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Datos principales


Desarrollo


Cómo tuvo Cortés doscientos mil hombres sobre México Eran los de Chalco tan leales amigos de los españoles, o tan enemigos de los mexicanos, que convocaron a muchos pueblos e hicieron guerra a los de Iztacpalapan, Mexicalcinco, Cluitlauac, Vitcilopuchtli, Culuacan y otros lugares de la laguna Dulce, que no estaban declarados como amigos de Cortés, aunque nunca después que sitió a México le habían enojado. Por esta causa, y por ver que los españoles llevaban las de vencer a los mexicanos, vinieron embajadores de todos aquellos pueblos a encomendarse a Cortés y a rogarle les perdonase de lo pasado, y que mandase a los de Chalco no les hiciesen más daño. Él los recibió bajo su amparo, y les dijo que no les sería hecho más mal; y que nunca de ellos tuvo enojo, sino de los de México, y que por ver si era cierta o fingida su embajada, les hacía saber que no levantaría el cerco hasta tomar aquella ciudad de paz o de guerra. Por eso, que les rogaba le ayudasen con acalles, pues tenían muchos, y con la mayor cantidad de gente que pudiesen armar en ellos, y le diesen algunos hombres que hiciesen casas a los españoles que no las tenían, y era tiempo de las grandes aguas. Ellos prometieron cumplirlo; y así, vinieron muchos hombres de aquellos lugares, e hicieron tantas casillas en la calzada, de torre a torre, donde estaba el real, que muy a placer cabían en ellas los españoles y otros dos mil indios que les servían; que los demás, en Culuacan dormían siempre, que no estaban a más de legua y media.

También proveyeron éstos el real de algún pan y pescado y de infinidad de cerezas, de las cuales hay tantas por allí, que pueden abastecer al doble de la gente que entonces había en toda aquella tierra. Duran seis meses del año, y son algo diferentes a las nuestras. No quedaba ya pueblo que algo montase en toda aquella comarca por darse a Cortés, y entraban y salían libremente entre los españoles. Todos se venían a sus reales, unos por ayudar, otros por comer, otros por robar y muchos por mirar, y así, pienso que había en México doscientos mil hombres; y aunque es mucho ser capitán de tan grande ejército, fue mucho más la destreza y gracia de Cortés en tratar y regirlo tanto tiempo sin motín ni riña. Deseaba Cortés ganar y allanar la calle y calzada que va de Tlacopan, que es muy principal y tiene siete puentes, para que libremente se comunicase con Pedro de Albarado, y con eso pensaba tener hecho lo más importante; y para hacerlo llamó a la gente y barcos de Iztacpalapan y de los otros pueblos de la laguna Dulce, y luego vinieron tres mil; mil quinientos echó con cuatro bergantines en una de las lagunas, y los otros mil quinientos en la otra con otros tres bergantines, para que recorriesen la ciudad, quemasen las casas e hiciesen todo el más daño que pudiesen. Mandó a cada guarnición que entrase por su cuartel y calle matando, prendiendo y destruyendo lo posible, y él se metió por la calle de Tlacopan con ochenta mil hombres. Ganó tres puentes de ella y los cegó; los otros los dejó para otro día, y se volvió a su puesto. Volvió luego al día siguiente por la misma calle con la gente y orden que la vez pasada. Tomó una gran parte de la ciudad, y Cuahutimoccín seguía sin dar señal de paz, de lo que mucho se maravillaba Cortés, así por el mal que recibía, como por el que hacía.

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