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Desarrollo


CAPITULO VII De la carta nautica que comprehende las costas del Perú y parte de las de Nueva España en el mar del sur con los fundamentos sobre que se ha construido 766 Como la casualidad nos ofreció tantas ocasiones de frequentar la navegacion en el mar del sur que no quedó travesía en lo que se estienden aquellas costas desde la ensenada de Panamá hasta Valdivia donde no se practicasse algun viage, se nos facilitó por este medio la oportunidad de registrar muchos parages de la costa y de comunicar con los pilotos de aquel mar mas hábiles en su ministerio ó con los prácticos de ella, que, haciendo viages en embarcaciones menores, no dexan ensenada que no cursen, cabo que les sea ignorado ó arrecifes desconocidos. La experiencia propia y los informes de estos, no menos que las relaciones de los antiguos nauticos, que á fuerza de muchos viages tenian comprehendida y casi de memoria la postiura y disposicion de las costas, nos hizo conocer que tanto las cartas españolas como las estrangeras de aquellos mares estaban llenas de errores, y ser estos tan sensibles que, sin entrar en una grande especulacion, se hacian patentes. El assunto de reformar los defectos de aquellas necessita de un trabajo grande y mucha especulacion y tiempo si todo se huviera de concluir con observaciones propias; pero como esta circunstancia se puede comodamente suplir quando hay entera confianza en las agenas, no es obstáculo para lograr el fin el haver de servirse de ellas con tal que, para la fé y seguridad del público no menos que para honor de los autores, se le dé á cada uno la parte que le corresponde, especificando lo que ha contribuido su merito al adorno y perfeccion total de la obra.

Baxo de esta precisa consideracion, se determinó Don Jorge Juan á fabricar una carta de aquellas costas y mares, cuyo trabajo emprendió, teniendo yá recogidos todos los elementos y noticias á él conducentes, despues que salió de la Concepcion para restituirse á España, logrando en el viage concluirle. 767 Es de suponer que, al passo que requieren estar acompañadas las observaciones tanto de latitud como de longitud sobre que empieza á fabricarse una carta de toda exactitud, no es necessario que sean tan repetidas ó en numero tan crecido que se situen por ellas todos los cabos, puntas, ensenadas, islas, arrecifes y, generalmente, toda la costa, aun hasta aquellos parages que son de menos consideracion, mayormente quando corren las tierras en una cierta disposicion y de modo que no haya grandes variaciones en la direccion de las costas inclinandose á veces norte sur, á veces para el este sueste y encaminandose en otras partes por rumbos distintos. Quando hay esta variedad, es forzoso situar por medio de observaciones ciertas todas las puntas ó cabos, donde la tierra se tuerce, para que despues no tengan yerro las otras intermedias. En el mar del sur, donde la costa sigue por la mayor parte norte sur y con muy pocas irregularidades, es mas dissimulable el no ser las observaciones en tanto numero que puedan situarse por ellas todos los puertos porque su escasez se suple con las direcciones observadas repetidas veces por sus prácticos ó con las derrotas que hacen estos en pequeñas distancias, las quales, conviniendo siempre entre sí y con los informes por otra parte adquiridos, se confirma su verdadera disposicion, y parece que, bien colocados aquellos parages mas principales por medio de observaciones, no se debe recelar error en los intermedios.

