El osario que los mexicanos tenían para remembranza de la muerte

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El osario que los mexicanos tenían para remembranza de la muerte Fuera del templo, y enfrente de la puerta principal, aunque a más de un tiro largo de piedra, había un osario de cabezas de hombres presos en guerra y sacrificados a cuchillo, el cual era una especie de teatro, más largo que ancho, de cal y canto, con sus gradas, en donde estaban incrustadas entre piedra y piedra las calaveras con los dientes hacia fuera. A la cabeza y pie del teatro había dos torres hechas solamente de cal y cabezas con los dientes afuera, que, como no llevaban piedra ni otra materia, al menos que se viese, estaban las paredes extrañas y vistosas. En lo alto del teatro había setenta o más vigas altas, apartadas unas de otras cuatro o cinco palmos, y llenas de palos cuanto cabían de alto abajo, dejando cierto espacio entre palo y palo. Estos palos hacían muchas aspas por las vigas, y cada tercio de aspa o palo tenía cinco cabezas ensartadas por las sienes. Andrés de Tapia, que me lo dijo, y Gonzalo de Umbría, las contaron un día, y hallaron ciento treinta y seis mil calaveras en las vigas y gradas. Las de las torres no las pudieron contar. Cruel costumbre, por ser de cabezas de hombres degollados en sacrificio, aunque tiene apariencia de humanidad por el recuerdo que pone de la muerte. También hay personas encargadas de que al caerse una calavera, pongan otra en su lugar, y así nunca falte aquel número.

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