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CAPITULO V Vecindario de Portobelo, genio y costumbres de él noticia de sus campos y de lo que producen tanto de plantas y arboles como de animales y modo de proveerse de viveres 225 En muchas cosas no se reconoce diferencia substancial entre Cartagena y Portobelo; assi, solo será mi mayor cuidado referir aquellas circunstancias que contribuyen á hacer conocer la que tienen entre sí, procurando evitar la repeticion, y dar todas las noticias que puedan contribuir á la comprehension mas exacta de aquellas tierras. 226 El vecindario de Portobelo, tanto por su corta extension quanto por lo penoso de su clima, es muy reducido, y la mayor parte lo componen familias de negros y mulatos. Las de españoles blancos apenas llegarán á treinta, y las que tienen medianos possibles, ó yá para el comercio de la mercadería ó yá para el de frutos de haciendas, se passan á vivir á Panamá, quedando solamente en Portobelo las que por sus empleos es forzoso que assistan allí, como governador á theniente general, castellanos, oficiales reales, oficiales y tropa de la guarnicion, alcaldes ordinarios y de la Hermandad y escrivano de registros, y, fuera, de estas, muy raras de españolas particulares. Quando estuvimos, havia cosa de 125 hombres de tropa para la guarnicion de las fortalezas, y eran destacamentos que iban de Panamá. Estrañan tanto estos aquel temperamento, aun siendo de otro tan inmediato, que al cabo de un mes enflaquecen y debilitan de tal suerte que no son capaces de hacer algun trabajo ni de sufrir las fatigas de su exercicio hasta que, acostumbradas á él, vuelven á tomar vigor.

Ni de estos ni de los hijos del país que salen de la esfera de los mulatos, ninguno se avecinda y establece allí porque, luego que se ven en mayor gerarquia, tienen como á cosa de menosprecio vivir en él, prueba de su mala calidad, pues sus mismos hijos lo abandonan y no quieren habitarlo. 227 En las costumbres no se diferencian aquellos habitadores de los de Cartagena, á excepcion de no tener los animos tan francos y liberales, antes bien padecen la nota en aquellas vecindades de que son dominados del interés. 228 Es aquella ciudad muy escasa de viveres, y, por consiguiente, estos son caros por ser pocos los que el país produce, y mucho mas en tiempos de armada y feria. Proveese de Cartagena y su costa y de Panamá; de la primera se le abastece con maiz, arroz, cazabe, puercos, gallinas y raices, y de la segunda, de ganado mayor. Lo que tiene en abundancia es pescado de varias especies y bueno; las frutas propias de aquel temple son abundantes como tambien la caña dulce, que es de lo que se componen las chacaras ó quintas de su territorio, en las quales hay ingenios y se fabrica azucar, se hacen mieles y se saca aguardiente. 229 Goza mucha copia de aguas dulces, que baxan en arroyos con precipitado curso de las cumbres de aquellos cerros, unos por fuera y otros atravesando la poblacion; son muy delgados y digestivos, tanto que, en acostumbrandolos, abren las ganas del comer y hacen despertar el apetito, pero aun la excelencia de estas, que en otro suelo ó temple podria ser de grande estimacion por su bondad, en aquel llegan á ser nocivos.

¡Fuerte penalidad con que la naturaleza tiene pensionado este país, que lo mismo que es bueno por sí no pueda gozar estos fueros en él! Y es la causa que, siendo tan delgadas y activas, con la debilidad en los estomagos, caussan dissenterias, de cuyo accidente muy raros escapan, y antes se experimenta que todas las demás enfermedades llegan á convertirse en esta, y con ella termina la vida del paciente. 230 En las pozas que forman estos arroyos, entre las concavidades de las peñas de aquellas cascadas, tanto mas hermosas quanto las hace sombra y adorno la frondosa pompa de los arboles, van á bañarse diariamente á las 11 del dia todas las personas de la ciudad, cuyo exemplar siguen tambien los europeos y, con esta providencia, atemperan el excesivo calor y refrigeran la sangre. 231 Como las arboledas y montes poblados de animales feroces y silvestres llegan casi á tocar con las casas de la ciudad, validos de su abrigo, suelen muy frequentemente los tigres entrar de noche en sus calles y traspatios á robar gallinas, perros ú otros domesticos animales y, tal vez, se han llevado algun muchacho, encontrandolo en ellas. Estos, que se ceban assi, desprecian despues la caza del monte y, si alguna vez lo están con carne humana, no hacen caso de la de los irracionales. Entonces, las disponen trampas con lazos, y, cayendo en ellos, se consigue matarlos. Los negros y mulatos que frequentan el monte por su exercicio de cortar madera son muy diestros en la lidia contra esta especie de animales y con facilidad los matan, ofreciendoseles con intrepida determinacion cuerpo á cuerpo, y aun hay algunos tan arrojados que van de proposito á buscarlos y no desisten de la empressa hasta conseguir su fin.