768 Yá queda advertido antes el yerro que cometen los pilotos de aquel mar en los viages del Perú á Chile, considerando esta costa mucho mas oriental de lo que es en realidad por no atender á el curso de las aguas; de esto nace que todas las cartas fabricadas allí estén sujetas al mismo defecto y que se experimente por ser las corrientes desiguales que unas veces conviene el punto con el aterrage, pero otras, y es lo mas comun, no; assi, aplicando el defecto á la carta, quando en realidad no proviene de ella, todas se hallan defectuosas. Si para formar esta nueva se empleassen las longitudes que establecen aquellos derroteros, es cierto que no sería mas exacta que las otras porque en las mismas longitudes iria embebido el error; para dexar, pues, de incurrir en él, se sitúan por observacion los lugares mas notables y, despues, los que no lo son tanto por la direccion y distancia á que corresponden respeto de aquellos como queda yá explicado. Hay, sin embargo, algunos intervalos adonde ha sido preciso ajustarse á los diarios é informes de los pilotos por faltar otro recurso mas cierto y seguro, pues las pocas ocasiones de que passen allí sugetos capaces para hacer observaciones ha dificultado el obtener todas las que serían necessarias, mayormente siendo tan estendido y vasto aquel país; por esto, se nos dispensará el que nos dilatemos algo en dar razon individual del modo con que se construyó toda la carta para que con este conocimiento pueda el que la usara hacer de cada una de sus partes el juicio que corresponde, sin equivocar aquellas que en la realidad están bien situadas con las otras, á quienes les falta este grado de perfeccion.

769 Toda la costa perteneciente al reyno de Nueva España y Tierra Firme, desde el puerto de Acapulco hasta la punta de Mala en la ensenada de Panamá, se situó por las cartas y derroteros de aquel mar, cuyas latitudes han sido observadas en repetidas ocasiones por los pilotos de él; y como esta costa corre este oeste, haciendo alguna inclinacion para el noroeste y sueste, de haver en ello algun error, deberá recaer en las distancias de unos parages á otros pero, como la mayor parte de las emarcaciones que salen de Panamá para aquellos puertos la costean y lo executan frequentemente las menores, yendo reciprocamente de unos á otros, las tienen tan averiguadas y conocidas sus direcciones que no debemos persuadirnos á que pueda caber sensible error en ellas. Esto no sucede con las islas de los Galapagos, que están en el equador y su inmediacion, porque son muy pocos los que las descubren por no necessitarlo en las derrotas de sus viages; assi, van puestas segun las cartas de aquel país y las relaciones de algunos derroteros y sin la correspondiente seguridad, tanto en la exactitud de su situacion como en la certeza de su numero. 770 Panamá es un punto principal de esta carta; y aunque, además de la ocasion de haver estado nosotros en ella, huvo la de passar por allí el padre Fevilleé, ni por unos ni por otros se logró el determinar su longitud inmediatamente por medio de observacion porque ni era tiempo en que se pudiessen observar las immersiones ó emersiones de los satelites de Jupiter ni se ofreció la coyuntura de eclypse de luna por quien poderla concluir; esto no obstante, como se podrá ver en el capitulo segundo libro tercero primera parte de este viage, se deduce la longitud de Panamá por la observada en Portobelo y la derrota hecha desde este á aquella ciudad con tanta exactitud que la diferencia que puede haver entre ella y la verdadera no será sensible, y, assi, podemos assentar que este punto está situado en la carta con bastante precision.

771 La costa que sigue desde Panamá hasta el rio de las Esmeraldas ó puerto de Atacamas se situó siguiendo las relaciones mas exactas de los pilotos que tienen frequentada esta navegacion, comprobandose de que, comparada despues con los diversos planos que hay de sus intervalos en punto grande, concuerdan estos en quanto á las longitudes con las que se infieren de las relaciones, y, assi, es sin duda el que no haya en ello error de monta. 772 El puerto de Atacamas, cabo de San Francisco, La Canoa, cabo Passado, Puerto Viejo y Manta están situados por las observaciones de latitud que practicaron allí Mr. Bouguer y M. de la Condamine y por una carta que formaron de este pedazo de costa, de cuya exactitud no cabe dudarse respecto á la que es propia en sugetos de esta classe. 773 Guayaquil, que debe atenderse como otro punto principal en esta obra, no tuvo tampoco observacion por donde inmediatamente se concluyesse su longitud, pero á una diferencia muy corta se consigue infiriendola por la de Quito; respeto de que descubriendose el cerro de Chimborazo desde la misma capital de Guayaquil y de la Puná, se demarcó de uno y de otro parage, y, hallandose aquel cerro casi entre los que componian la serie de los triangulos de la meridiana, no huvo dificultad en conocer su verdadera situacion. 774 Tumbez, Paita, Sechura, Lambayeque, San Pedro, Truxillo, Santa, La Barranca, Chancay y Lima están colocados por observaciones de latitud propias, y Lima por las de longitud, que tambien se practicaron allí; pero desde este paralelo hasta el de la Concepcion, las latitudes de los puertos de Arica, Ylo, Valparayso y la Concepcion en parte y las longitudes todas lo están por las observaciones que practicó allí el padre Fevilleé, a excepcion de los dos ultimos, que sus latitudes están arregladas á las que observamos.

