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Desarrollo


La expedición de Grijalva y las primeras acciones de Cortés en el Enchiridion de Pedro Mártir de Anglería (Basilea, 1521) Pedro Mártir que, desde varios años antes se mantenía informado acerca de las cosas del Nuevo Mundo, refiere expresamente que tuvo ocasión de conversar con Hernández Portocarrero y con Montejo. Los informes que de ellos recibió y la contemplación y examen de los presentes que habían traído para el Emperador, lo movieron a escribir para dar a conocer a otros cuanto pareció a él de interés excepcional. Siguió en ello su costumbre de incluir sus noticias en cartas que en principio destinaba a personajes prominentes, de modo particular al Romano Pontífice. Así había difundido ya copiosa información que abarcaba otros hechos a partir del desembarco de Colón en las Antillas13. La primera publicación de Pedro Mártir en la que habla de las tierras y gentes que se conocería más tarde como la Nueva España ostentó el siguiente título en latín: De Nuper sub D. Carolo Repertis Insulis, simulatque Incolarum Moribus Enchiridion, dominae Margaritae divi Max imiliani Caes aris Dicatuni, Basileae, Anno MDXXI (Enchiridio o Epítome acerca de las islas recientemente descubiertas bajo el imperio de don Carlos y de las costumbres de sus habitantes. Dedicado a doña Margarita, hija del ínclito emperador Maximiliano, Basilea, año de 1521). En este libro que, escrito en latín, tuvo gran difusión, incluyó también Pedro Mártir, la versión que había recibido del capellán de Diego Velázquez, el clérigo Martín, del "Itinerario de la Armada#", o sea la obra de Juan Díaz sobre la expedición en la que participó al mando de Juan de Grijalva.

Su testimonio de la impresión que le causó contemplar los presentes indígenas remitidos por Cortés al Emperador, quedó más tarde incorporado en su IV Década del Nuevo Mundo14. Allí se difundió por vez primera la opinión de un humanista del Renacimiento sobre las creaciones de gentes para él desconocidas, los mexicanos prehispánicos, de cuyo ingenio, industria y arte quedó él maravillado. Veamos al menos algo de lo que escribió al respecto: Trajeron --nos dice en su IV década del Nuevo Mundo-- dos muelas como de mano, una de oro y otra de plata, macizas, de casi igual circunferencia, veintiocho palmos# El centro lo ocupa, cual rey sentado en su trono, una imagen de un codo, vestida hasta la rodilla, semejante a un zeme, con la cara con que entre nosotros se pintan los espectros nocturnos, en campo de ramas, flores y follaje. La misma cara tiene la de plata, y casi el mismo peso, y el metal de las dos es puro# De sus casquetes, ceñidores y abanicos de plumas, no sé qué decir. Entre todas las alabanzas que en estas artes ha merecido el ingenio humano, merecerán éstos llevarse la palma. No admiro ciertamente el oro y las piedras preciosas; lo que me pasma es la industria y el arte con que la otra aventaja a la materia; he visto mil figuras y mil caras que no puedo describir; me parece que no he visto jamás cosa alguna, que por su hermosura, pueda atraer tanto las miradas de los hombres15. Dado que se conserva el registro de los objetos que envió Cortés, cabe afirmar que de ellos enumeró Pedro Mártir tan sólo los que más atrajeron su atención16.

Lo mismo ocurrió en el caso de uno de los más grandes artistas de esa época, el pintor Alberto Durero. Refiere éste en su Diario de Viaje que, hallándose en Bruselas en 1520, pudo ver aquellos objetos extraños y maravillosos enviados al Emperador desde la nueva tierra del oro. El hecho de que Durero haya podido ver tales objetos en Bruselas, pone de manifiesto que Carlos V, que los había recibido en Valladolid, decidió llevarlos consigo en su viaje a Flandes. La reacción de Durero ante esas creaciones del México antiguo, casi un año antes de que Cortés se adueñara de la metrópoli azteca, es en verdad reveladora. No es inverosímil pensar que quien con tanta elocuencia se expreso así respecto de esas creaciones, hable de ellas otras muchas veces, contribuyendo en consecuencia a difundir las noticias que a muchos debían interesar sobre las nuevas tierras en las que se hallaba Hernán Cortés. He aquí las palabras de Durero: Y también vi allí en Bruselas las cosas que trajeron al rey desde la nueva tierra del oro desde México: un Sol todo de oro de una braza de ancho, igualmente una Luna toda de plata, también así de grande, asimismo dos como gabinetes con adornos semejantes, al igual que toda clase de armas que allá se usan, arneses, cerbatanas, armas Maravillosas, vestidos extraños, cubiertas de cama y toda clase de cosas maravillosas hechas para el uso de la gente. Y eran tan hermosas que sería maravilla ver algo mejor. Estas cosas han sido estimadas en mucho, ya que se calcula su valor en 100.

