Tras largos años de inestabilidad política, Tiglat-pileser III supo emprender las adecuadas reformas para el despegue económico y político del Imperio asirio, que cristalizarían más tarde, a finales del siglo VIII a. C., bajo Sargón II. Con este rey, Asiria conocería su última etapa de poderío, dominando toda Mesopotamia y Siria y teniendo bajo control a Fenicia y Palestina. En el año 612, fuerzas combinadas de medos y caldeos fueron capaces de acabar con la existencia de Asiria como Imperio.
era muy frecuente flanquear la puerta de acceso a los palacios
La actividad arqutectónica
La mayor parte de los reyes de este periodo neoasirio manifestó una amplia capacidad constructiva, edificando diferentes palacios y constituyendo diversas capitales - Kalkhu, Khorsabad o Nínive-, ciudades que eran embellecidas con construcciones palaciales y religiosas. Assur se pasó a desempeñar un papel eminentemente religioso.
con lamassu (seres míticos que enlazaban a los hombres con la divinidad), junto a ellos se situaban este tipo de relieves
Los relieves neoasirios
Donde verdaderamente los artistas neoasirios demostraron gran maestría fue en los relieves que adornaron las múltiples estancias de los palacios y, en menor medida, las de las construcciones religiosas. En las zonas bajas de las paredes de los estrechos y largos salones palatinos, los soberanos se hicieron representar en el contexto de sus empresas guerreras o actividades pacíficas, siempre al servicio del dios Assur, todo ello bajo un personalísimo enfoque artístico que acabaría por definir el arte asirio de todas las épocas.