Los intervalos de costa que median entre unos y otros puntos, assi en esta distancia como en las anteriores, y no menos en las que siguen hasta cabo de Hornos, van acomodadas á los derroteros, y en estos se han procurado seguir los mas exactos con la comprobacion de haverlos hallado justificados en los viages que se nos ofrecieron; del mismo modo se procedió en la eleccion de los informes de los prácticos pero, como los de aquel mar solo conocen hasta Chiloé, que es lo mas al sur hasta donde navegan, y desde allí en adelante no hay seguridad ni en los antiguos derroteros ni en los informes de los modernos, fue preciso variar el methodo en este particular, quedando supuesto antes que las islas de Juan Fernandez se sitúan, en quanto á latitud, por observacion maritima que Don Jorge Juan hizo en ellas con el instrumento de reflexion de la invencion de Mr. Hadley, y, en quanto á longitud, por la distancia concluida entre ellas y Valparayso en los repetidos viages que ocurrieron. 775 La costa que continúa desde la isla de Chiloé acia el sur es la mas desconocida en aquellos mares y, por tanto, la menos segura en su situacion porque no tan solamente faltan observaciones hechas en toda ella, sino es que son muy raros los que la han reconocido; es digna en este particular de nota una grande diferencia entre las cartas que han corrido hasta el presente y los informes que dan algunos pilotos, á quienes la casualidad de los vientos ha llevado á recalar mas al sur de lo que era su destino, y consiste en que aquellas pintan la costa corriendo norte sur quando estos la consideran, dirigiendose desde la isla de Chiloé hasta la de la Campana, que está en 48 grados 45 minutos con corta diferencia, al sudoeste quarta al sur, cuya diferencia es bastantemente sensible, pues, si en la realidad hacen aquellas tierras esta ultima direccion, deberán abanzarse al mar considerablemente.

776 Si el dictamen de los prácticos ó pilotos de aquel mar no estuviera sostenido mas que de su propio juicio, podria ser de poco momento para persuadirnos á que las cartas construidas hasta el presente no situaban bien esta parte de costa; pero hallandose con el apoyo de dos exemplares, en que, considerandose los pilotos muy distantes de la costa, se han hallado repentinamente barados y perdidos en ella, es forzoso, quando no condescender á su sentir, á lo menos dudar de la bondad de tal situacion y navegar por ella con esta precaucion para evadirse del peligro que otros han experimentado; el primero á quien esto sucedió fue á un piloto llamado Diego Gallegos, el qual, considerandose muy distante de la costa, baró impensadamente y se perdió en un estero llamado del Purgatorio, y el segundo, el capitan David Cheap, inglés, en el año de 1741; este comandaba una fragata de guerra de las que componian la esquadra del vicealmirante Anson y, haviendo entrado en su conserva á el mar del sur y reconocido la tierra de cabo de Vitoria ó sus inmediatas, se separó con un temporal y corrió lo bastante del bordo de afuera y, volviendo de el de tierra, quando todavia se creía mas de 80 leguas distante de ella, se vió barado entre los 46 y 47 grados de latitud sin saber dónde ni cómo porque experimentó este accidente quando las sombras de la noche le ocultaban los escollos; pero amaneciendo el dia, los fue descubriendo en tan grande cantidad que no pudieron averiguar por donde hizo camino la embarcación para entrar al parage en que quedó barada, no hallandose entre la multitud grande de islas que registraban mas que unos estrechos y poco profundos canales, por los quales parecia impossible que huviesse passado la fragata sin romperse; yá perdidos, reconocieron con la lancha todo aquel espacio hasta alguna distancia y no encontraron en él mas que una cantidad crecida de islas y un dilatado archipielago, lo qual concuerda con las noticias que dan los pilotos de aquel mar y con los informes de los indios de Chiloé, quienes dan á este parage el nombre de archipielago de Chonos y lo tienen muy conocido con el motivo de ir á él frequentemente á hacer la pesca; con que, aunque las cartas no hagan tampoco mencion de este archipielago, no se debe dudar yá en la realidad de su existencia.

