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Datos principales


Desarrollo


Epidemias En este contexto, Motolinia hace patente la formidable estructura de los conflictos que estorbaban, primero, la supervivencia de los indios, y segundo, la viabilidad ética de su conversión al Cristianismo. Partiendo de estas diferencias, es obvio que los españoles se constituyeron muy pronto, y en tanto vencedores, en el grupo étnico dominante, y es también cierto que no sólo ejercieron una política de poder sobre los indígenas y sus diferentes clases sociales, sino que también convirtieron en problema mortal del indio sus enfermedades más sencillas, tanto como podían serio sus conquistas militares y sus motivaciones económicas. Los avatares que sufrieron los indígenas en este período que va de la Conquista a la conversión fueron tenidos como plagas letales por Motolinia. Al enumerarlas, éste cita un total de diez, y éstas serían la causa fundamental de las disminuciones demográficas sufridas por los indígenas. Aquí las pérdidas demográficas indígenas no se atribuirían, como dijera Las Casas, a un exterminio intencional o dirigido, sino que resultaron de la combinación de factores adaptativos inadecuados entre ambos grupos, españoles e indios, entre los cuales serían decisivos los que hacen referencia al uso indiscriminado del indio como fuerza de trabajo ocupada en tareas ##transporte y minería, por ejemplo## para las que no reunía capacidades de esfuerzo como las que le eran exigidas por los españoles. Y asimismo, y en estas relaciones, tendrían también un carácter destructivo en masa la transmisión, en forma de epidemias de viruela, sarampión y gripe.

Estas experiencias se convirtieron rápidamente en factores causales de mortalidad masiva, y su contagio desarrolló morbilidades contra las que los indígenas apenas disponían de defensas orgánicas eficientes. De este modo, la forzada y rápida movilidad que llevaba a los indios de una región a otra, el trabajo agotador con alimentación inadecuada, la fragilidad física relativa del indígena y las guerras de desgaste, constituyeron el núcleo de las plagas a que refiere Motolinia. Estas diez plagas serían, en el orden puesto por Motolinia, las siguientes: 1) Epidemia de viruela (1520), la hueyzahuatl, traída por un negro que procedía de la expedición de Pánfilo de Narváez. 2) Epidemia de sarampión (1531-1532), la tepitonzahuatl, causada por un español. 3) Muertes por guerra y las hambres como resultado del abandono de los cultivos. 4) La institucionalización de los calpixque o mayordomos al servicio de los españoles y dedicados a la movilización de indios y al cobro de tributos. Con ellos, Motolinia agrega los negros cuyo comportamiento con los indígenas era también condenado por nuestro fraile. En todo caso, al referirse a los calpixque, Motolinia señala que siendo los encargados de hacer trabajar a los indios fuera de sus lugares de residencia, los agotaban hasta causarles la muerte en muchos casos. 5) Considera Motolinia como plaga mortal el hecho de que la carga de los primeros tributos que fuera impuesta a los indígenas repercutió sobre éstos en forma de sufrimientos hasta el punto de que, por falta de pago, se veían obligados incluso a vender sus hijos y, en casos, hasta llenar las cárceles como castigo.

6) Motolinia entiende como otra de las plagas la que tuvo como protagonistas la minería y los continuos servicios a que estaban sometidos los nativos, y como resultado implicaba excesos físicos irresistibles para la frágil constitución de esta fuerza de trabajo indígena insuficientemente alimentada para estas funciones. 7) La reconstrucción de la ciudad de México movilizó grandes masas de individuos y produjo un trasiego de poblaciones, con efectos fisiológicamente desconcertantes, lo cual contribuyó a un desarrollo de las enfermedades e hizo vulnerables a estos individuos. 8) La esclavitud fue considerada como un mal que tanto amenazaba la integridad física del indio por malos tratos como influía negativamente en su organización psíquica. 9) Enfermedades causadas por la debilidad acumulada; y 10) divisiones y luchas entre españoles, con incidencia entre los mismos indígenas. Motolinia incluye también como contribuyente de estas contrariedades a la misma antropofagia ritual o sacrificio humano, el cual seguía practicándose y, que en algunos casos, como ya se dijo, constituía una tendencia alimentaria privilegiada. Esto último, sin ser directamente una plaga, pues no representaba una anormalidad entre los indígenas, causaba entre los frailes la máxima condenación y su erradicación fue una preocupación permanente para ellos. Fue precisamente esta última lo que modificó grandemente mucha de la hostilidad que manifestaban los españoles hacia los indígenas y que, en cierto modo, provocaban en aquéllos una repulsa de las costumbres de los segundos.

