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CANTO VEYNTE Y CINCO Como se hizo cabeza de processo, contra los Indios de Acoma, y de los pareceres que dieron los Religiosos, y de la instruccion que se le dio al Sargento mayor, para que saliesse al castigo de los dichos Indios No bien la fresca Aurora entró rindiendo, El encogido quarto, quando estaua, El fuerte General sin desarmarse, Hablando con las velas y ordenando, Por auerse ya muerto el Secretaro, Iuan Perez de Donis, vn gran sujeto, Y que siruio muy bien en esta entrada, Hiziesse Iuan Gutierrez Bocanegra, Alcalde y Capitan, por ser muy diestro, Contra la gende de Acoma y su fuerça, Cabeça de processo, y esta hecha, Estando ya la causa sustanciada, Antes de dar sentencia quiso diesse, El Padre Comissario y Religiosos, Su voto cada qual sobre estas dudas, Cuios escritos graues me parece, Que sin mudar estilo aqui se pongan. Caso que puso el Gouernador, para que sobre el, diessen su parecer los Padres Religiosos. Don Iuan de Oñate, Gouernador y Capitan general, y Adelantado de las Prouincias de la nueua Mexico. Pregunta, que se requiere, para la justificacion de la guerra, y, supuesto que es la guerra justa, que podra hazer la persona que la hiziere, acerca de los vencidos, y sus bienes. Respuesta del Comissario, y Religiosos La pregunta propuesta, contiene dos puntos: el primero es, que se requiere para que la guerra sea justa. Al qual se responde, que se requiere lo primero, autoridad del Principe, que no reconozca superior, como lo es el Pontifice Romano, el Emperador, y los Reyes de Castilla, que gozan de preuilegio de imperio, en no reconocer superior en lo temporal, y otros: assi ellos por su persona, o quien su poder omere, para este efecto, porque persona particular, no puede mouer guerra, pues se requiere combocar gente para ella, que es acto de solo el Príncipe, y el puede pedir su justicia, ante su superior.

Lo segundo se requiere, que aya justa causa para la sobredicha guerra, la qual es en vna de quatro maneras, o por defender à inocentes, que injustamente padeden, a cuia defensa estan los Principes obligados, siempre que pudieren, o por repeticion de bienes, que injustamente les han tomado, o por castigar à delinquentes y culpados, contras sus leyes, si son sus subditos, o contra las de naturaleza, aunque no lo sean, y vltima y principalmente, por adquirir y conseruar la paz, porque este es el fin principal à que se ordena la guerra. Lo tercero se requiere, para la omnimoda justificacion de la guerra, justa y recta intencion, en los que pelean, y sera justa, peleando por qualquiera de las quatro causas que acabamos de dezir, y no por ambicion de mandar, ni por vengança mortal, ni por codicia de los bienes agenos. El segundo punto de la pregunta es, que podra hazer la persona que hiziere la dicha justa guerra, de los vencidos sus bienes, Al qual se responde, que los dichos vencidos sus bienes, quedan à merced del vencedor, en la forma manera que requiere la causa justa que mobio la guerra, porque si fue defension de inocentes, puede proceder hasta dexarlos libres, y ponerlos en saluo, y puede satisfazerles, y satisfazerle, de los daños que han padecido, y de los que han contraido en este hecho, à semejança de Moisen, en la defension del Hebreo, maltratado del Egipcio. Y si la causa de la guerra, fue repeticion de bienes, puede satisfazerle tanto por tanto, en la misma especie, o en su valor, en toda justicia, y si quiere vsar de autoridad de ministro, de la diuina justicia, y juez de la humana: puede como tal ministro y, juez, estender mas la mano, en los bienes de su contrario, penando y castigando su delicto, sin obligacion de restitucion, à semejança del juez que ahorca a vno, porque hurtò algunos marauedis, o Reales.

