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Capítulo IV De las riquezas del reino del Perú No hay duda sino que lo mejor, más florido y estimado de todas las Indias occidentales es el Perú, y el más rico y poderoso reino en oro y plata, que el día de hoy se sabe, en toda la redonda del mundo, porque cosa notoria es a todos los que han sido versados en historia, que, antiguamente, el reino de España fue tenido y apreciado por el más rico de todos los que se sabían, por la mucha abundancia de minerales de otro y plata que en España había. Así concurrieron de todas las regiones del mundo a España, y aun poblaron en ella, y los últimos fueron los visigodos, que repararon en ella, como la tierra más fértil, rica y colmada de todos los bienes necesarios a la vida humana. Pues, después que las Indias y especialmente el Perú se descubrió y conquistó, no hay nadie que ignore, cuánto se han crecido y aumentado las riquezas de España en el común perteneciente a las rentas reales, que son hoy tres veces dobladas, de lo que solían ser antes que las Indias pareciesen, pues en los particulares de duques, marqueses, condes, señores de vasallos, bien se saben sus rentas cuánto han sobrepujado y, por lo menos, se han doblado. Porque el que, ahora cien años, tenía veinte mil ducados de renta, tiene hoy cuarenta mil y cincuenta mil ducados y aun más. Pues los mayorazgos ricos y costosos que de nuevo se han fundado, y otros que se han añadido a los antiguos las riquezas sin número de los mercaderes y labradores, quién podrá contar lo que han crecido como espuma, de sesenta años a esta parte, que han empezado a ir de las Indias, o por mejor decir del Perú, las flotas cargadas de barras y de tejuelos de oro y ricas piedras preciosas porque, aunque es verdad que cada año van de Nueva España, Honduras, Yucatán, del Nuevo Reino de Granada, de Santo Domingo y demás islas, muchas naos cargadas, que llevan plata y oro y otras cosas de valor y precio, con que enriquecen hinchan a España.

Pero es todo poco respecto de las barras y tejuelos de oro, que van en ocho o diez galeones, que cada año salen de Puerto Belo para España que, sin duda, son otros tantos millones, como parecerán claramente en lo que diré en este capítulo. Este reino del Perú es el más rico de minerales de cuantos se sabe, porque casi se puede llamar todo él, en la Sierra, una mina de plata y de oro, pues en poquísimas provincias hay, que no haya noticia de haber minas de plata y de oro, o de otros metales, y muchas no se descubren porque los indios las encubren, a causa que los españoles, en labrándose y beneficiándose, han de hacer asiento en sus pueblos, y todo ha de ser con daño y menoscabo de los indios. A la verdad, no se engañan en ello, porque el español es fuego que todo lo abrasa donde está, y reciben dellos mil molestias y vejaciones. Otras minas, aunque se han descubierto, no se labran ni cultivan, respecto de la falta que hay de indios y la disminución en que cada día van, y no querer los virreyes darlos para todas las labores. otras minas se dejan de labrar, porque al principio descubren poca plata, y a la mayor parte son hombres pobres los que las bebefician, y no quieren gastar sus haciendas en ellas y perderse. Muchas, si se siguiesen, darían grandes riquezas en lo hondo, porque práctica es de mineros, que la mina, desde veinte y cinco estados adelante, descubre la abundancia de plata que está encerrada en las venas de la tierra, y que, la que en la superficie la da, en lo hondo se desvanece, y así, si todas las minas que hay en el Perú se cultivasen, sería tanta la infinidad de plata que della se sacase, que como las piedras se estimaría.

