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Datos principales


Desarrollo


El mar de Cortés, que también llaman Bermejo Por el mes de mayo del mismo año de 1539, envió Cortés otros tres navíos muy bien armados y abastecidos, con Francisco de Ulloa, que ya había vuelto con todos los demás, para seguir la costa de Culuacan, que vuelve al norte. Se llamaban aquellos navíos santa Águeda, la Trinidad y Santo Tomás. Partieron de Acapulco; tocaron en Santiago de Buena Esperanza para tomar algunas vituallas; del Guayabal atravesaron a California en busca de uno de los navíos, y de allí volvieron a pasar aquel mar de Cortés, que otros llamaban Bermejo, y siguieron la costa más de doscientas leguas hasta donde muere, que llamaron ancón de San Andrés, por llegar allí en su día. Tomó Francisco de Ulloa posesión de aquella tierra por el rey de Castilla, en nombre de Hernán Cortés. Está aquel ancón a treinta y dos grados de altura, y aun algo más; es allí el mar rojo, y crece y mengua muy ordenadamente. Hay por aquella costa muchos volcanejos, y están los cerros helados; es tierra pobre. Se halló rastro de carneros, es decir, cuernos grandes, pesados y muy retorcidos. Andan muchas ballenas por este mar; pescan en él con anzuelos de espinas de árboles y de huesos de tortugas, pues las hay muchas y muy grandes. Andan los hombres desnudos y trasquilados, como los otomíes de Nueva España; llevan en los pechos unas conchas relucientes como de nácar. Los vasos de tener agua son buches de lobos marinos, aunque también los tienen de barro muy bueno.

Del ancón de San Andrés, siguiendo la otra costa, llegaron a California, doblaron la punta, se metieron por entre la tierra y unas islas, y anduvieron hasta emparejar con el ancón de San Andrés. Nombraron aquella punta el cabo del Engaño, y dieron la vuelta para Nueva España, por hallar vientos muy contrarios y acabárseles los bastimentos. Estuvieron en este viaje un año entero, y no trajeron nueva de ninguna tierra buena; más fue el ruido que las nueces. Pensaba Hernán Cortés hallar por aquella costa y mar otra Nueva España; pero no hizo más de lo que tengo dicho, con tanta nao como armó, aunque fue allá él mismo. Se cree que hay grandes islas y muy ricas entre Nueva España y la Especiería. Gastó doscientos mil ducados, según la cuenta que daba, en estos descubrimientos; pues envió muchas más naos y gente de lo que al principio pensó, y fueron causa, como después diremos, de que hubiese de volver a España, coger enemistad con el virrey don Antonio, y tener pleito con el Rey sobre sus vasallos; pero jamás nadie gastó con tanto ánimo en semejantes empresas.

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