777 La falta de este archipielago que se nota en las cartas de aquel mar dexa bastantemente convencida la poca ó ninguna exactitud que hay en ellas desde la isla de Chiloé para el sur y dá suficiente motivo para dudar que la costa corra norte sur, como ellas la pintan; por esta razon, en la nueva carta de él, que se dá á luz y vá unida á esta obra, se sitúan las costas de aquel parage en las dos disposiciones, esto es, norte sur, siguiendo á las antiguas, y nordeste sudoeste con corta diferecia, arreglandonos al dictamen de pilotos mas experimentados, á el de los indios chilotes y á los dos exemplares yá citados. 778 Si el capitan David Cheap no huviesse reconocido la tierra en cabo Vitoria, podria atribuirse la diferencia de las 80 leguas y algo mas, que se consideraba lexos de la costa quando se perdió, á error de su punto, pero no debemos persuadirnos que en un intervalo tan corto como el que media entre el cabo de Vitoria y el parage donde baró, que solo es con corta diferencia de cinco grados y medio, huviesse tenido un error tan considerable ni atribuirlo á efecto de algunas corrientes que le llevasen para el este porque, segun queda anotado en el primer capitulo de este libro, desde los 45 grados de latitud hasta los 56 ó 57 se experimenta el curso de las aguas para el sur, no haviendo razon por donde pueda concluirse el que fuesse acia el sueste, pues, corriendo la costa norte sur, no es lo regular que directamente se encaminen las aguas á dar contra ella; aun si esto se quisiera atribuir desde cabo de Vitoria, que está en 52 grados 25 minutos de latitud para el sur, pareceria mas factible y natural porque lo es el que las aguas entren por el estrecho de Magallanes y otros canales de la Tierra del Fuego y que, por tanto, lleven su curso para el este en ciertos tiempos del año, pero, no teniendose noticia de haverlos en las costas desde el cabo de Vitoria para el norte, no podemos acomodarnos á ello sin hacer fuerza á la razon.

779 Supuesto que aquellas tierras se abancen al mar tanto quanto parece verosimil por lo que antes queda dicho y conviniendo en que las aguas siguen el curso ó direccion de ellas en los parages donde no hay canalizos donde les den salida para otra parte, podremos decir que desde la isla de Guayteca hasta la de la Campana llevan aquellas su corriente al sudoeste, pero que, debiendo desde esta inclinarse la costa y tierras hasta el cabo de Hornos al sueste y aun algo mas para el este, hayan de continuar las aguas tomando la misma direccion y rumbo. 780 Estas diferencias y la poca certidumbre de vincularse el acierto en una ú otra idea nos hace preferir el arbitrio de no desperdiciar ninguna, situando la costa conforme á los dos dictamenes interin que se proporciona coyuntura de examinarlo con la exactitud y prolixidad que es necessario, debiendose advertir que la costa señalada en nuestra nueva carta con linea seguida y sombreada es segun la denotan regularmente todas las cartas y la que está marcada con sombra ténue ó floxa,la que representa la figura que hace la costa segun los informes y derroteros de los prácticos modernos. 781 Haviendose ofrecido la ocasion de apuntar la pérdida de una de las fragatas que componian la esquadra del vicealmirante Anson y teniendo dadas algunas noticias, aunque breves, de los progressos que esta esquadra hizo en el mar del sur y de su retirada, sería impropio dexar suspensa la del fin que tuvo la tripulacion de esta fragata del cargo de Mr.