Si la causa de la guerra, es castigo de delinquentes, y culpados, ellos y sus bienes, quedan a su voluntad y merced, conforme a las justas leyes de su Reyno, y Republica, si son sus subditos, y si no lo fuessen, los puede reduzir a viuir conforme a la ley diuina, y natural, por todos los modos y medios que en Justicia y razon le fuere visto conuenir, atropellando todos los incouenientes que à esto se le pudiessen ofrecer, de qualquier modo que fuessen, siendo tales, que le pudiessen estoruar el justo efecto que pretende. Y finalmente si la causa de la guerra es, la paz vniuersal, o de su Reyno, y Republica, puede muy mas justamente hazer la sobredicha guerra, y destruir todos los incombinientes, que estoruasen la sobredicha paz, hasta conseguirla con efecto, y conseguida, no deue de guerrear mas, porque el acto de la guerra, no es acto de eleccion y, voluntad, sino de justa ocasion y necessidad, y assi deue requerir con la paz, antes que la empieze, si guerrea por solo ella, y si tambien guerrea por otras causas, de las ya dichas, puede repetir y tomar la deuida satisfacion a ellas, absteniendose de no dañar a los inocentes, porque estos siempre son saluos, en todo derecho, pues no han cometido culpa: y, absteniendose todo lo que fuere possible, de muertes de hombres, lo vno porque es odiosissima a Dios, tanto, que de mano del justo Dauid, por auer sido omicida, no quiso recebir Templo, ni morada. Lo segundo, por la manifiesta condenacion, de cuerpo y alma, que en los contrarios que injustamente pelean con la muerte, se causa de los quales, pudiera auer muchos conuertidos, o justificados, andando el tiempo, si alli no morian, puesto caso que es assi verdad, que cessando la necessidad, o manifiesto peligro, de muertes, o por ser impossible de otra manera la victoria, o por justa sentencia de juez competente, en tal caso, no es la culpa de los matadores, que como ministros de la diuina justicia, executan, sino de los muertos, que como culpados lo merecieron: y este es mi parecer, saluo otro mejor.

Fray Alonso Martinez, Comissario Apostolico. Esto mismo sintieron, y firmaron, todos los demas Padres. Con cuios pareceres bien fundados, En muchos textos, leves, y lugares, De la Escriptura santa, luego quiso, Viendo el Gouernador que concurrian, Todas aquestas cosas en el caso, Y dudas que assi quiso proponerles, Cerrar aquesta causa, y, sentenciarla, Mandando pregonar a sangre y fuego, Contra la fuerça de Acoma la guerra, Y por querer hazerla y ordenarla, Por su propia persona y fenecerla, Vbo sobre este acuerdo grandes cosas, Muy largas de contar, mas por yr breue, Al fin a fuerça grande de la Iglesia, Y de todo el Real fue suspendida, La voluntad precisa que tenia, De salir en persona, y puso luego, Sobre los fuertes hombros del Sargento, El peso y grauedad de aqueste hecho, Para cuyo buen fin mandò saliesse, Por su lugar teniente, y castigase, A toda aquella gente por las muertes, Que dieron y causaron tan sin causa, A vuestros Españoles ya difuntos, De donde total quiebra se seguia, De la vniuersal paz que la tierra, En si toda tenia y, alcançaua, Demas del gran peligro manifiesto, De tantos niños todos inocentes, Las tiernas donzellas con su pobres madres, Sin los Predicadores y, ministros, De la doctrina santa, y Fe de Christo, Y libertad que todos alcançauan, Con el sabor y amparo que tenian, En su misma persona a cuio cargo, Seria cualquier daño que viniesse, Si aquestos alebosos se quedasen, Sin la deuida enmienda que pedia, Delicto tan inorme y tan pesado, Por cuia justa causa luego quiso, Que a toda diligencia se aprestase, Y pues su autoridad toda le daua, Tomase en si