido contacto personal con el mismo durante su reciente estancia en España (de 1528-1530), cuando precisamente recibió el título de marqués. Esta biografía, fruto de una probable entrevista, poco tomada ahora en cuenta por los estudiosos de la vida y hechos de Cortés, pone de manifiesto la celebridad que había alcanzado el conquistador. Signo de los tiempos fue que, cuando esta obra de Lucio Marineo Siculo se reimprimió en 1533 en la misma Alcalá de Henares, se suprimieron en ella, por disposición de la Corona, los folios que contenían las vidas de los hombres ilustres, entre ellas la de Hernán Cortés. Publicaciones asimismo de particular significación fueron las recopilaciones póstumas de lo escrito por Pedro Mártir de Anglería, así como la primera edición de la gran crónica de Gonzalo Fernández de Oviedo. De Pedro Mártir se reprodujeron sus Décadas, De Orbe Novo (Alcalá de Henares, 1530), en las que se reunió, entre otras cosas, el conjunto de sus noticias sobre México, desde el viaje de Grijalva hasta la consumación de la Conquista. En el caso de Fernández de Oviedo, que había publicado desde 1526 en Toledo su Natural Hystoria de las Indias, cabe decir que incorporó en su nueva obra, dividida en diecinueve libros, intitulada Historia general y natural de las Indias, impresa en Sevilla en 1535, muchos testimonios tocantes a Cortés y las cosas de Nueva España.

Con su aportación, más allá de los documentos primarios como el Itinerario de la Armada y las cartas de Cortés, se iniciaba formalmente en la crónica oficial sobre las Indias Occidentales, una interpretación de los hechos ocurridos y de su relevancia para el imperio de Carlos V. A la primera edición de 1535 siguieron otras, basadas en la enriquecida con una segunda parte publicada en Valladolid, 1556. México en otras grandes obras de cronistas y compiladores de documentos a lo largo del XVI Para acabar de valorar cuáles han sido los textos y publicaciones a los que, por mucho tiempo, se ha acudido --como fuentes para estudiar el tema de la conquista de México-- mencionaré a modo de elenco, otros trabajos que vieron la luz en el siglo XVI y que, por tanto, fueron accesibles a los interesados. Por una parte destacan las dos obras del capellán de Cortés, Francisco López de Gómara, Historia de las Indias e Historia de la Conquista de México, aparecidas en Zaragoza, 1552. Tildadas de tendenciosas, se llegó incluso a prohibir su circulación. La Historia de la Conquista de México refleja fundamentalmente el punto de vista de Cortés. Las reacciones antagónicas a que dio lugar vuelven a ser testimonio del nunca extinguido apasionamiento en torno a la figura del conquistador y sus hechos. Y a pesar de todo, entre los años de 1552 y 1554, se reimprimió en Zaragoza y en Medina del Campo y otras cinco veces más en Amberes, lo que no deja la menor duda acerca de la popularidad que llegó a alcanzar, incrementada tal vez por el mismo hecho de tratarse de un libro prohibido27.

Durante el resto del siglo XVI y primeros años del XVII hubo al menos otras cuatro grandes obras en las que ocupan lugar prominente las exploraciones y conquista de México. Una, de carácter documental, en la que se incluyen varios testimonios como el del llamado conquistador anónimo y otros referentes a las expediciones dispuestas por Cortés a California, es la conocida compilación de Gianbattista Ramussio, Delle Navigationi et Viaggi, en tres volúmenes, el tercero de los cuales se destinó a temas americanos, publicado en Venecia, 1565. Notable difusión tuvo asimismo el trabajo del jesuita José de Acosta (1540-1600), Historia natural y moral de las Indias, Sevilla, 1590, y reimpreso en Barcelona, 1571; Sevilla, 1591; Madrid, 1608; 1610# Aunque es mucho lo que podría decirse para valorar esta obra escrita con un sentido de modernidad, me limito a señalar que en ella, tras describir las peculiaridades del Nuevo Mundo y las costumbres y creencias sobre todo de los antiguos mexicanos y peruanos, se dedica la mayor parte del libro séptimo y último a la historia del México prehispánico y de su conquista por Cortés. De modo especial importa subrayar que, por caminos indirectos, correspondió a Acosta ser el primero que, al escribir sobre la conquista de México, tomó en cuenta hasta cierto punto algo que, con raras excepciones, los estudiosos de tiempos posteriores habrían de olvidar por completo. Me refiero a la existencia de testimonios indígenas sobre el encuentro con los españoles.

