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Desarrollo


Capítulo V 219 De cómo y cuándo se comenzó en la Nueva España el sacramento de la penitencia y confesión, y de la restitución que hacen los indios 220 De los que reciben el sacramento de la penitencia ha habido y cada día pasan cosas notables, y las más y casi todas son notorias a los confesores, por las cuales conocen la gran misericordia y bondad de Dios que así trae a los pecadores a verdadera penitencia; para en testimonio de lo cual, contaré algunas cosas que he visto, y otras que me han contado personas dignas de todo crédito. 221 Comenzóse este sacramento en la Nueva España en el año de 1526, en la provincia de Tezcuco, y con mucho trabajo, porque como era gente nueva en la fe, apenas se les podía dar a entender qué cosa era este sacramento; hasta que poco a poco han venido a se confesar bien y verdaderamente, como adelante parecerá. Algunos que ya saben escribir traen sus pecados puestos por escrito, con muchas particularidades de circunstancias, y esto no lo hacen una vez en el año, sino en las pascuas y fiestas principales, y aun muchos hay que si se sienten con algunos pecados se confiesan más a menudo, y por esta causa son muchos los que se vienen a confesar; mas como los confesores son pocos, andan los indios de un monasterio en otro buscando quién los confiese, y no tienen en nada irse a confesar quince o veinte leguas; y si en alguna parte hallan confesores, luego hacen senda como hormigas; esto es cosa muy ordinaria, en especial en la cuaresma, porque el que así no lo hace no le parece que es cristiano.

222 De los primeros pueblos que salieron a buscar este sacramento de la penitencia fueron los de Teoacan, que iban muchos hasta Huexuzinco, que son veinte y cinco leguas, a se confesar: éstos trabajaron mucho hasta que llevaron frailes a su pueblo, y hase hecho allí un muy buen monasterio, y que ha hecho mucho provecho en todos los pueblos de la comarca, porque este pueblo de Teoacan está de México cuarenta leguas, y está en frontera de muchos pueblos, asentados a el pie de unas sierras y de allí se visitan muchos pueblos y provincias. Esta gente es docible y muy sincera, y de buena condición, más que no la mexicana; bien así como en España, en Castilla la Vieja y más hacia Burgos, son más afables y de bene indolis y parece otra masa de gente, que desde Ciudad Rodrigo hacia Extremadura y el Andalucía, que es gente más recatada y más resabida; así se puede acá decir, que los mexicanos y sus comarcas, son como extremeños, y andaluces, y los mixtecas, zapotecas, pinomes, mazatecas, teotlitecas, mijes, éstos digo que son más obedientes, mansos y bien acondicionados, y dispuestos para todo acto virtuoso; por lo cual aquel monasterio de Teoacan ha causado gran bien. Habría mucho que decir de los pueblos y provincias que han venido a él cargados con grandísima cantidad de ídolos, que han sido tantos que ha sido una cosa de admiración. 223 Entre los muchos que allí vinieron vino una señora de un pueblo llamado Tecziztepec, con muchas cargas de ídolos, que traía para que los quemasen, y para que la enseñasen y dijesen lo que tenía que hacer para servir a Dios, la cual después de ser enseñada recibió el bautismo, y dijo: "que no se quería volver a su casa hasta que hubiese dado gracias a Dios por el beneficio y merced que la había hecho en dejarla y alumbrarla para que le conociese", y determinóse de estar allí algunos días para aprender algo e ir mejor informada en la fe.

Había esta señora traído consigo dos hijos suyos a lo mismo que ella vino, y a el que heredaba el mayorazgo mandó que se enseñase, no sólo para lo que a él tocaba, sino también para que enseñase y diese ejemplo a sus vasallos. Pues estando esta señora y nueva cristiana en tan buena obra ocupada, y con gran deseo de servir a Dios, adoleció, de la cual enfermedad murió en breve término, llamando a Dios y a Santa María, y demandando perdón de sus pecados. 224 Después en este pueblo de Teoacan en el año de 1540, el día de Pascua de la Resurrección, vi una cosa muy de notar, y es que vinieron a oír los oficios divinos de la Semana Santa y a celebrar la fiesta de la Pascua, indios y señores principales de cuarenta provincias y pueblos, y algunos de ellos de cincuenta y sesenta leguas, que ni fueron compelidos ni llamados, y entre otros había de doce naciones y doce lenguas diferentes. Estos todos, después de haber oído los divinos oficios, hacían oración particular a Nuestra Señora de la Concepción, que así se llama aquel monasterio. Estos que así vienen a las fiestas siempre traen consigo muchos para se bautizar, y casar, y confesar, y por esto hay siempre en este monasterio gran concurso de gente. 225 Restituyen muchos de los indios lo que son a cargo, antes que vengan a los pies del confesor, teniendo por mejor pagar aquí, aunque queden pobres, que no en la muerte; y de esto hay cada cuaresma notables cosas, de las cuales diré una que aconteció en los primeros años que se ganó esta tierra.

