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Datos principales


Desarrollo


Capítulo V Del gobierno que hoy tiene el reino del Perú Tiene la Majestad real en el Reino del Perú un lugarteniente suyo con título de virrey, y que representa su persona y autoridad real con amplísimos y bastantes poderes, para gobernar el Reino en paz y justicia y en las ocasiones de guerra, en tierra y mar, que se ofrecieren, para hacer mercedes de encomendar indios, y dar repartimientos a los que se hubieren señalado en el servicio de su Rey, y a los descendientes de los conquistadores y descubridores del Reino. Da los oficios y corregimientos de indios y de españoles y demás justicias necesarias al gobierno. Reparte indios para las labores y de las tierras, sementeras y estancias, crías de ganado mayor y menor, tiene de salario cuarenta mil pesos ensayados, y cuarenta alabarderos con su capitán y teniente que asisten cerca de su persona, y le acompañan, siendo servido, acatado y respetado en todo el Reino conforme la persona real, porque así por sus reales cédulas lo manda el Rey y que sea recibido. Es superior a cuatro o cinco chancillerías, como son la que reside en Panamá, y la que está en la Ciudad de los Reyes, y en la provincia de Quito, y en la Ciudad de la Plata en la provincia de los Charcas, y en el Reino de Chile, donde en lo que toca al gobierno pende dél solo, y a él se acude a las mercedes de oficio y a todos los negocios que se ofrecen. Reside en la Ciudad de los Reyes, como en la mayor, más suntuosa y poblada del Perú. Sustenta una casa de tanto gasto y ser, como cualquiera de los más grandes de España, en aparato y servicio de criados y todas las cosas concernientes a lo que representa.

Ha sido siempre notable el cuidado que han tenido los Reyes Católicos de España, desde que se descubrió este Reino, en enviar a él visorreyes cristianos y celosos del aumento de la fe católica, y que se divulgue y propague el Evangelio, y de la conservación de los naturales del Reino, junto con el servicio de su Rey. El primero que fue, Blasco Núñez Vela, un muy notable caballero natural de Ávila, veedor de las guardias de Castilla, por cumplir las ordenanzas y leyes, que la Majestad cesárea del Emperador don Carlos hizo para el bien de los indios, pacificación y buen gobierno del Reino, vino a morir en Quito a manos de los tiranos, que les pesaba que en el Reino hubiese justicia ni se guardase, siendo su capitán Gonzalo Pizarro. El segundo Visorrey fue don Antonio de Mendoza que, habiéndolo sido de la Nueva España, pasó al Perú. Persona de grandísimo celo y cristiandad, el cual murió en breve; y en su ausencia brotó la rebelión de Francisco Hernández Girón. El tercero fue don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete y guarda mayor de Cuenca, que, en tres años que vivió, ordenó el Reino, que tan alborotado e inquieto estaba con las tiranías y revoluciones pasadas, disponiendo las cosas, de manera que, después acá, no ha habido alzamiento de consideración, y la Ciudad de los Reyes la empezó a ennoblecer, y dio principio al ser que hoy tiene. Sucedióle en el oficio don Juan de Velasco, conde de Nieva, caballero de grandísima prudencia y valor.

El quinto fue don Francisco de Toledo, comendador de Acebuche, del orden militar de Alcántara, hermano del conde de Oropesa, que gobernó el Reino trece años, desde el de mil y quinientos y sesenta y ocho, hasta el de ochenta y uno. Visitóle personalmente la mayor parte de él. Funda la Villa Rica de Oropesa. En las minas de Potosí dio nuevas órdenes y trazas para el beneficio de los metales por azogue, dejando las fundiciones que se usaban de antes, con que añadió a la riqueza del Rey y Reino millones de pesos, y ha sido de manera que las barras, que antiguamente se hacían y eran de docientos y cincuenta pesos ensayados, ya no bajan de quinientos y aún más. Finalmente dispuso y ordenó el gobierno del Reino para españoles e indios con tanta prudencia, rectitud y celo, que hasta la fin del mundo durará su memoria en el Perú, mediante las ordenanzas que compuso, que están por la Majestad Real mandadas guardar. El año de mil y quinientos y ochenta y uno, vino al Perú don Martín Enríquez, caballero principalísimo, natural de Zamora, después de haber muchos años sido virrey en México. Vivió en el Perú casi dos años, habiendo sido padre de pobres, viudas y huérfanos, y gastado toda su hacienda en remediar necesidades, en casar doncellas y vestir desnudos, y por su fin le sucedió don Fernando de Torres y Portugal, caballero muy noble y de gran autoridad y, sobre todo, muy cristiano, que gobernó cuatro años. Después, el de mil y quinientos y ochenta y nueve, entró en el Reino don García Hurtado de Mendoza, que luego heredó el marquesado de Cañete a su hermano don Diego, hijo de don Andrés Hurtado de Mendoza, que había sido virrey en este Reino, el cual por mandado de su padre, siendo de solo veinte años, fue al Reino de Chile, alborotado y diviso, cuando los indios de Arauco la primera vez se alzaron, matando a Pedro de Valdivia, su conquistador y gobernador.

En tres años que allá estuvo, sosegó y pacificó y allanó a los indios con prudencia de viejo, y valor y bríos de mozo, se suerte que casi fue adorado de ellos, y le vinieron a llamar San García. Rigió este Reino siete años, perfeccionando muchas cosas que lo requerían, y dando autoridad a la justicia. Tras él, vino de México donde había sodo virrey, don Luis de Velasco, caballero del hábito de Santiago, hombre de gran autoridad, prudencia y rectitud, y que con notable suvidad gobernó el Reino, sin queja de nadie. El décimo vizorrey fue don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey, que primero gobernó en México, varón de grandísima prudencia y piedad, verdaderamente cristiano y merecedor del señorío de un mundo entero, el cual, sin duda, pusiera el Reino del Perú en todo el extremo de justicia y rectitud posible, remediando millones de abusos, si la muerte no le impidiera los pasos, con general lástima y sentimiento de todos los buenos, a poco más de un año que entrara en el Perú. Sucedióle don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros y del Castillo de Bayuela, del hábito de Santiago, que también vino de México, del cual no se pueden tener al presente menos esperanzas de cristiandad y justicia y rectitud, que de cualquiera de sus pasados, que más en el Reino se aventajaron. Todos estos vizorreyes, el principal intento que han tenido y tienen después del aumento de la fe católica romana y servicio real, es el bien, conservación y crecimiento de los indios naturales del Reino, haciendo cada día y ordenando nuevas leyes y establecimientos, que todas tiran al favor de los indios, y a que sean desagraviados y amparados de las personas que viven entre ellos, y sólo atienden al pro y utilidad suya, y enriquecer, y así cada día se les van relevando multitud de cargas pesadas, que la codicia de muchos había introducido. El último que hoy gobierna y es virrey, es don Francisco de Borja, del hábito de Santiago, príncipe de Esquilache y conde de Mayalde, y de la cámara de su Majestad, que su raro entendimiento y ejemplar vida prometen la felicidad de su gobierno.

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