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Datos principales


Desarrollo


Mito e historia en la Crónica mexicana Paradójicamente, esta atemporalidad occidentalizante potencia la mentalidad historiográfica nativa, por completo diferente de la occidental. Como bien apuntó Orozco y Berra: ... Tezozomoc presenta la leyenda en su pristina sencillez; tiene el sabor de esas relaciones conservadas desde tiempos remotos por los pueblos salvajes, transmitidas de generación a generación con ciertos visos de lo prodigioso y lo fantástico; pinta las hazañas y las costumbres de los héroes con cierta elevación unida a la rusticidad que tanto encanta en los personajes de la Ilíada ...; los diálogos son naturales, el estilo duro, descuidado, propio de los pueblos a quienes pertenecen: en suma, es la tradición, la tradición verdadera que los méxica sic.conservaban en sus seminarios y hacían aprender de coro a los jóvenes educandos. Notaba el Sr. Galicia Chimalpopoca la profusión de disgresiones sic. fabulosas, y parecíale oportuno descartarlas de la Crónica, para hacerla más estimable .... No nos ha entrado a nosotros semejante escrúpulo. Sabemos que la corriente de la moda filosófica actual condena los mitos y las leyendas fantásticas ...; pero chapados como estamos a la antigua no desdeñamos mitos ni leyendas fantásticas, porque son la expresión de las creencias, de la religión, de la filosofía, del estado social, de la civilización en suma de los pueblos a que corresponden, y sin ellos quedarían sin solución multitud de problemas así religiosos como civiles56.

Orozco, uno de los mejores representantes de la magnífica heurística decimonónica, llevaba toda la razón. Basta con ojear la Crónica mexicana sin anteojeras chimalpopoquianas --hoy en día tan en boga entre humanistas y científicos sociales-- para comprobar que ese aparente magma de personajes, batallas y portentos sobrenaturales responde a una concepción histórica muy concreta, cuya clave reside precisamente en las digresiones fabulosas. La historia, tal y como está planteada en la Mexicana, no es progresiva --no tiene principio ni fin-- sino estática porque los acontecimientos recrean el momento inicial, ponen, por así decirlo, el contador histórico en 0, retrasando con ello el augurado e inevitable fin del mundo. Desde esta perspectiva conservacionista, la teleología que mueve el quehacer histórico se basa en la oposición orden/caos, y no, como en Occidente, en la dicotomía bien/mal. En consecuencia, los hechos no son buenos o malos per se: son positivos si apuntalan el orden primigenio y negativos si raen la perfección inicial. La dialéctica orden/caos se traduce en unas cuantas oposiciones (masculino/femenino, guerra/brujería, familia/sexualidad, etc.) que aparecen claramente representadas en el enfrentamiento original entre el guerrero Huitzilopochtli, la deidad tutelar de los mexicas, y su hermana, la bruja Malinalxochitl. Sobre esta lucha inicial, Tezozomoc --o mejor, sus informantes-- construyen la historia mexicana, que no pasa de ser una cíclica repetición de la misma.

De hecho, no hay suceso puntual y clave (la guerra chalca, la conquista de Tlatelolco, la gran inundación de México, etc.) donde lo brujeril no esté presente de una forma u otra. Por desgracia, las estructuras mitohistóricas, claras en el relato oral en nahuatl, pierden todo sentido al sufrir el doble proceso de traducción (del nahuatl al castellano y del lenguaje oral al escrito), convirtiéndose ciertamente en digresiones fabulosas que, a primera vista, parecen un sin sentido, aunque pueden reconstruirse con el apoyo de otras fuentes, tanto en mexicano como en español o bilingües; fuentes que, por otra parte, tampoco son muy inteligibles tomadas de una en una. Un ejemplo paradigmático lo ofrece el mitologema que explica la conquista de Tlatelolco, la ciudad gemela y rival de Tenochtitlan. Alvarado hace vaticinar a la vagina de Chalchiuhnenetzin, hermana del Tlatoani Axayacatl y esposa principal del Señor de Tlatelolco, la ruina de la urbe hermana. En apariencia, parece un oráculo más, pues toda la narración del fraternal conflicto está punteada por agüeros y oráculos que preludian la guerra, pero no es así. Se trata de una estructura explicativa central, cuya lectura pone de manifiesto el conjunto de oposiciones que simboliza el enfrentamiento entre el orden y el caos. La naturaleza genital del oráculo, a priori inexplicable, cobra sentido cuando se relaciona con lo que la Crónica mexicayotl y otros textos cuentan sobre las aberrantes prácticas sexuales que el gobernante tlatelolca hacía padecer a la pobre Chalchiuhnenetzin.