Las minas que se benefician son las de Choclococha, en la ciudad de Castro Virreyna; las de la Villa Rica de Oropesa, fundada por el virrey don Francisco de Toledo, de azogue; las de Carabaya, del más rico y subido oro que se sabe en el mundo, aunque entre el de Tibar famoso; las de Oruro, nuevas, riquísimas; las de Porco, las de los Aullagas, las de Potosí, villa imperial, donde está el más célebre y mentado cerro que en toda la redondez de la tierra se sabe, y que hasta los confines del oriente, de septentrión y mediodía se trata de sus riquezas. Allá es sublimado por la mina más abundante, y de donde más plata se ha sacado de cuantas desde la creación del mundo acá se han labrado, las minas de Caruma. Destas minas que tengo referidas, no tienen número, ni hay aritmético que alcance a contar y sumar las barras y tejuelos que se han sacado, y cada día se sacan y van a España, porque de Potosí, poco más o menos, se sabrá, que cada año por el mes de marzo suben de Lima dos navíos al puerto de Arica, que llevarán a lo menos arriba de seis mil barras. Entre año bajan en navíos más de otras seis mil del puerto de Chile; y de Arequipa bajarían más de mil barras antes de la tempestad, y bajarán con el favor de Dios de aquí en adelante, pues las viñas reverdecen que era su riqueza. De las demás minas de Oruro, Vilcabamba, Choclococha y de las demás ciudades de arriba, que bajan a la Ciudad de los Reyes por tierra, en Marrieros, en todo el discurso del año, no tiene cuenta las barras y reales y oro que todo va a dar a la Ciudad de los Reyes, adonde por el mes de abril se embarcan en cuatro o cinco navíos, que van a Panamá lastrados de barras, pues de Quito y de las ciudades de abajo como son Trujillo, Saña, Loja, Cuenca, Zamora, también sale mucha cantidad de oro y plata, y toda se embarca en Puertobelo con la que se envía de Panamá, que también es procedida del Perú, de manera que, quien quiere dijere que van cada año a España siete u ocho millones del Perú, no se alargará muchos.

Esto así de las rentas reales de quintos y de alcabalas y derechos y de tributos de las provincias y repartimientos, que están encomendados en la Corona Real, como de mercaderes que van a emplear, y otros a vivir a España, dejado aparte que no hay año que para México no salgan dos o tres navíos cargados de plata para emplear, que se aprecia en más de un millón. Pues ¡qué reino hay hoy en el mundo, por rico, florido y poderoso que sea, que cada año eche de sí ocho millones y más en plata sola y oro, no en mercaderías! No me lo podrá señalar nadie; y más que queda rico, queda abundante y no se hecha de ver la saca ni falta, porque cada día se saca más de las minas. Es cierto que, si por cuatro o seis años se pusiera estanco en ello y se prohibiera la saca, pudieran los mercaderes y hombres ricos hacendados del Perú enladrillar sus casas de barras y los templos con chapas de oro, y si la majestad del Rey don Felipe, nuestro señor, no tuviera guerra ni tan excesivos gastos fuera de sus reinos con moros, turcos y herejes, pudiera juntar más y mayor tesoro sin comparación, que el rey David dejó a su hijo Salomón; y todos los reyes del mundo juntos no tuvieran tanta plata y oro y perlas y piedras preciosas como él solo. Si de España no se sacara a reinos extraños ocultamente y aun públicamente la plata y oro, no hubiera en ella hombre pobre; y aun con todo eso: es el más rico y poderoso reino de los de Europa y África y aun de Asia, en los que conocemos y palpamos.

Las mercaderías que cada año vienen de España, de México, de la China, a este reino del Perú, también son causa de enriquecerle, pues pocos hombres hay en el Perú que no vistan seda y oro; digo poco, sino ninguno, con bordaduras y recamados. Demás desto, aumentan sus riquezas las infinitas crías que hay en todo el reino de ganado vacuno y ovejuno y de cerda, que más barato sin comparación se come en el Perú la carne que en España, y más en abundancia, pues los ganados de la tierra, que he dicho en el capítulo precedente, tan necesarios para el trajín de las mercaderías, que el Collao vale un carnero de carga ocho pesos y diez, y lleva ciento y cincuenta leguas y doscientas dos botijas de vino. En ellos se transportan de unas partes a otras el maíz el trigo, la harina y las cosas necesarias, pues un carnero de Castilla, en todo el Perú, en las partes más caras no vale un ducado, y en Castilla vale dos y más. Las cabras, de que se hacen en diversas partes infinitos cordobanes, son en tanto número como los átomos del sol. Los obrajes que hay en todo el reino, de paños muy buenos, que se hacen en Quito, y se traen a Lima, Cuzco y Potosí y de Guanuco. Otros hay de sayales y jergas. Las crías de caballos y mulas, repartidas por todos los lugares de la Sierra y de los llanos, y las que suben del reino de los caracas de Quito, son infinitas, de manera que un caballo vale muchos menos en el Perú que en España y una mula. Las sementeras de trigo son tantas y tan colmadas, que no se pasa en el Perú hambre: Antes, de todos los valles de Santa, Trujillo y Saña se cargan cada año navíos para Panamá de harina, pues la copia que se coge en estos mismos valles de azúcar, de miel, de sebo, de manteca, cordobanes, y se lleva a Panamá, a la Ciudad de los Reyes y lo mismo en otros muchos valles del reino.