Todo ello afectaba a las relaciones interpersonales distanciándoles en la amistad. Sólo aquellos que hacían acto de fe cristiana y que abandonaban este canibalismo podían entrar en el entramado social de la nueva sociedad. Esto significó para los frailes un esfuerzo de convencimiento cuyo logro implicaba una predicación especial y el enfrentamiento con los grupos sacerdotales nativos que se resistían a su desaparición funcional en el contexto de las nuevas necesidades espirituales y de los nuevos recursos morales aportados por los españoles, y en este caso por los frailes. De alguna manera, el sacramento de la comunión católica sustituyó simbólicamente a la antropofagia ritual, y a media que los frailes conseguían explicar su significado, penetraba en la conciencia indígena el sentimiento del pecado, y con éste y la idea de culpabilidad nacía la convergencia entre españoles e indios. Es indudable que los sucesos incluidos en las llamadas plagas por Motolinia desencadenaron un proceso de entropías y desorganizaciones que sólo un profundo sentido de reorganización y una política de continuidad y desarrollo de la empresa colonizadora española, y la implantación de instituciones capaces de integrar en una misma sociedad a las diversidades étnicas indígenas y al individualismo español, propenso a la dispersión, permitió salvar de esta confusión y entropía al conjunto de este México turbulento y traumatizado. Fundamentalmente, cuando Motolinia actuaba en la Nueva España ya se habían producido los primeros síntomas de esta reorganización social, pues tanto las misiones y la iglesia, como el mismo Hernán Cortés con sus estrategias de cohesión del sistema, y las presencias funcionariales encargadas de fundar y desarrollar las instituciones que definiría la formación del virreinato, permitían actuar en la dirección de restablecer un orden social pacificado.

En este punto es cuando la aculturación iniciaba un recorrido firme y sistemático, y junto con el mestizaje19 constituyó el punto de partida de una sociedad hispano-india que, poco a poco, iría fundiéndose en una sociedad virreinal estructuralmente única, y monárquicamente vicaria por ser institucionalmente delegada, tanto como colonial en lo que tenía de conjunto político dependiente o cuya estrategia estaba trazada por la metrópoli peninsular española. A partir de este momento, el proceso de aculturación adquiere una cierta velocidad, pues resulta del interjuego entre individuos, entre organizaciones y entre instituciones cada vez más encajadas entre sí, mientras, al mismo tiempo, implantaban sus sistemas de acción, esto es, sus formas de vida, técnicas de explotación y concepción del mundo, todo ello en relación con las respectivas capacidades de transformación permitidas por sus estadios adaptativos. Así, por ejemplo, los grupos recolectores se aculturaron de modo diferente al de los grupos urbanos y los cultivadores, y los grupos del altiplano se acomodaron de manera específicamente distinta de como lo hicieron los de las regiones tropicales. El contexto étnico y cultural inicialmente múltiple conservó, al comienzo y durante siglos, gran parte de su identidad. Sin embargo, los españoles introdujeron un patrón único que históricamente acabó produciendo una sola sociedad: la novohispana. Algunos aspectos de este proceso muestra Motolinia en el transcurso de sus relatos de misión y de lo que él mismo observaba que ocurría. Veamos, pues, el carácter dialéctico de este proceso.

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