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Datos principales


Desarrollo


Evolución historiográfica37 El manuscrito original de don Hernando Colón se ha perdido. No obstante, sabemos por el prólogo que fue Luis Colón, Tercer Almirante de las Indias y sobrino de don Hernando quien lo cedió a Baliano de Fornari, persona principal de Génova. Este se comprometió a editarlo en castellano, italiano y latín. Con tal propósito se desplazó a Venecia y encargó la edición a Juan Bautista Marino, quien a su vez delegó en Moleto. Por fin, la obra vio la luz en Venecia el 25 de abril de 1571. De las tres ediciones proyectadas (español, italiano y latín) sólo apareció la versión italiana. El encargado de hacer la traducción del manuscrito original fue el hidalgo extremeño Alfonso de Ulloa, quien tenía en su haber más de media vida en Italia, experiencia en este trabajo y reconocida fama. El título con que apareció el escrito de don Hernando en italiano fue el siguiente: Historie del S. D. Fernando Colombo; nelle s´ha particolare et vera relatione della vita e de fatti dell´Ammiraglio D. Christoforo Colombo, suo padre. Esta obra alcanzó pronto gran difusión por Italia y fuera de ella. La primera edición en castellano no llega hasta 1749 y la realizó con muchos errores A. González Barcia, titulándola Historia del Almirante D. Cristóbal Colón. Este título o el más abreviado de Historia del Almirante no se corresponde con la traducción literal italiana (historie: historias, relatos, narraciones); sin embargo, hizo fortuna y hoy se acepta sin más discusión.

Como ediciones más modernas y mejores que la de Barcia se deben destacar principalmente dos: la preparada por Manuel Serrano y Sanz,: Historia del Almirante don Cristóbal Colón, Madrid, 1932, a la que aludiremos al final de este capítulo; y la que realizó Ramón Iglesia: Vida del Almirante don Cristóbal Colón (México, 1947). Desde hace más de un siglo se viene discutiendo sobre la autenticidad de la Historia del Almirante. Y la llama sigue aún viva. Hay opiniones para todos los gustos, que en un ejercicio de apretadísima síntesis podríamos clasificar en tres grupos, principalmente: a) Los que niegan que Hernando sea el autor total o parcial de la obra. Bartolomé José Gallardo y H. Harrisse fueron sus primeros animadores, a principios del último tercio del siglo pasado. Atribuyeron a pluma impostora --que no a Hernando-- la labor de quitar, poner, olvidar y confundir. Entrados en el siglo XX, algunos relacionarán esa pluma impostora con Bartolomé de Las Casas, tras de lo cual los gritos lascasistas hicieron retumbar los cielos y corrió tinta a raudales. b) Un segundo grupo lo forman aquellos que aceptan a Hernando como autor de una parte de la Historia del Almirante, aquella que se refiere a los viajes y descubrimientos colombinos, pero rechazan como impropios de su mano otros capítulos, especialmente los primeros, aquellos que tratan de la etapa colombina anterior a 1492; ven interpolaciones por todas partes. Sin embargo, se mueven en el terreno de la conjetura, razonable muchas veces y siempre discutible.

c) Un tercer grupo defiende que la Historia del Almirante es obra totalmente hernandina, pero reconoce al mismo tiempo que por diversos motivos (sea por culpa o interés del propio Hernando, sea por ligereza o desconocimiento del traductor del manuscrito español al italiano) dicha obra no es del todo fiable. La enojosa parcialidad de Hernando y la tendenciosa manera que tenía de enjuiciar todo lo que afectara negativamente a su padre, están siendo aclaradas sin cesar por los historiadores. Y cuanto más se esclarecen los enigmas colombinos, mayor lógica adquiere toda la sarta de imprecisiones, lagunas informativas, aparentes incoherencias, etc., que a muchos habían parecido incomprensibles, tratándose de una personalidad como la de don Hernando. Hemos insistido en los puntos más conflictivos, más polémicos. Sin embargo, nadie pone en duda los valores de la Historia del Almirante. Es una fuente de manejo imprescindible para el historiador del descubrimiento de América. Algunos documentos colombinos hoy perdidos los conocemos gracias a esta obra; la discutida carta de Toscanelli sólo es transmitida por Hernando; el relato de fray Ramón Pané merece en favor de don Hernando todas las alabanzas imaginables por haberlo incluido en su obra y salvado para la posteridad; su relato del cuarto viaje colombino siendo testigo del mismo lo convierten en pieza capital. Y así un sinfín de pasajes, testimonios y noticias varias desgranados a lo largo de todas sus páginas. Nos ha hervido de texto base para esta edición el que publicara Manuel Serrano y Sanz en 1932, si bien con algunas modificaciones de léxico y de puntuación, con el fin de lograr una mayor claridad. También hemos realizado correcciones en algunos giros, a la vez que rectificado ciertos errores que no constaron en la versión italiana, Y todas las variaciones efectuadas han sido debidamente contrastadas con la versión italiana de Alfonso de Ulloa.

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