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Desarrollo


TERCERA PARTE Que contiene la tomada y ruina de la ciudad de Panamá, situada en las costas de la mar meridional de la América, como también otras plazas, todas destruidas por el cruel Morgan. Viaje del autor en el contorno de Costa Rica, y lo que en el discurso de él se pasó. CAPITULO I Viene Morgan a la isla Española para armar una nueva flota, a fin de piratear de nuevo en las costas de las Indias Enséñanos la experiencia que la prosperidad hace a los hombres de ordinario soberbios, y los anima a buscar mayores glorias mundanas, olvidándose en semejantes ocasiones de las eternas; pues tienen arraigada al corazón la ambición de elevarse tanto, que con facilidad caen otra vez en el origen de donde salieron sus térreos deseos. Veía Morgan que todas sus empresas le habían salido con grandes ventajas, y así comenzaba a aspirar a mayores cumbres, sin acordarse de las cenagosas llanadas de sus principios y de los medios tan infames que empleaba para prevenir, a fuerza de irregularidades, a sus destroncados designios. Consideraba que la fortuna favorecía a sus injustas armas, aunque no dejaba de conocer que los méritos de ellas, más eran para borrar su lustre, que para esclarecer su oscuro esplendor. Parecía, no obstante, que la benignidad del Señor se había totalmente desplegado en su favor, permitiéndole (por sus justos juicios, que son incomprensibles) las glorias aparentes; para mayor confianza de los que en él esperaban les librase de un tan malvado hombre.

Sabía ya Morgan que estaban en Jamaica sus centuriones reducidos a la mendicidad, por sus desenfrenados vicios; pues que los veían miserables implorantes, que pedían nuevas invasiones, para poderse sustentar y cubrir sus carnes, que estaban desnudas por habérselas cubierto a las descaradas rameras que allí habitan con lo que hurtaron a los pacíficos españoles; y así trató de contentar a muchos veci-nos de aquella tierra, que eran acreedores de largas sumas que ya les debían los piratas, con la esperanza que él y sus compañeros saldrían de refresco a buscar para sí y para ellos. No se daba mucha fatiga a buscar gente; pues, antes bien, le era preciso cerrar la puerta al concurso que le quería seguir. Emprendió, pues, nueva armazón, y para ello asingó el lado del sur de la isla de Tortuga, escribiendo cartas a los viejos y experimentados piratas que en ella estaban, al gobernador de la isla, y a los plantadores y cazadores de la Española; a todos los cuales declaró su intención, y citó al sobredicho lugar. Cuando entendieron las nuevas, concurrieron en gran número con navíos, canoas y barcas para entender los preceptos del inhumano Morgan. Muchos que no tuvieron ocasión para ir por mar, atravesaron los bosques de la Española y, en fin, se hallaron todos el día 24 de octubre del año 1670 en el lugar de su asignación. No faltó, con su puntualidad acostumbrada, Morgan, que vino en su navío al mismo lado de la isla, a un puerto que los franceses llaman Port Couillon, enfrente de la isla de la Vaca, que era el lugar de la convocación y, después que hubo juntado la mayor parte de su flota, congregó consejo para discurrir los medios de hallar vituallas suficientes a tanta gente.

Deliberaron el enviar cuatro navíos con una barca armados con 400 hombres, para que fuesen a la tierra firme a tomar algunas villas y lugares, y en ellos juntar cuanto trigo o maíz pudiesen recoger. Fueron hacia el Río de la Hecha, con intento de asaltar una pequeña villa que se llama la Ranchería, en la cual se halla mayor cantidad de maíz que hay en aquellos contornos. Entretanto Morgan enviaba otros de los suyos para cazar en los bosques, los cuales mataron mucho número de bestias y las salaron. El resto de sus compañeros habían quedado en los navíos para aderezarlos, limpiarlos y aprestarlos. De modo que, a la vuelta de los enviados, todos estuviese en punto de alzar áncoras y seguir el curso de sus designios.

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