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Desarrollo


Primer viaje de Álvaro de Mendaña La relación que publicamos, y que aparece en el manuscrito de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, se trata de un sumarísimo resumen de la relación que hizo Hernán Gallego, piloto mayor de Álvaro de Mendaña. Prácticamente se limita a enumerar las islas que se fueron descubriendo, y los principales contratiempos que tuvieron en el viaje de vuelta. Pero, afortunadamente, existen una serie de relaciones, seis en total, de Hernán Gallego, Álvaro de Mendaña, Sarmiento de Gamboa, Pedro Ortega, amén de cartas e informes que sobre el viaje se hicieron, y del que se puede decir que abundan las noticias. Intentos iniciales El que estos viajes se organizaran desde el Perú no era casual, ya que desde su conquista y planificación se habían preparado jornadas descubridoras de grandes islas y tierras que se creían próximas al Virreinato peruano, no faltando tampoco tradiciones incaicas que recordaban la existencia de grandes imperios al otro lado del ignoto océano, referidas seguramente al archipiélago de las Galápagos. Las noticias de islas y tierras por descubrir, solicitando a las autoridades permisos para organizar expediciones, abundan en extremo. Posiblemente la más antigua es la del maestresala Gómez de Solís, en carta al Emperador, que lleva fecha de 16 de agosto de 1550, y aunque el célebre pacificador La Gasca autorizara la expedición, ésta no se llevó a cabo. El mismo La Gasca, en carta al Consejo de Indias, da cuenta del viaje del piloto Francisco López, antiguo compañero de Orellana, que viniendo en una galera el año 1548, fue apartado de la costa peruana 150 leguas y estando en catorce grados y medio de la Equinoccial hacia el Sur, vieron que traía muchos maderos el agua de la parte de Poniente, que es señal de tierra donde bahía ríos de mucha agua.

.. cerca della Especeria, pues están en el mismo clima que los de las Malucos6. También circulaban por el Perú, y se mantenían vivos, recuerdos de las expediciones marítimas para conquistar las Galápagos, que, naturalmente, eran islas llenas de tesoros. Será sobre todo Sarmiento de Gamboa el que da mayores noticias de estas expediciones conquistadoras, en tiempo de Topa Inca Yupanqui7. Si la fabulosa conquista del Perú había dado pie para que las mentes calenturientas de los conquistadores concibieran tierra adentro la existencia del mítico imperio de El Dorado, es lógico creer que allí se concibiera la idea de que más allá de las aguas del océano existiese el Ophir, las tierras a donde iba el mismo rey Salomón a cargar sus naves. El misterio del mito, inalcanzable, se va desplazando hacia lo desconocido, manteniendo así su vigencia. Fue precisamente Colón el que resucitó la leyenda de Ophir en sus viajes al creer localizar las minas del rey Salomón, próximas a Catay y Cipango8. Ahora que Catay y Cipango habían sido definitivamente localizadas, que el Maluco y la Especiería eran un emporio de riquezas, ¿por qué no creer que aquellas misteriosas islas no pudieran ser las del rey bíblico? Es curiosa la explicación que del nombre de islas de Salomón aparece en un manuscrito de don Gabriel Fernández de Villalobos, conservado en la Biblioteca Nacional: Las islas que llaman de Salomón, por una tradición que yo tengo por tonta... como es decir que una nao de Philipinas, viniendo de Acapulco, arribó con un temporal a una de ellas, que está en 11? de altura australes, llegado derrotada, hizo fogón en ellas, echó, como es costumbre, un terraplén de tierra para hacer lumbre, y cuando llegó a Acapulco, halló que se había fundido un tejo de oro.

De aquí se tomó de decir que esta tierra era donde enviaba Salomón a cargar sus flotas de oro9. Si esa conseja llegó o no al Perú, está por ver. Pero que la idea de la existencia de esas islas era firme entre los peruanos lo demuestra el ahínco con que el licenciado Castro, gobernador del Perú, insiste una y otra vez en ir a descubrirlas. Para concluir sobre la denominación de estas islas, veamos la opinión de justo Zaragoza: Acaso porque iba en la armada de Mendaña un hijo o pariente de aquel Antonio Salomón que estuvo en el descubrimiento del estrecho de Magallanes, en la nao del capitán Luis Mendoza, que por haber distinguido tierra antes que nadie, reclamase para él, según se acostumbraba en aquel tiempo, el título de su apellido10. La opinión de Zaragoza se viene abajo, si antes del descubrimiento ya esas misteriosas tierras que se prentendían descubrir, las denominadas Islas del Rey Salomón, que caen frontera de Chile, hacía la Especiería, que se tiene aquí gran noticia. El último de los proyectos frustrados será el que pretenda organizar el soldado Pedro Aedo, con la colaboración del rico Maldonado, que a su costa y con sólo cuatro mil ducados de ayuda real pretenden ir a las Salomón, y que en un principio autoriza y apoya el gobernador García de Castro en 156511. Pero este viaje, que se comienza a preparar rápidamente, con idéntica celeridad quedará bruscamente paralizado, porque el gobernador manda detener a Maldonado, pues es considerado miembro de una conspiración contra su persona a causa del problema de las encomiendas; y a Pedro Aedo, por una pretendida intención de alzarse contra él. Todo muy oscuro, que cuando con posterioridad se realice el juicio de residencia contra el gobernador, éste será castigado a pagar una indemnización a Pedro de Aedo. Pero la realidad es que Aedo se quedó sin viaje.

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