Se coge infinita azúcar alrededor de Guamanga, en el valle de Abancay y Casinchigua, que está en la provincia de los aymaraes y quichua, en Amaybamba y Quellabamba, pues la cogida de vino en el valle de Yca y de La Nasca en Camaná, los Majes y Victor quién niega que sea de las más ricas del mundo; pues Yca y La Nasca, que porveen a la Ciudad de los Reyes, y los valles de abajo hasta Quito y aun a México, no hay duda sino que dan cada año más de trescientas mil botijas de vino. Arequipa daba antes de la ceniza casi otras tantas en sus valles de Victor y Siguas. Los olivares, que cada día van en más aumento, no son de las cosas de menor importancia, que hacen crecer cada día más las riquezas deste reino del Perú. De suerte que qué se puede pedir para ser un reino rico, poderoso y abundante, mas de las cosas que están referidas, y que cada día se aumenta, y fáciles de llevar de un cabo a otro, porque, en tierra, mediante los carneros de carga que tengo dicho, y las gruesas recuas de mulas, todo se lleva y transplanta. Por la mar bien se sabe cuán seguros tiene los puertos, y cuántos en todos los lugares que están en la costa, y la facilidad con que se hacen los navíos en Huayaquil, en Panamá y aun en el Callao de la Ciudad de los Reyes, y cuán fuertes y ligeros y mejores de vela, que todos los del mundo. Así es fácil llevar de unas partes a otras las mercaderías y bastimentos. Sólo le falta al Perú seda y lino, para con ello tenerlo todo de sobra, y no haber necesidad de mendigar ni esperar nada de otro ningún reino ni provincia del mundo (porque hierro, si lo buscasen, sin duda, hallarían minerales dello), y seda y lino, si las plantaran, se dieran en cantidad increíble.

Así la tierra y su disposición y fertilidad no tiene la culpa de haber mengua dello, sino los moradores que la habitan, que no se dan a ello, pues fuera fácil sembrarlo y cogerlo, y aun hilarlo y tejerlo. Una riqueza que nos quedaba que referir, y la más principal, de quien penden todas las demás deste reino, y que sin ella todas se han de deshacer y consumir, se va poco a poco disminuyendo. Estos son los indios dél, que por ocultos caminos se menoscaban y cada día parecen menos, y en los llanos, como ya dije, no hay que hacer caudal de ellos. En la Sierra, donde se han conservado mejor, también se van acabando, especialmente en los lugares y pueblos donde van a la labor de las minas. Dios lo remedie como puede, que si ellos faltan, toda la riqueza y abundancia de barras, de tejuelos y de las demás cosas que tengo referidas en este capítulo, se acabarán y fenecerán, pues ellos las crían, conservan, cultivan, labran, multiplican, trajinan y sustentan, y de ellos pende el ser y fundamento del reino que, aunque son como la estatua que vio Nabucodonososr, de diferentes metales: oro, plata, cobre, hierro, los pies eran de barro, y en deshaciéndose los pies, cayó y se deshizo la estatua. Si estos pies de barro faltaren, caerá toda la máquina del reino del Perú. Dios lo conserve, amén.

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