David Cheap despues de padecido su naufragio. 782 Haviendo, pues, barado la embarcacion, passaron con la lancha á reconocer los canales que formaban las islas para buscar la tierra firme, la qual, aunque metidos en una confusion de islas, encontraron como deseaban; y visto que no era dable sacar la fragata por la calidad de la barada, determinó su capitán fabricar con las piezas que havia podido aprovechar de ella y con la lancha una embarcacion para transportar la gente á la isla de Juan Fernández, donde tenian orden de juntarse todos en caso de padecer separacion. Para esto, se arrancharon en el parage de aquella costa que les pareció mas comodo y pusieron en él todo lo que pudieron sacar, tanto de madera y pertrechos como de municiones y viveres. 783 Empezóse la fabrica de la embarcacion, y, con esta, las dissensiones entre los oficiales y el capitán porque aquellos miraban como temeraria la resolucion de querer ir con una embarcacion tan pequeña á la isla de Juan Fernandez, expuestos á la contingencia de no encontrar en ella la esquadra y á los riesgos de la mar, y, assi, tenian por mas acertado volverse por el estrecho de Magallanes á la isla de Santa Cathalina, donde antes havian estado. Esta idea se la dieron á entender al capitán pero, conociendo que estaba totalmente apartado de ella y firme en su primer resolucion, empezaron á avanderizarse contra él y contra los pocos que seguian su partido, ganando la voluntad de la tripulacion con las ponderaciones que les infundian en el animo del evidente peligro á que se exponian de perecer ó de ser apresados; con que, todos, á excepcion de 10 ó 12 hombres mas fieles á su superior, se declararon por el partido de los oficiales, bien que para lograr estos mejor su proyecto cubrian con el dissimulo quanto podian su intento.

784 Luego que la embarcacion estuvo concluida, empezaron á discurrir lo que deberian hacer con Mr. David Cheap y los de su parcialidad; y entre darles muerte alevosamente ó el hacer fuga con la embarcacion, dexandoles abandonados en aquel desierto parage, fue esto á lo que se determinaron, y, amarrando al capitan y dos oficiales que estaban por él, se hicieron á la vela sin dejarles á los que quedaban con que poderse alimentar ni aun la esperanza de que los socorriessen habitadores de aquel sitio por no haverse hasta entonces tenido noticia de que los huviesse. Hecha, pues, la fuga con la embarcacion, se pusieron en derrota para el estrecho de Magallanes y isla de Santa Cathalina, en cuyo viage perecieron casi todos de necessidad, y fue muy corto el numero de los que pudieron volver á Inglaterra. 785 Lo que no havia sucedido en el tiempo de estarse allí fabricando la embarcacion, experimentaron los que por la perfidia de los suyos se quedaron, y fue que llegassen á aquel sitio en seguimiento de la pesca los indios gentiles de aquel territorio; estos, siendo no menos vagantes que todos los de aquellas partes y sustentandose por lo comun del marisco, tienen regulados los tiempos en que segun la estacion abundan mas en cada parage y, siguiendolos, van al sur ó se encaminan al norte sin apartarse de la costa. Con este motivo, los encontraron estos indios y, aunque sin entenderse unos á otros, se dedicaron como pudiera haverlo hecho la nacion mas culta y caritativa á partir con ellos el rustico alimento que adquirian con su industria, la qual se reducía á buscar entre las ondas del mar y sacar de su fondo las varias especies de conchas y mariscos que se crian en él, cuya providencia fue para los ingleses tan socorrida que bastó para librar de la muerte á los pocos que se havian experimentado y no havian antes experimentado el golpe de su poder en las armas de la necessidad y de la falta de alimentos.