Uniendo estos fragmentos se obtiene una estructura cuya morfología se corresponde punto por punto con la historia del tohueyo, del "extranjero" que literalmente fascinó con sus genitales a la hija del poderoso Señor de los toltecas57. El picante cuento explicaba un gran hito histórico: la caída de Tollan, el primer imperio nahuatl. En ambos casos, el caos está asociado con la brujería y la sexualidad deformada, entendiendo por tal cualquier práctica distinta al coito con propósitos de mera reproducción58. La importancia de la parlanchina vagina se corrobora cuando se comprueba que este mitologema, a diferencia de otros, tiene un epílogo de lo más curioso. El pintoresco suceso, que inspiró La guerra de las gordas del poeta Salvador Novo, reza así: Y con esto bien al Teconal y Moquihuix a dos o tres mugeres con las bergüenças de fuera y las tetas, y enplumadas, con los labios colorados de grana, motexando a los mexicanos de cobardía grande. Benían estas mugeres con rrodelas y macanas para pelear con los mexicanos .... Y con esto y con la grita de anbas partes las mugeres desnudas, desbergonçadas, començaron a golpearse sus bergüenças dándoles de palmadas .... Y comiençan a boluer las espaldas y subir ençima del templo de Huitzilopochtli y desde allá alçan otras mugeres las guas mostrando las nalgas a los mexicanos y otras ... esprimiendo la leche de los pechos, arrojándola a los mexicanos59. De nuevo el referente sexual aparece de una forma explícita, lo cual resulta bastante raro en una sociedad tan puritana como la mexicana; sobre todo, si se tiene en cuenta que las nudistas guerreras exhiben sin rubor su vulva (se dan palmadas) y sus senos (exprimen la leche que contienen).

Dicho de otra forma, las mujeres muestran sin ningún complejo sus caracteres sexuales60. Dado que tamaño exhibicionismo no pudo ser real, ni parece deberse a una fantasía sexual de Don Hernando, habrá que pensar que este sin sentido narrativo responde a una lógica. En principio, la exhibición de la vulva tiene un carácter insultante para el observador, ya sea hombre o mujer, y así se indica en el texto. Sin embargo, también posee un fuerte contenido apotropaico porque la visión resulta maléfica para los espectadores masculinos. El simbolismo del gesto está claro: los tlatelolcas oponen la brujería y la sexualidad a los tenochcas, que iniciaron la guerra para defender el matrimonio de la hermana de Axayacatl. El episodio de las gordas responde, pues, a la mentalidad historiográfica de la Crónica mexicana, pero su importancia va aun más allá. Tomado por si mismo, este desnudamiento de las partes sexuales, este anásyrma, constituye un mitologema independiente que guarda analogías con un llamativo ritual católico, el popular Risus Paschalis, y con tres narraciones míticas procedentes de regiones y épocas diferentes: el episodio de los dioses egipcios Ra y Hator, la historia griega de Baubo y Demeter, y el relato de Amaterasu, la deidad solar japonesa. En todos ellos, el anásyrma se produce en un grave momento de crisis cósmico-humana provocado por la muerte, el enfado o el luto de una divinidad creadora o sustentadora, y actúa como catarsis: el gesto hace reir al dios, y sus risas provocan el cese de la crisis.

Las desbergonçadas mujeres tlatelolcas efectúan, pues, un acto conjurador ante el peligro del caos. Pero el anásyrma no va seguido de las liberadoras carcajadas. Tezozomoc, forzado por la naturaleza de su obra --recuérdese que pretende contar hechos verídicos--, corta abruptamente el mitologema y retoma el tempo histórico. Sólo después de finalizar el relato de lo que realmente sucedió --la ocupación del gran templo de Tlatelolco y la muerte del gobernante rival--, Don Hernando vuelve a la estructura mítica. Ahora bien, al no poder utilizar ya el anásyrma para provocar la imprescindible risa que pone fin a la crisis, Alvarado tiene que introducir una nueva y pintoresca anécdota, la de las mujeres-patos: Y luego con esto fueron el Axayaca y todos los prençipales capitanes a sacar a las mujeres y niños y algunos biexos de tre los tulares y cañaberales e les dixeron que algunas de ellos estauan metidas hasta los pechos, otras hasta la garganta, otras no tanto. Dixéronlas: "Antes que salgáis bosotras las mugeres del agua, señal de obidiençia y tributo, hablá como rresuenan los patos, de toda suerte de abes bolantes". Y con esto, algunas biexas hazían como patos rreales, les rremedauan, y las moças rremedauan al páxaro de que llaman cuachilco y acaçintli, y con esto hazen tan grande rruido berdaderamente paresçían patos61. Cualquiera que sea la interpretación teórica que se dé al desnudamiento de las tlatelolcas62, el episodio va más allá de lo meramente anecdótico. Lo mítico y lo histórico se funden en un relato donde resulta imposible separar lo fantástico de lo real. Una narración, cabe añadir, confusa y mutilada, y esto por una razón obvia: la tremenda dificultad de llevar al papel y al castellano una relación pensada para recitarse oralmente ante una audiencia nahuaparlante.

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