226 Yéndose un indio a confesar, era en cargo cierta cantidad, y como el confesor le dijese que no podía recibir entera absolución si no restituía primero lo que era en cargo, porque así lo mandaba la ley de Dios y requiere la caridad del prójimo; finalmente luego aquel día trajo diez tejuelos de oro, que cada uno pesaría a cinco o seis pesos, que era la cantidad que él debía, queriendo él más quedar pobre, que no se le negase la absolución, aunque la hacienda que le quedaba no pienso que valía la quinta parte de lo que restituyó, más quiso pasar su trabajo con lo que le quedaba, que no irse sin ser absuelto, y por no esperar en purgatorio a sus hijos o testamentarios que restituyesen por él, lo que él en su vida podía hacer. 227 Un hombre principal, de un pueblo llamado Cuauhquechula, natural, llamado por nombre Juan; éste con su mujer y hijos por espacio de tres años venía por las pascuas y fiestas principales a el monasterio de Huexuzinco, que son ocho leguas; y estaba en cada fiesta de éstas, ocho o diez días, en los cuales él y su mujer se confesaban y recibían el Santo Sacramento, y lo mismo algunos de los que consigo traía, que como era el más principal después del señor, y casado con una señora del linaje del gran Motezuma, señor de México, seguíale mucha gente, así de su casa como otros que se le allegaban por su buen ejemplo, el cual era tanto, que algunas veces venía con él el señor principal con otra mucha gente; de los cuales muchos se bautizaban, otros se desposaban y confesaban, porque en su pueblo no había monasterio, ni lo hubo dende en cuatro años.

Y como en aquel tiempo pocos despertasen del sueño de sus errores, edificábanse mucho, así los naturales como los españoles y maravillábanse tanto de aquel Juan, que decían que les daba gran ejemplo, así en la iglesia como en su posada. Este Juan vino una Pascua de Navidad, y traía hecha una camisa, que entonces no se las vestía más de los que servían en la casa de Dios, y dijo a su confesor: "ves aquí traigo esta camisa para que me la bendigas y me la vistas; y pues que ya tantas veces me he confesado, como tú sabes, querría si te parece que estoy para ello, recibir el Cuerpo de mi Señor Jesucristo, que cierto mi ánima lo desea en gran manera". El confesor como le había confesado muchas veces y conocía la disposición que en él había, diole el santo sacramento, tanto por el indio deseado; y cuando confesó y comulgó estaba sano, y luego desde a tres días adoleció y murió brevemente, llamando a Dios y dándole gracias por las mercedes que le había hecho. Fue tenida entre los españoles la muerte de este indio por una cosa muy notada y venida por los secretos juicios de Dios para salvación de su ánima, porque verdaderamente era tenido por buen cristiano, según se había mostrado en muchas buenas obras que en su vida hizo. 228 El señor de este pueblo de Cuauhquechula, que se dice don Martín, procuró mucho de llevar frailes a su pueblo, e hízose un devoto monasterio, aunque pequeño, que ha aprovechado mucho, porque la gente es de buena masa y bien inclinada; vienen allí de muchas partes a recibir los sacramentos.