Esta havia sido tal que, precisados del hambre, se havian alexado seis soldados buscando en el monte alguna caza, los quales tuvieron la desgracia de quedarse perdidos en lo interior del país porque, no haviendo vuelto á la playa, les fue preciso á los oficiales, sin esperarles, seguir la compañia de los indios y el camino que llevaban; estos indios dieron aviso á los de sus inmediaciones de la pérdida de aquel navio, y aquellos á otros, hasta que llegó á Chiloé, territorio yá de los españoles, de donde, haviendose embiado embarcacion para examinar su certeza, fueron en ella conducidos á aquella isla el capitan Cheap, un oficial y dos guardias marinas que havian quedado solamente; y allí se mantuvieron algunos meses mientras el governador halló ocasion de embiarlos, segun le tenian prevenido el presidente de Chile, á Valparayso y, de allí, á Santiago, capital de este reyno. Y haviendo de venir á Europa las fragatas francesas en que nosotros haciamos viage, fueron conducidos en el Lis á Francia el capitan Mr. David Cheap, el theniente de infanteria Mr. Thomas Hamilton y un guardia marina, Mr. Juan Viron, de donde, puestos en libertad, se restituyeron á Inglaterra. 786 Lo que se sigue en la carta desde cabo de Corso en adelante se ha situado por las cartas que corren hasta el presente con mas aceptacion, que son las modernas francesas, como que los de esta nacion han sido casi los unicos que, haciendo la navegacion al mar del sur por cabo de Hornos y por el estrecho de Magallanes, han tenido ocasion de examinarlo con prolixidad, entrando por los diversos canalizos que se forman en la Tierra del Fuego con las islas que la componen, entre cuyos descubrimientos no será digno de omitirse el que cerca del cabo de Hornos hizo el navio nombrado San Francisco de una especie de ensenada ó bahía muy espaciosa y, dentro de ella, tres puertos muy capaces, los dos de buen fondo y abrigo, donde muchas embarcaciones estrangeras han aprovechado la coyuntura de refaccionarse de agua, leña y pescado, que se encuentra en ellos con abundancia; por cuyo motivo, su plano, sacado del original francés, se inserta en esta nueva carta.

787 Las longitudes de los lugares están señaladas sobre la equinocial y sobre el trópico de Capricornio; las primeras, contadas del meridiano de Lima acia el este y acia el oeste; y las segundas, desde el de París por haverse incluido las longitudes por observaciones comparadas con aquel observatorio, y, como de estas se deduce inmediatamente la diferencia de meridianos en tiempo y grados, se ha tenido por mas acertado poner las longitudes respeto de el de París, empezandoles á contar desde el observatorio acia el oeste por ser todas las que hay en la carta occidentales respeto de aquel punto. Este methodo, aunque contrario del que se seguia continuamente de numerar los grados de longitud empezando desde el parage donde se hacía primer meridiano acia el oriente, es mucho mas comodo, claro y natural porque, como lo que se pretende en las navegaciones es saber la diferencia de longitud que hay desde un meridiano propuesto hasta el primero sobre que se establecen ó empiezan á contar, si se hace esto por el oriente, sucederá que en los puntos que estuvieron occidentales se tendrá el arco mayor de la longitud, que no es la diferencia de meridianos; y para conseguirla, se hará preciso sacar el complemento, cuya operacion es escusada contando las longitudes en el modo que quedan advertidas y se tienen señaladas en la carta. Por esta razon, las que lo están por el meridiano de Lima empiezan á contarse desde él para el este y oeste igualmente, y es el methodo que propiamente pertenece á las cartas maritimas particulares de un mar; en las universales, podrá seguirse quando, no el de hacer dos graduaciones, una que empiece hacia el oriente y otra inferior ó superior á aquella que vaya por el occidente, el antiguo estilo de numerar la graduacion empezando desde el meridiano por la parte oriental, aunque para esto no hay otro fundamento que el de estar establecido assi, pues, si se quisiera seguir el movimiento del sol, del qual procede que unos lugares estén occidentales ú orientales respeto de otros, se deberia executar al contrario, dando principio desde aquel punto que se supone primer meridiano y siguiendo por el occidente.

