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Datos principales


Desarrollo


La obra El libro tiene por su parte una larga historia y una aventura casi apasionante. Para que podamos comprender el proceso que siguió el original desde su llegada a España, debemos establecer una secuencia cronológica, restituyendo con hipótesis los vanos que hay entre los datos seguros. Tomemos el hilo en el momento en que muere. Fr. Martín. 1. Primera etapa. La otra, con sus ilustraciones de las que luego hablaremos, con las correcciones de Fr. Martín, con los informes y censuras, queda en poder de la orden de la Merced, sin que nadie -al menos, que sepamos- se preocupe de darla a las prensas. Alguien del convento queda, sin embargo, encargado de su custodia y él u otra persona se traslada a Salamanca, y se instala en el Colegio Menor de Cuenca, a cuya biblioteca lo dona. Y allí estará dormido -que los libros que nadie lee, están dormidos- durante años y años. Cabe también la hipótesis, que no puede pasar de ser una mera conjetura, que el P. Murúa fuera a acabar sus días en Salamanca, y que ésta sea la razón de que el libro fuera a parar al Colegio Menor de Cuenca. Porque lo que sí es seguro es que estuvo en esa Biblioteca, como consta manuscrito en la portada -manuscrita también del original11, donde se dice: De la Biblioth? del Coll? Mor de Cuenca. 2. Segunda etapa. Dormido o no, el libro de Fr. Martín iba a sufrir la misma suerte que todos sus compañeros de Biblioteca, y ésta la del Colegio Menor. Este Colegio, que era de Patronato Regio, se disuelve en el siglo XVIII y todos sus libros, en vez de pasar a la Biblioteca Universitaria de Salamanca, como quizá hubiera sido lógico, van a engrosar la Librería Real, donde aún se conservan.

Una pregunta ingenua sería: ¿está allí el original de Fr. Martín? No. No está, aunque sí figura en el inventario. Y esto es asombroso en sí mismo porque la Biblioteca Real es probablemente uno de los fondos bibliográficos mejor guardados del mundo, donde las garantías de conservación de los libros son máximas y las precauciones que se toman para que nadie pueda dañarlos, son extremas. Si esto es así, cabe preguntarse en qué ocasión pudo salir de recinto tan bien guardado, por bibliotecarios, alabarderos, guardas y centinelas. Sólo había un medio: que alguien con autoridad de Rey lo hiciera, y así fue. Pero esto constituye la etapa siguiente de la historia de las aventuras del manuscrito. 3. Tercera etapa. Durante el predominio de Napoleón Bonaparte en Europa, como es sabido, éste colocó en el trono español a su hermano José, que reinó brevemente como José I, y al que la historia y la administración española han dado el nombre de rey intruso12. La mala fortuna final del imperio napoleónico -gestada en gran parte en España- hizo que José I tuviera que abandonar su Reino, lo que hizo con un copioso equipaje, en el que metió aquellas cosas que más le llamaron la atención, especialmente en el Real Palacio. Una de ellas, quizá por sus ilustraciones en color, fue la Historia General del Perú, de nuestro fraile mercedario. Pero, como sabemos, el equipaje del rey José, como lo titulará Pérez Galdós en uno de sus Episodios Nacionales, no llegaría nunca al destino que el rey intruso le había preparado, porque el ejército hispano-inglés de Wellesley, el futuro Lord Wellington, lo alcanzaba en las cercanías de Vitoria, en 1813, infligiéndole tal derrota, que en su huida José Bonaparte tuvo que abandonar toda su impedimenta, que quedaba en poder del vencedor, incluso los tesoros que llevaba en su berlina, entre ellos el manuscrito de Murúa.

