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Datos principales


Desarrollo


Cómo envió Cortés a buscar oro en muchas partes Tenía Cortés mucha gana de saber cuán lejos llegaba el señorío y mando de Moctezuma, y cómo se llevaban con él los reyes y señores comarcanos, y allegar alguna buena suma de oro para enviar a España del quinto al Emperador, con entera relación de tierra, gente y cosas hechas; y por tanto, rogó a Moctezuma te dijese y mostrase las minas de donde él y los suyos tenían el oro y plata. Él dijo que le complacía, y en seguida nombró ocho indios, cuatro de ellos plateros y conocedores del mineral, y los otros cuatro que sabían la tierra a donde los quería enviar; y les mandó que de dos en dos fuesen a cuatro provincias, que son Zuzolla, Malinaltepec, Tenich y Tututepec, con otros ocho españoles que Cortés dio, a conocer los ríos y minas de oro y traer muestra de ello. Partieron aquellos ocho españoles y ocho indios con señas de Moctezuma. A los que fueron a Zuzolla, que está a ochenta leguas de México y son vasallos suyos, les mostraron tres ríos con oro, y de todo les dieron muestra de ello, mas poco, porque sacan poco, por falta de aparejos y maña o codicia. Estos, para ir y volver, pasaron por tres provincias muy pobladas y de buenos edificios y tierra fértil; y la gente de una de ellas, que se llama Tlamacolopan, es muy razonable y va mejor vestida que la mexicana. Los que fueron a Malinaltepec, a setenta leguas, trajeron también muestras de oro que los naturales sacan de un gran río que atraviesa por aquella provincia.

A los que fueron a Tenich, que está río arriba de Malinaltepec, y es de otro lenguaje diferente, no dejaba entrar ni tomar razón de lo que buscaban el señor de ella, que llaman Coatelicamatl, porque ni reconoce a Moctezuma ni es amigo suyo, y pensaba que iban como espías. Mas como le informaron quiénes eran los españoles, dijo que se fuesen los mexicanos fuera de su tierra, y los españoles que hiciesen el mandato a que venían, para que llevasen recado a su capitán. Cuando vieron esto los de México, pusieron mal corazón a los españoles, diciendo que era malo aquel señor y cruel, y que los mataría. Algo dudaron los nuestros de hablar a Coatelicamatl, aunque ya tenían licencia, con lo que sus compañeros decían, y porque andaban los de la tierra armados y con unas lanzas de veinticinco palmos, y aun algunos de a treinta. Mas al cabo entraron, porque hubiese sido cobardía no hacerlo y dar que sospechar de sí y que los mataran. Coatelicamatl los recibió muy bien, les hizo mostrar luego siete u ocho ríos, de los cuales sacaron oro en su presencia y les dieron la muestra para traer, y envió embajadores a Cortés ofreciéndole su tierra y persona, y algunas mantas y joyas de oro. Cortés se alegró más de la embajada que del presente, por ver que los contrarios de Moctezuma deseaban su amistad. A Moctezuma y los suyos no les agradaba mucho, porque Coatelicamatl, aunque no es gran señor, tiene gente guerrera y tierra áspera de sierras. Los otros que fueron a Tututepec, que está cerca del mar y a doce leguas de Malinaltepec, volvieron con la muestra del oro de dos ríos que anduvieron, y con noticias de estar aquella tierra preparada para hacer en ella estancias y sacarlo; por lo cual rogó Cortés a Moctezuma que les hiciese allí una a nombre del Emperador.

Él mandó en seguida ir allá oficiales y trabajadores, y al cabo de dos meses estaba hecha una casa grande, con otras tres pequeñas alrededor, para servicio, y en ella un estanque de peces con quinientos patos para pluma, que pelan muchas veces al año para mantas; mil quinientos gallipavos, y tanto ajuar y aderezos de casa en todas ellas, que valía veinte mil castellanos. Había asimismo sesenta fanegas sembradas de centli, diez de judías, y dos mil pies de cacauatlh o cacao, que se cría muy bien por allí. Se comenzó esta granjería, mas no se acabó con la llegada de Pánfilo de Narváez y con la revuelta de México que se siguieron. Le rogó también que le dijese si en la costa de su tierra, que está a este mar, había algún buen puerto en donde las naves de España pudiesen estar seguras. Dijo que no lo sabía, mas que lo preguntaría o lo enviaría a saber. Y así, hizo entonces pintar en lienzo de algodón toda aquella costa, con cuantos ríos, bahías, ancones y cabos había en lo que era suyo; y en todo lo pintado y trazado no aparecía cala ni cosa segura, sino un gran ancón que está entre las sierras que ahora llaman de San Martín y San Antón, en la provincia de Coazacoalco, y hasta los pilotos españoles pensaron que era un estrecho para ir a las Molucas y Especiería. Mas, empero, estaban muy engañados, y creían lo que deseaban. Cortés nombró diez españoles, todos pilotos y gente de mar, para que fuesen con los que Moctezuma daba, pues hacia tan bien la costa del camino.

Partieron, pues, los diez españoles con los criados de Moctezuma, y fueron a dar a Chalchicocca, donde habían desembarcado, que ahora se dice San Juan de Ulúa. Anduvieron setenta leguas de costa sin hallar ancón ni río, aunque tropezaron con muchos, que fuese sondable y bueno para naos. Llegaron a Coazacoalco, y el señor de aquel río y provincia, llamado Tuchintlec, aunque enemigo de Moctezuma, recibió a los españoles porque ya sabía de ellos desde cuando estuvieron en Potonchan, y les dio barcas para mirar y sondear el río. Ellos lo midieron, y, hallaron seis brazas por el sitio más hondo. Subieron por él arriba, doce leguas. Es su ribera de grandes poblaciones, y fértil a lo que parecía. Tuchintlec envió a Cortés con aquellos españoles algunas cosas de oro, piedras, ropas de algodón, de pluma, de cuero, y trigues, y a decir que quería ser su amigo y tributario del Emperador de un tanto cada año, con tal que los de Culúa no entrasen en su territorio. Mucha alegría tuvo Cortés con este mensaje, y de que se hubiese hallado aquel río, pues decían los marineros que desde el río de Grijalva hasta el de Pánuco no había río bueno; mas creo que también se engañaron. Volvió a enviar allá algunos de aquellos mismos españoles con cosas de España para el Tuchintlec, y a que se enterasen mejor de su voluntad, y de la comodidad de la tierra y del puerto bien por entero. Fueron y volvieron muy contentos y seguros de todo; y así, despachó entonces Cortés allí a Juan Velázquez de León por capitán de ciento cincuenta españoles, para que poblase e hiciese una fortaleza.

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