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Datos principales


Desarrollo


Cómo salió Moctezuma a recibir a Cortés De Iztacpalapan a México hay dos leguas por una calzada muy ancha, por la que holgadamente van ocho caballos por ella a la par, y tan recta como hecha por nivel, y quien tenía buena vista alcanzaba a ver las puertas de México. A ambos lados de ella están Mixicalcinco, que tiene cerca de cuatro mil casas, toda dentro del agua; Coloacan, de seis mil, y Vicilopuchtli, de cinco. Tienen estas ciudades muchos templos, con tantas torres, que las hermosean, y gran comercio de sal, porque allí la hacen y venden, o llevan fuera a ferias y mercados. Sacan agua de la laguna, que es salada, por arroyuelos a hoyos de tierra, y en ellos se cuaja; y así hacen pelotas y panes de sal, y también la cuecen, y es mejor, pero más embarazosa. Era gran renta para Moctezuma. En esta calzada hay, de trecho en trecho, puentes levadizos sobre los ojos por donde corre el agua de una a otra laguna. Por esta calzada fue Cortés con sus cuatrocientos compañeros, y otros seis mil indios amigos, de los pueblos que atrás pacificó. Apenas podía andar, con la apretura de la mucha gente que salía a ver a los españoles. Llegó cerca de la ciudad, donde se junta esta calzada con otra, y donde hay un baluarte y fuerte grande, de piedra, dos estados de alto, con dos torres a los lados, y en medio un pretil almenado y dos puertas; fuerza muy fuerte. Aquí salieron cuatro mil caballeros cortesanos y ciudadanos a recibirle, vestidos ricamente a su usanza, y todos de la misma manera.

Cada uno, cuando llegaba Cortés, tocaba con su mano derecha en tierra, la besaba, se humillaba, y pasaba adelante por el orden en que venían. Tardaron una hora en esto, y fue cosa digna de mirar. Desde el baluarte sigue todavía la calzada, y tiene, antes de entrar en la calle, un puente levadizo de madera, de diez pasos de ancho, por el ojo del cual corre el agua y entra de uno en otro. Hasta este puente salió Moctezuma a recibir a Cortés, debajo de un palio de pluma verde y oro, con mucha argentería colgando, que llevaban cuatro señores sobre sus cabezas. Le llevaban del brazo Cueltlauac y Cacamacín, sobrinos suyos y grandes príncipes. Venían los tres ataviados de una manera riquísima, excepto que el señor llevaba unos zapatos de oro y piedras engastadas, que solamente eran las suelas prendidas con correas, como se pintan a lo antiguo. Andaban criados suyos de dos en dos, poniendo y quitando mantas por el suelo, para que no pisase en la tierra. Seguían luego doscientos señores como en procesión, todos calzados, y con ropa de más rica librea que los tres mil primeros. Moctezuma venía por en medio de la calle, y estos otros detrás y arrimados cuanto podían a las paredes, con los ojos en tierra, para no mirarle a la cara, que es desacato. Cortés se apeó del caballo, y cuando se juntaron, le fue a abrazar según nuestra costumbre. Los que le llevaban del brazo le detuvieron, para que no llegase hasta él, pues era pecado tocarle; saludáronse, sin embargo, y Cortés le echó entonces al cuello un collar de margaritas y diamantes y otras piezas de vidrio.

Moctezuma se fue adelante con uno de los sobrinos, y mandó al otro que llevase de la mano a Cortés inmediatamente detrás de él y por en medio de la calle. Al comenzar a marchar llegaron los de la librea uno a uno, a hablarle y darle el parabién de su llegada, y tocando la tierra con la mano pasaban y se volvían en orden a su sitio. No hubiesen acabado aquel día si todos los de la ciudad les hubieran, como querían, saludado; mas como el rey iba delante, volvían todos la cara a la pared, y no se atrevían a llegar a Cortés. A Moctezuma le gustó el collar de vidrio, y por no tomar sin dar mejor, como gran príncipe, mandó entonces traer dos collares de camarones encarnados, gruesos como caracoles, y que allí aprecian mucho, y de cada uno de ellos colgaban ocho camarones de oro, de labor perfectísima, y de a jeme cada uno, y se los puso al cuello con sus propias manos, que tuvieron como grandísimo favor, y se sorprendieron de ello. Ya en esto acababan de pasar por la calle, que tiene un tercio de legua, ancha, recta y muy hermosa, y llena de casas por ambas aceras; en cuyas puertas, ventanas y azoteas había tanta gente para ver a los españoles, que no sé quién se maravillaba más, si los nuestros de ver tanta muchedumbre de hombres y mujeres que aquella ciudad tenía, o ellos de la artillería, caballos, barbas y traje de hombres que nunca vieran. Llegaron, pues, a un patio grande, recamara de ídolos, que eran casas de Axaiaca. A la puerta tomó Moctezuma de la mano a Cortés y lo metió dentro de una gran sala; lo puso en un rico estrado, y le dijo: "En vuestra casa estáis; comed, descansad y haced placer; que luego torno". Tal como habéis oído fue el recibimiento que a Hernán Cortés hizo Moctezuma, rey poderosísimo, en su gran ciudad de México, a 8 días del mes de noviembre del año 1519 que Cristo nació.

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