El vencedor era Wellesley, que se hizo con la impedimenta y la llevó consigo a Inglaterra, especialmente lo que contenía el propio coche del rey intruso, cuya imperial estaba abarrotada de cuadros, grabados y libros con miniaturas. Entre ellos la Historia de Fray Martín y otros de la Biblioteca del Colegio de Cuenca. En Inglaterra lo recibió el hermano mayor de Wellington, William Wellesley Pole, que en 9 de febrero de 1814 daba cuenta de una primera inspección. No quedó satisfecho Wellington con la posesión del equipaje del rey José. Suponiendo que estaban las cosas mezcladas y que había objetos de diversas procedencias, comenzó a clasificarlo todo y a restaurar lo que estaba deteriorado. En 16 de marzo de 1814 escribe a su hermano Enrique, embajador de Inglaterra en España, pidiéndole que lo comunique al Rey Fernando VII, y que éste designe persona que vaya a reconocer lo que es suyo, tanto de grabados como de pinturas y libros. Jamás obtuvo contestación. En 1816, el minucioso Duque de Wellington escribía al Conde de Fernán Núñez, Duque de Montellano, embajador de España en Londres, enviándole un catálogo de lo que tenía en su poder, para que le diga lo que es del Rey de España. Nuevo silencio. Por fin, en 29 de noviembre de 1816, el conde de Fernán Núñez le comunicaba la decisión de Fernando VII de que retuviera en legítima posesión cuanto apresara en Vitoria, y que no volviera sobre el asunto. Wellington decidió entonces reunir todo en su residencia de Stratfield Saye, donde se dedicó a conocer personalmente todo lo que había ido reuniendo.

Y topó con la Historia del Perú, que le pareció podría ser -intuición grande de hombre grande- de utilidad a los historiadores. En vista de ello, en 14 de noviembre de 1824 reunía una serie de documentos y papeles, y entre ellos la obra de Murúa, y se los enviaba a Sir Walter Scott, con una carta en que le decía: ... Los documentos y otros que encontré, con el libro conteniendo las copias de las cartas de Carlos V y la Historia del Perú y su primera conquista por un testigo presencial13, hubieran sido inestimables al Profesor Roberston14 y me alegrará tener su opinión acerca de la manera de utilizarlos. Walter Scott los devolvió a poco, sin dar opinión alguna que se conozca, y la obra quedó en Apsley House -la residencia de Wellington en Londres- hasta 1945, en que el actual Duque de Wellington la devolvió a su primitiva biblioteca de Stratfield Saye, donde aún se conserva e iba a ser encontrada poco después. Pero ésa es otra historia, que veremos más adelante: la de su descubrimiento. Pero la historia de los manuscritos no acaba con el itinerario que siguió el original, desde las orillas del lago Titicaca hasta el Berkshire, pasando por Potosí, La Plata, Buenos Aires, Madrid, Vitoria y Londres. La obra debió despertar en su tiempo un evidente interés y, según costumbre del tiempo, cuando un libro no era impreso, se hizo una copia de él, que fue a parar a Loyola, pero sin las ilustraciones. Hay, pues, dos manuscritos del libro, el llamado de Loyola y el Wellington.

De la suerte del primero volveremos a tratar cuando hablemos de las ediciones que se han hecho. El Mss. Wellington, que es el original, como hemos ido considerando, está escrito en folios, por las dos caras, de papel de tina, formando un volumen de 377 folios y 37 ilustraciones15, dividido en tres libros. El título general y el de los libros es el siguiente: TITULO: Historia General del Pirú. Origen y descen / dencia de los Incas, donde se trata, assí de las guerras / civiles Ingas, como de la entrada de los españoles / Descripción de las ciudades y lugares dél, con / otras cosas notables, compuesto por el Muy rdo. Pe. / Fr. Martín de Murúa, elector genl. del orden de nra. S? / de las mds. Rra de captiuos, comor y cura de Hunata. (Tiene una viñeta central, con los escudos de España, Perú y de los Incas, y una leyenda que dice quod vidimus et audivimus testamur.) LIBROS: (I) Libro del Origen y descendencia de los / Ingas. Señores deste Reyno del Pirú donde se / ponen las conquistas que hizieron de diferentes probincias / y Naciones y Guerras civiles hasta la entrada / de los Españoles, con su modo de governar condi / ción y trato y la descipción de las más prinsi / pales Ciudades y Villas de / esta amplisima provincia. (92 capítulos.) (II) Libro segundo, del gobierno que los Yngas / tubieron en este reino y ritos y ce / remonias que guardaban. (40 capítulos.) (III) Libro tercero, donde se trata, en / general, y particular deste reino / del Pirú, y las ciudades prins / ipales y villas dél. (31 capítulos.)

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