788 A las noticias que quedan dadas del methodo que se siguió en la construccion de esta nueva carta y sus fundamentos, son consiguientes las que pertenecen á el mejor modo de usar de ella en la navegacion que se hace por el cabo de Hornos quando se intenta passar á el mar del sur, por ser en esta travesía en la que puede ofrecerse alguna dificultad; para salvarla, han de estar enterados los que emprendieren aquel viage que en él es regular, despues de considerar montado el cabo de Hornos, ir á recalar á el cabo de Vitoria, que está en 52 grados 25 minutos de latitud, para assegurarse de haver montado el cabo; y aunque no hay otro motivo que este, es siempre bueno practicarlo assi. Despues de haver reconocido la costa de cabo de Vitoria, es conveniente hacerse á la mar lo bastante para evadirse de los peligros que hay en ella y en el archipielago de Chonos como tambien para que, si sobreviene algun temporal, segun es lo regular en aquellos parages, no les coja empeñados en la tierra y en la precision de correr á mayor latitud, como sucederia si acertasse á ser del norte para el noroeste ó travesía; y estando algo á la mar, se puede capear con el primero ó correr á el nordeste si el viento y la distancia de la tierra lo permiten, y, con la travesía, se puede siempre continuar la derrota yendo á menor latitud, donde los temporales son menos fuertes y no tan comunes, con particularidad en el verano. Haviendo salido á la mar lo suficiente, se procurará descubrir la tierra de punta del Carnero ó punta de Rumena, que están en poco mas de 37 grados, y esto es lo suficiente para tomar la bahía de la Concepcion ó para continuar la derrota con seguridad á otro puerto, quando no se quiere entrar en ella.

Tambien puede hacerse la recalada entre los 39 y 41 grados de latitud, en la costa de Valdivia, y esta conviene mejor que la antecedente para haver de entrar en la Concepcion porque, si las corrientes han llevado la embarcacion acia el sudoeste por alguna casualidad, sería contingente el poder tomar aquella bahía, yendo á descubrir la tierra en la costa de Tucapel, en cuyo caso la fuerza de los sures harian descaecer la embarcacion para el norte y perder el barlovento necessario. 789 Se debe tener cuidado de no hacer recalada ni por la latitud de la isla de la Mocha ni por la de Santa Maria, pues una y otra necessitan de que se les haga resguardo á causa de las peñas y arrecifes que se alargan á la mar; y en ocasiones, á la distancia de media legua de estas islas, no se percibirán si hay cerrazon de neblina, segun se advirtió en su lugar. Pero, reconocida la tierra en la costa de Valdivia, se lleva despues á la vista á una distancia moderada y se passa por la parte del occidente de la isla de Mocha porque, aunque hay canal de mucho fondo entre ella y la tierra firme, nunca es prudencia arriesgarse en su estrechez, mayormente quando no hay motivo para hacerlo. 790 Estando la athmosphera clara, se dexa ver la isla de la Mocha desde 5 á 6 leguas distantes de ella, y aun algo mas por ser alta, y hace una figura redonda; pero esto es tomandola por la parte del sur ó del norte, que no se proyecta con la tierra firme, pues, mirandola del oeste, se confunde con aquella, y entonces es necessario estar á menos distancia para distinguirla.

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