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Capítulo LI De cómo Atabalipa cumpliendo con los españoles lo prometido acabó de henchir la casa del tesoro: y como los que vinieron con Almagro pretendían partes como los primeros Como había días que se recogía el tesoro, que se juntaba por mandado de Atabalipa, había entrado tanto que hubo para cumplir con los españoles, trayendo los indios en cargas, poniéndolo donde se señaló, sin tener llave ni otra seguridad que la que mandaba Pizarro. Oí decir que se hurtó mucha cantidad de oro, y que los que más metieron la mano en ello fueron los capitanes. También se hubieron muchas esmeraldas y piedras de gran valor. Atabalipa decía que le pusiesen en libertad, pues había con ellos cumplido lo asentado. Entre los españoles, unos y otros, había controversia; los que vinieron con Almagro pretendían parte de lo que se había juntado, alegando que vinieron con tiempo convenible y muy necesario, y llegaron cuando se comenzaba a recoger el tesoro y hacían, con sus personas y caballos, guardia, trabajando en lo que se les mandaba. Los de Pizarro proponían que ellos eran los verdaderos conquistadores, que pasaron mil trabajos y necesidades hasta llegar a Caxamalca, donde siendo tan pocos se pusieron en tan gran peligro, y prendieron a Atabalipa; y a ellos y no a otros tocaba pretender lo que había dado por su rescate; y que si ellos velaban y hacían cuerpo de guardia, lo habían de hacer por fuerza, para guardarse a sí propios. Sobre esto había entre ellos grandes porfías, lo cual paró todo y se resumió con que del tesoro, antes que se hiciesen repartición entre los de Pizarro, sacasen ciento mil ducados para repartir entre los de Almagro.

Con esto se contentaron algo; lo demás se determinó que se repartiese; diciendo primero, según se dice, Almagro a Pizarro que debía, sin el quinto, hacer al emperador un servicio rico, y lo demás repartirlo conforme a la calidad de cada persona: a lo cual respondió Pizarro, habiéndose piadosamente con sus compañeros, que no lo había de haber cada uno sino atento lo que había trabajado, sacándose primero la joya del escaño, y otras de gran peso, se ordenó el repartimiento por esta manera: "Auto hecho en Caxamalca, sacado a la letra del original: En el pueblo de Caxamalca destos reinos de la Nueva Castilla, a diez y siete días del mes de junio, año del nascimiento de nuestro salvador Jesucristo de mill y quinientos e treinta y tres años, el muy magnífico señor comendador Francisco Piçarro, adelantado, lugarteniente, capitán general y governador por su magestad en estos reinos, por presencia de mí, Pero Sancho, teniente de escrivano general en ellos por el señor secretario Juan de Samano, dixo: Que por quanto, en la prisión y desvarate del caçique Atabalipa y de su hueste hizo, en este dicho pueblo se ovo algún oro, y después el dicho caçique Atabalipa prometió y mandó a los cristianos españoles que se hallaron en su prisión cierta cantidad de oro, la qual cantidad señaló en que dixo que sería un bohío pleno y diez mill tejuelos e mucha plata que él tenía y poseía y sus capitanes en su nombre, que avían tomado en la guerra y toma del Cuzco y en la conquista desta tierra por muchas causas que declaró, como más largo se contiene en el auto que dello se hizo, que pasó ante escrivano, y dello el dicho caçique a dado y traído y mandado dar y traer parte dello, de lo qual conbiene hazer repartiçión y repartimiento, así del oro y plata, como de las perlas y piedras esmeraldas que a dado y de su valor, entre las personas que se hallaron en la prisión del dicho caçique, que ganaron y tomaron el dicho oro y plata, a quien el dicho caçique lo mandó e prometió y ha dado y entregado para que cada una persona aya y tenga y posea lo que dello le perteneçiere, para que con brevedad su señoría con los españoles se despache e partan deste pueblo para ir a poblar y pacificar la tierra de adelante y por otras muchas causas que aquí no van expresadas, por ende, el dicho señor gobernador dixo: Que su magestad, por sus provisiones reales que plata que el dicho caçique ha dado y se a avido y de tración dellos que le fue dada, le manda que todos los provechos y frutos y otras cosas que en la tierra se ovieren y ganaren lo dé y reparta entre las personas que lo ovieran ganado conquistadores, segund y como a él le pareciere y cada uno mereçiere por su travajo y persona; que mirando todo lo susodicho, y otras cosas que es razón y se deven mirar para hazer el repartimiento y dar a cada uno de lo que de la plata que el dicho caçique ha dado y se a avido y de aver y se le a de dar como su magestad manda, él quiere señalar y nombrar por ante mí, el dicho escribano, la plata que cada persona a de aver y llevar, según nuestro Dios le diere a entender teniendo su conçiençia; y para lo poder mejor hazer, pidió el ayuda de Dios nuestro señor e invocó el auxilio divino".

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