Citaré tan sólo dos lugares en los que el jesuita alude expresamente a las fuentes nativas. En un caso lo hace a propósito de los presagios y prodigios extraños que acaecieron en México antes de que feneciese su imperio. Después de expresar muchas salvedades, insistiendo en que la divina escritura nos veda el dar crédito a agüeros y pronósticos vanos#, señala que lo que va a referir debe, sin embargo, tomarse en cuenta: He dicho todo esto tan de propósito, para que nadie desprecie lo que refieren las historias y anales de los indios, cerca de los prodigios extraños, y pronósticos que tuvieron de acabarse su reino, y el reino del demonio, a quien ellos adoraban juntamente; los cuales, así por haber pasado en tiempos muy cercanos, cuya memoria está fresca, como por ser muy conforme a buena razón, que de una tan gran mudanza el demonio sagaz se recelase y lamentase, y Dios, junto con esto, comenzase a castigar a idólatras tan crueles y abominables, digo que me parecen dignos de crédito, y por tales los tengo y refiero aquí28. En otro contexto, hablando de cómo entraron los españoles en México y de los hechos de Hernán Cortés, nota que: De esto mismo hay ya muchas historias y relaciones y las que el mismo Fernando Cortés escribió al Emperador Carlos Quinto# Sólo para cumplir con mi intento, resta decir lo que los indios refieren de este caso, que no anda en letras españolas hasta el presente#29. Si fue Acosta el primero que consideró pertinente tomar en consideración testimonios indígenas al escribir acerca de la conquista de México, cabe al menos preguntarse cuál fue la documentación que tuvo al alcance y si realmente perteneció ella al conjunto de textos que pueden describirse como integrantes de la visión de los vencidos.

Es cierto desde luego que Acosta ni supo la lengua indígena ni tampoco realizó una investigación directa en busca de tales fuentes nativas. Lo que ocurrió es que, durante su estancia en México entre los años de 1586 y 1587, poniéndose en contacto con el también jesuita Juan de Tovar, recibió de él copia de una obra que tenía redactada sobre antigüedades indígenas y la conquista de México. Para preparar su manuscrito se había servido Tovar del trabajo inédito del dominico Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme30. Ahora bien, el dominico Durán que sí hablaba el náhuatl y había pasado numerosos años de su existencia en México, probablemente desde 1540, para disponer su obra había tomado muy en cuenta diversos testimonios indígenas, en especial una crónica en náhuatl a la que alude con frecuencia. Puesto que el manuscrito de Tovar constituía en realidad un extracto de la obra de Durán, fue así cómo, a través del primero, tuvo Acosta acceso indirecto a lo expresado por indígenas en relación con la Conquista31. En tanto que, hasta mediados del siglo XIX, nadie volvió a acordarse de los manuscritos de Durán y Tovar, puede afirmarse que correspondió al padre Acosta el honor de ser el primero en publicar una obra en la que, si se quiere indirectamente, la documentación indígena mereció ya cierta atención. Lo extraño del caso es que, a pesar de las referencias expresas de Acosta a la existencia de testimonios indígenas, hubo sólo otro único autor que, algunos años más tarde, volvió a atender a ellos en los volúmenes que publicó.

Ese autor fue fray Juan de Torquemada que habría de publicar la primera edición de su Monarquía Indiana en 1615. En dicha obra se da entrada a más copiosas referencias a testimonios indígenas, de modo especial a los que transcribió pocos años antes fray Bernardino de Sahagún con sus colaboradores nativos. Esos testimonios, citados también indirectamente por Torquemada, eran en realidad parte importantísima del conjunto de textos de la Visión de los vencidos. Antes de ver lo que manifestó Torquemada sobre tales testimonios, importa hacer referencia a otro clásico de la historiografía, cronista real de Indias, que escribió en España y desconoció por completo la existencia de fuentes indígenas mesoamericanas.

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