la comission y diesse, Recibo al Secretario del entrego, Mandandole con esto que estorbase, A todos los soldados lo primero, Las ofensas de Dios, y que hiziese, Lleuando via recta su derrota, Fuessen los naturales bien tratados, Por doquiera que fuesse, y que passase, Y luego que la fuerça descubriesse, Notase con acuerdo sus assientos, Entradas y salidas, y en la parte, Que mas bien le estuuiesse que plantase, La fuerça de los tiros y mosquetes, Y en sus lugares puestos y ordenados, Todos los Capitanes y soldados, Por sus escuadras diestras preuenidos, Sin que en manera alguna permitiesse, Ruido de arcabuzes ni otra cosa, Con mucha suabidad alli llamase, De paz aquella gente, pues auia, Rendido la obediencia y entregasen, Todos los mouedores que causaron, El passado motin, y que dexasen, La fuerça del Peñol, y en vn buen llano, Seguro de que mal hazer pudiessen, Assentasen su pueblo donde fuessen, A solo predicarles los ministros, Del Euangelio santo la doctrina, Pues por solo este fin auian venido, De tierras tan remotas y apartadas, Y que los cuerpos, armas, y, los vienes, De los pobres difuntos entregasen, Y si en aquesto todo se viniesse, Que quemada la fuerça y abrasada, A los culpados presos los truxesse, Y si rebeldes todos se mostrasen, Y viesse se arresgaua y se ponia, En condicion y punto de perderse, Que mucho se abstuuiesse, y que mirase, Cosa tan importante y tan pesada, Con muy maduro acuerdo y buen consejo, Y si faborecidos y amparados, Fuessen de nuestro Dios, y la victoria, Alli por vuestra España se cantase, Que à todos juntos presos los truxesse, Sin que chico ni grande se escapase, Y a los de edad entera que hiziesse, En todos sin que nadie se escapase, Vn exemplar castigo de manera, Que todos los demas con tal enmienda, Quedasen para siempre escarmentados, Y si despues de pressos combiniesse, Hazer algun perdon, que se buscasen, Todos los medios, trazas, y caminos, De suerte que los Indios entendiessen, Que aquel perdon que solo se alcançaua, Por no mas que pedirlo el Religioso, Que acerca deste caso intercediessen, Porque notasen todos y aduirtiessen, Que eran personas graues y de estima, Y a quien muy gran respecto se deuia, Y porque bien en todo se acertase, Del consejo de guerra mandó acompañasen, El Contador y el Prouehedor Zubia, Y Pablo de Aguilar, Farfan, y Marquez, Y yo tambien con ellos quiso fuesse, Porque con tales guias me adestrase, En vuestro Real serbicio, y no estuuiesse, Tan torpe como siempre me mostraua, En cosas de momento y de importancia, Tambien mandò que Iuan Velarde hiziesse, Por ser sagaz, prudente, y auisado, En todas nuestras juntas el oficio, De Secretario fiel, pues por la pluma, No menos era noble y bien mirado, Que por la illustre espada que ceñia, Despues de todo aquesto se nombraron, Sesenta valerosos combatientes, Cuias grandiosas fuerças se aumentaron, Mediante la destreza y el trabajo, De Iuan Cortes, Alferez tan valiente, Quanto muy diestro y pratico en las armas, Que à fuerça de sus bracos puso en punto, Para poder romper sin que hiziessen, Al combatiente falta en la refriega, En que despues nos vimos y hallamos, Cuia persona de contino hizo, Muy grande falta à todo vuestro campo, Por la poca salud que siempre tuuo, Mas aqui quiso el Cielo la tuuiesse, Tan entera y cumplida que sin ella, Tengo por impossible que este hecho, En ninguna manera se acabara, Y porque largo trecho dibertido, Estoy ya de los baruaros sospecho, Que juntos en su fuerça van tratando, Dé nueuo nueuas cosas yo de nueuo, Para mejor notarlas y escreuirlas, En nueuo canto quiero proseguirlas.

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