Las armas que acostumbran para estos combates es solo una lanza de dos y media á tres varas, de madera muy fuerte, y la punta de la misma madera endurecida á fuego, y un machete de tres cuartas con corta diferencia; con estas armas, esperan á que se haga garra en el brazo izquierdo, que es en el que sustentan la lanza, y llevan envuelto en una chamarreta de bayeta. Y para ello, porque el tigre, receloso del peligro, se sienta y no acomete por sí, le ofenden ligeramente con la lanza para que, haciendo su defensa, sea mas seguro el golpe; luego que el animal siente el insulto de su contrario, retirando la lanza con la una mano, le acomete asiendo con la otra el brazo que la sustenta, pero entonces, acudiendo prontamente el hombre con el machete que tiene prevenido y oculto en la otra mano, descarga con él un golpe en el brazuelo y, desjarretandoselo, le obliga no solo á que suelte la presa pero aun á que se retire algo atrás enfurecido; sin dejar que medie tiempo, larga la lanza y, volviendo á presentarle el mismo brazo, executa segundo golpe en el del contrario, al tiempo de querer asirlo con el bueno, y lo dexa privado de sus dos mas feroces armas é incapaz de poderse mover. Entonces, acaba de matarlo á su salvo sin peligro y, quitandole la piel, junta con las manos, pies y cabeza, se vuelve con ella á la ciudad llevándola por señal de su triunfo. 232 Entre los muchos y particulares animales que se registran en aquel país, debe tener su lugar el perico ligero, nombre ironico que se le dá por su mucha lentitud y pesadez.

Tiene este la figura de un mono mediano, feo de cara porque toda ella está llena de arrugas; su color es entre ceniciento y pardo, y peladas, la mayor parte de sus manos y pies. Tiene tanto sosiego que, puesto en un sitio, ni necessita de cadena ni ha menester jaula para que no se vaya porque está sin moverse hasta que, obligado del hambre, le es preciso buscar el alimento; la gente no le espanta, ni la ferocidad de otros animales altera su quietud. Quando se mueve, acompaña cada accion con un grito tan desapacible y lamentable que á un mismo tiempo produce en el oyente compassion y enfado; esto lo executa en aquellos movimientos mas tenues de levantar la cabeza, brazo ó pierna, y, segun toda experiencia, es efecto de una general crispatura en todos los musculos y nervios de su cuerpo, los quales le causan vehemente dolor al tiempo de quererlos laxar para su uso. En este tan desapacible tono, está cifrada toda su defensa pues, al verse acometido de alguna fiera, siendo natural el huir, al quererlo hacer, y en cada una de las acciones, dá gritos tan enfadosos que, horrorizado el que lo persigue, suele abandonarlo y huir por escusar lo fastidioso de sus ecos. Estos no solo los dá al tiempo de moverse sino que, despues de haver gritado cinco ó seis veces para dar un solo passo, repite los desaforados ahullidos otras tantas para volverse á reposar y, antes de segundar otro passo, se está largo rato immovil. Su mantenimiento son las frutas silvestres; quando no las hay en el suelo, se sube sobre un árbol de los mas cargados y, luego que llega arriba, vá derribando toda la que puede y, para ahorrarse de la penalidad y tiempo que le costaria el baxar con el trabajo que subió, se hace un ovillo y se dexa caer á plomo y permanece al pie de aquel tanto quanto le dura la fruta, pero no se mueve á buscar nuevo alimento hasta que le obligue á ello la necessidad.

233 No cede en nada aquel país al de Cartagena en la muchedumbre de sabandijas, y es incomparablemente entre estas mayor la de los sapos. Estos no solo se hallan en los charcos y lugares humedos, como es regular, sino tambien en las calles, patios y, generalmente, en todo parage descubierto; la gran cantidad que hay de ellos y el aparecer todos, luego que cae un aguacero, ha hecho concebir á algunos que cada gota de agua se convierte en un sapo; y aunque quieran comprobarlo con el hecho de aumentarse tan considerablemente luego que llueve, no por esto ha de ser del todo cierta la suposicion. No me opondré yo á que la muchedumbre de ellos en los montes y arroyos cercanos y aun en la misma ciudad produciendo en gran numero los huevezuelos de que segun la mas seguida opinion de los naturalistas se hacen estas generaciones, estos ó en los mismos vapores de agua se elevan y, cayendo junto con ella sobre la tierra demasiadamente caliente á la fuerza de los rayos del sol ó hallándose yá mezclados con esta por haverlos puesto allí los mismos sapos, se vivifiquen y actúen formándose tanta abundancia de ellos como yá tambien se ha solido ver acá en Europa; pero como los que salen despues de los aguaceros suelen ser de un grandor tal que algunos exceden á seis pulgadas de largo, y sea preciso en estos no juzgarlos hijos de una produccion instantánea, yo diria, fundado en la propia observacion, que, como aquel país sea tan humedo, viene á ser adequado para criar esta especie.

Y este animal, propenso á los lugares aguanosos, huye de estar sobre la tierra que, con la calor del sol, se seca en corto instante, y busca los lugares donde la tierra esta fofa, metiendose en ella quanto pueda gozar de la humedad, y, como le queda encima alguna porcion de aquella que está seca, no se ven; pero luego que llueve, saliendo á buscar el agua, con la qual se regocijan, se llenan de ellos las calles y plazas, y su repentina vista hace creer que aquellas gotas que cayeron se convirtieron en sapos. Quando ha llovido de noche, son tantos los que se ven por la mañana en las calles y plazas que parece estar empedradas de ellos, y no se puede andar sin pisarlos, de lo que redundan algunas mordeduras que son dañosas porque, á mas de ser ponzoñosas, son ellos tan grandes que ofenden lo bastante donde llegan á clavar los dientes. Yá se dixo que algunos exceden á seis pulgadas de largo, pero por lo regular son de este tamaño ó algo menores; de noche es tal el ruido que causan los muchos que están alrededor de la ciudad, en los montes y quebrados, que se hacen enfadosos y molestos al oido.

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