000 florines. Y nada he visto a todo lo largo de mi vida que haya alegrado tanto mi corazón como estas cosas, En ellas he encontrado objetos maravillosamente artísticos y me he admirado de los sutiles ingenios de los hombres de esas tierras extrañas17. De esta suerte el testimonio que expresó Durero en 1520 vino a sumarse a los que se difundían en publicaciones en latín, italiano y alemán. Información mucho más amplia iba a recibirse en breve que alcanzaría aún mayor difusión, capaz de despertar en no pocos el afán de embarcarse con rumbo a esas tierras de las que tan grandes cosas se referían. El Primer mapa del golfo de México y tierras circundantes En el mismo año de 1519, poco tiempo después del desembarco de don Hernando en playas veracruzanas, cuando se aprestaba a marchar con rumbo a Tlaxcala, recibió nuevas de ciertos navíos que habían sido avistados muy cerca de las costas. Pronto supo Cortés que dichos barcos habían sido enviados desde Jamaica por Francisco de Garay. Aunque en esa ocasión los hombres de Garay no intentaron hacer penetración o poblamiento alguno, consta que, siguiendo su derrotero hacia el norte, costearon el litoral del golfo, desde Yucatán hasta la Florida18. Tanto acerca de la Florida como de Yucatán se tenían ya desde antes algunas noticias. En lo que respecta a la Florida había sido visitada ésta desde 1512 por Juan Ponce de León. Respecto de Yucatán las expediciones de Hernández de Córdoba y Grijalva, así como luego la del mismo Cortés, habían allegado información relativamente abundante.

Sin embargo, hasta 1519 la configuración del golfo de México con esas dos penínsulas, era por completo desconocida en el contexto de la cartografía del Nuevo Mundo. Correspondió precisamente al piloto de la expedición enviada por Garay, Alonso Álvarez de Pineda, disponer un primerísimo mapa, bastante preciso, del perfil del golfo de México y tierras adyacentes. Ese mapa enviado por Garay a España como prueba fehaciente de sus esfuerzos y gastos destinados a ampliar la expansión española más allá de las Antillas, tendría en poco tiempo muy amplia difusión19. Lo curioso del caso es que ésta no redundaría en beneficio de Garay sino de quien fue su permanente adversario, el propio Cortés. Bien sabido es que Garay participó en una segunda expedición, en 1522, en la que desembarcó por el rumbo del río Pánuco con propósito de hacer poblamiento. No obstante haberse asociado con el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, su empresa tuvo resultados en extremo precarios. Con el nombre un tanto pomposo de Victoria Garayana, se designó a la nueva penetración y asentamiento. Al intento siguió luego el encuentro con Hernán Cortés y a la postre la llamada Victoria Garayana se convirtió en derrota. Trasladándose Garay a México, donde Cortés le dio hospedaje, murió allí muy poco después de mal de costado, al decir de algunos, en tanto que otros, cuando el juicio de resistencia de Cortés, quisieron culpar a éste del fallecimiento de quien fue su rival. Pudiera pensarse que la desaparición de Garay iba a dejar en el olvido más completo a sus expediciones. Si éstas fracasaron desde el punto de vista de hacer conquistas, tuvieron al menos la importante consecuencia de haberse logrado, gracias a la primera de ellas, un bastante preciso conocimiento del perfil geográfico de las extensas tierras con riberas en el golfo de México. Al ocuparnos en seguida de los ulteriores testimonios que envió Cortés a España para dar cuenta de sus logros al Emperador, veremos cuál fue en última instancia el destino y la difusión que tuvo ese primerísimo mapa debido a Alonso Álvarez de Pineda.

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