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Ruegos de Cortés a Moctezuma Tras esto, como los halló amigos y deseosos de lo mismo que él, habló a Moctezuma, para ir con menos cuidado y por saber lo que había en él, y le dijo razones semejantes a éstas: "Señor, conocido tenéis el amor que os tengo y el deseo de serviros, y la esperanza de que a mí y a mis compañeros haréis, cuando nos vayamos, muy crecidas mercedes. Pues ahora os suplico me las hagáis en estaros siempre aquí, y miréis por estos españoles que con vos os dejo, y que os encomiendo, con el oro y joyas que les queda y que vos nos disteis; pues yo parto a decir a aquellos que hace poco llegaron en la flota, que vuestra alteza manda que yo me vaya, y que no haga daño ni enojo a vuestros súbditos y vasallos, ni entren en vuestras tierras, sino que se estén en la costa hasta que nosotros vayamos para poder embarcar e irnos, como es vuestra voluntad y merced; y si entre tanto que voy y vuelvo, alguno vuestro, de mal criado, necio o atrevido, quisiere enojar a los míos que en vuestra guarda quedan, mandaréis que estén quietos". Moctezuma prometió hacerlo así; y le dijo que si aquéllos eran malos y no hacían lo que les mandase, que se lo avisase, y él le enviaría gente de guerra que los castigase y echase fuera de su tierra; y si quería, le daría guías que le llevasen hasta el mar siempre por sus tierras; y mandaría que le sirviesen por el camino y le mantuviesen. Cortés le besó las manos por ello. Se lo agradeció mucho, y le dio un vestido de España y algunas joyas a un hijo suyo, y muchas cosas de rescate a otros señores que estaban allí en la plática. Mas no conoció de lo que entendía, o porque aún no le habían dicho nada de parte de Narváez, o porque disimuló gentilmente, alegrándose de que se matasen unos cristianos a otros, creyendo que por allí tendría más segura su libertad y se aplacarían sus dioses.

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