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Desarrollo


CAPÍTULO XXIII De la tierra que se ignora, y de la diversidad de un día entero entre orientales y occidentales Hay grandes conjeturas que en la zona temperata, que está al polo Antártico hay tierras prósperas y grandes, mas hasta hoy día no están descubiertas ni se sabe de otra tierra en aquella zona, sino es la de Chile y algún pedazo de la que corre de Etiopía al Cabo de Buena Esperanza, como en el primer libro se dijo. En las otras dos zonas polares, tampoco se sabe si hay habitación ni si llega allá por la banda del polo Antártico o Sur, la tierra que cae pasado el Estrecho de Magallanes, porque lo más alto que se ha conocido de ella es en cincuenta y seis grados, como está arriba dicho. Tampoco se sabe por la banda del polo Ártico o Norte, adonde llega la tierra que corre sobre el cabo Mendocino y Californias, ni el fin y término de la Florida, ni qué tanto se extiende al Occidente. Poco ha que se ha descubierto gran tierra que llaman el Nuevo México, donde dicen hay mucha gente y hablan la lengua mexicana. Las Filipinas e islas consecuentes, según personas pláticas de ellas refieren, corren más de novecientas leguas; pues tratar de la China y Cochinchina y Siam, y las demás provincias que tocan a la India Oriental, es cosa infinita y ajena de mi intención, que es sólo de las Indias Occidentales. En la misma América, cuyos términos por todas partes se saben, no se sabe la mayor parte de ella, que es lo que cae entre el Pirú y Brasil, y hay diversas opiniones de unos que dicen que toda es tierra anegadiza, llena de lagunas y pantanos, y de otros que afirman haber allí grandes y floridos reinos, y fabrican allí el Paitití, y el Dorado y los Césares, y dicen haber cosas maravillosas.

A uno de nuestra Compañía, persona fidedigna, oí yo que él había visto grandes poblaciones y caminos tan abiertos y trillados como de Salamanca a Valladolid; y esto fue cuando se hizo la entrada o descubrimiento por el gran río de las Amazonas o Marañón, por Pedro de Orsúa, y después otros que le sucedieron; y creyendo que el Dorado que buscaban, estaba adelante, no quisieron poblar allí, y después se quedaron sin el Dorado (que nunca hallaron) y sin aquella gran provincia que dejaron. En efecto es cosa hasta hoy oculta la habitación de la América, excepto los extremos, que son el Pirú y Brasil, y donde viene a angostarse la tierra, que es el río de la Plata, y después Tucumán, dando vuelta a Chile y a los Charcas. Agora últimamente, por cartas de los nuestros que andan en Santacruz de la Sierra, se tiene por relación fresca que se van descubriendo grandes provincias y poblaciones en aquellas partes que caen entre el Pirú y Brasil. Esto descubrirá el tiempo, que según es la diligencia y osadía de rodear el mundo por una y otra parte, podemos bien creer que como se ha descubierto lo de hasta aquí, se descubrirá lo que resta, para que el santo Evangelio sea anunciado en el universo mundo, pues se han ya topado por Oriente y Poniente haciendo círculo perfecto del universo, las dos coronas de Portugal y Castilla, hasta juntar sus descubrimientos, que cierto es cosa de consideración que por el Oriente hayan los unos llegado hasta la China y Japón, y por el Poniente los otros a las Filipinas, que están vecinas y cuasi pegadas con la China.

Porque de la isla de Luzón, que es la principal de las Filipinas, en donde está la ciudad de Manila, hasta Macán, que es la isla de Cantón, no hay sino ochenta o cien leguas de mar en medio. Y es cosa maravillosa que con haber tan poca distancia, traen un día entero de diferencia en su cuenta, de suerte que en Macán es domingo al mismo tiempo que en Manila es sábado, y así en lo demás, siempre los de Macán y la China llevan un día delantero, y los de las Filipinas le llevan atrasado. Acaeció al padre Alonso Sánchez (de quien arriba se ha hecho mención) que yendo de las Filipinas, llegó a Macán en dos de mayo, según su cuenta, y queriendo rezar de San Atanasio, halló que se celebraba la fiesta de la invención de la cruz, porque contaban allí tres de mayo. Lo mismo le sucedió otra vez que hizo viaje allá. A algunos ha maravillado esta variedad, y les parece que es yerro de los unos o de los otros; y no lo es sino cuenta verdadera y bien observada. Porque según los diferentes caminos por donde han ido los unos y los otros, es forzoso cuando se encuentran, tener un día de diferencia. La razón de esto es porque los que navegan de Occidente a Oriente, van siempre ganando día, porque el sol les va saliendo más presto; los que navegan de Oriente a Poniente al revés, van siempre perdiendo día o atrasándose, porque el sol les va saliendo más tarde, y según lo que más se van llegando a Oriente o a Poniente, así es el tener el día más temprano o más tarde.

En el Pirú, que es Occidental respecto de España, van más de seis horas traseros, de modo que cuando en España es medio día, amanece en el Pirú y cuando amanece acá, es allá media noche. La prueba de esto he yo hecho palpable por computación de eclipses de sol y de la luna. Agora pues, los potugueses han hecho su navegación de Poniente a Oriente, los castellanos de Oriente a Poniente; cuando se han venido a juntar (que es en las Filipinas y Macán) los unos han ganado doce horas de delantera, los otros han perdido otras tantas; y así a un mismo punto y a un mismo tiempo, hallan la diferencia de veinte y cuatro horas, que es día entero; y por eso forzoso los unos están en tres de mayo cuando los otros cuentan a dos. Y los unos ayunan sábado santo y los otros comen carne en día de Resurrección. Y si fingiésemos que pasasen adelante, cercando otra vez al mundo y llevando su cuenta, cuando se tornasen a juntar se llevarían dos días de diferencia en su cuenta; porque como he dicho, los que van al nacimiento del sol, van contando el día más temprano, como les va saliendo más presto, y los que van al Ocaso, al revés, van contando el día más tarde como les va saliendo más tarde. Finalmente, la diversidad de los meridianos hace la diversa cuenta de los días, y como los que van navegando a Oriente o Poniente, van mudando meridiano sin sentirlo, y por otra parte van prosiguiendo en la misma cuenta en que se hallan cuando salen, es necesario que cuando hayan dado vuelta entera al mundo, se hallen con yerro de un día entero.

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