229 En todas partes y más en esta provincia de Tlaxcala, es cosa muy de notar ver a las personas viejas y cansadas la penitencia que hacen, y cuán bien se quieren entregar en el tiempo que perdieron estando en servicio del demonio. Ayunan muchos viejos la cuaresma, y levántanse cuando oyen la campana de maitines, y hacen oración, y disciplínanse, sin nadie los poner en ello; y los que tienen de qué poder hacer limosna buscan otros pobres para la hacer, en especial en las fiestas; lo cual en el tiempo pasado no se solía hacer, ni había quién mendigase, que el pobre y el enfermo allegábase a algún pariente o a la casa del principal señor, y allí se estaban pasando mucho trabajo, y algunos de ellos se morían allí sin hallar quién los consolase. 230 En esta provincia de Cuauhnauac había un hombre viejo de los principales del pueblo, que se llamaba Pablo, y en el tiempo que yo en aquella casa moré todos le tenían por ejemplo; y en la verdad era persona que ponía freno a los vicios y espuelas a la virtud; éste continuaba mucho la iglesia, y siempre le veían las rodillas desnudas en tierra, y aunque era viejo y todo cano, estaba tan derecho y recio, y a el parecer, como un mancebo; pues perseverando este Pablo en su buen propósito vínose a confesar generalmente, que entonces pocos se confesaban, y luego como se confesó adoleció de su postrera enfermedad, en la cual se tornó a confesar otras dos veces, e hizo testamento, en el cual mandó distribuir con los pobres algunas cosas; el cual hacer de testamento no se acostumbraba en esta tierra, sino que dejaban las casas y heredades a sus hijos, y el mayor, si era hombre, lo poseía y tenía cuidado de sus hermanos y hermanas, y yendo los hermanos creciendo, casándose el hermano mayor partía con ellos según tenía; y si los hijos eran por casar, entrábanse en la hacienda los mismos hermanos, digo en las heredades, y de ellas mantenían a sus sobrinos de la otra hacienda.

Todas las mantas y ropas, los señores y principales después de traídas algunos días, que como son blancas y delgadas presto parecen viejas o se ensucian, guardábanlas; y cuando morían enterrábanlos con ellas, algunos con muchas, otros con pocas, cada uno conforme a quien era. También enterraban con los señores las joyas y piedras y oro que tenían. En otras partes dejábanlas a sus hijos, y si era señor, ya sabían según su costumbre cuál hijo había de heredar; señalaban, empero, algunas veces en la muerte el padre a algún hijo, cuál él quería, para que quedase y heredase el estado, y era luego obedecido; ésta era su manera de hacer testamento. 231 Cuanto a la restitución que estos indios hacen, es muy de notar, porque restituyen los esclavos que tenían antes que fuesen cristianos, y los casan, y ayudan, y dan con qué vivan; pero tampoco se sirven estos indios de sus esclavos con la servidumbre y trabajo que los españoles, porque los tienen casi como libres en sus estancias y heredades, adonde labran cierta parte para sus manos; y parte para sí, y tienen sus casas, y mujeres e hijos, de manera que no tienen tanta servidumbre que por ella se huyan y vayan de sus amos; vendíanse y comprábanse estos esclavos entre ellos, y era costumbre muy usada; ahora como todos son cristianos, apenas se vende indio, antes muchos de los convertidos tornan a buscar a los que vendieron y los rescatan para darles libertad, cuando los pueden haber, y cuando no, hay muchos de ellos que restituyen el precio porque le vendieron.

232 Estando yo escribiendo esto, vino a mí un indio pobre y díjome: "yo soy a cargo de ciertas cosas; ves aquí traigo un tejuelo de oro que valdrá la cantidad; dime cómo y a quién lo tengo de restituir; y también vendí un esclavo días ha, y héle buscado y no le puedo descubrir; aquí tengo el precio de él: ¿bastará darlo a los pobres, o qué me mandas que haga?". Restituyen asimismo las heredades que poseían antes que se convirtiesen, sabiendo que no las pueden tener con buena conciencia, aunque las hayan heredado ni adquirido según sus antiguas costumbres forcibles, y las que son propias suyas y tienen con buen título, reservan a los macehuales o vasallos de muchas imposiciones y tributos que les solían llevar; y los señores y principales procuran mucho que sus macehuales sean buenos cristianos y vivan en la ley de Jesucristo; cumplen muy bien lo que les es mandado en penitencia, por grave cosa que sea, y muchos de ellos hay que si cuando se confiesan no les mandan que se azoten, que les pesa, y ellos mismos dicen al confesor: "¿por qué no me mandas disciplinar?". Porque lo tienen por gran mérito, y así se disciplinan muchos de ellos todos los viernes de la cuaresma, de iglesia en iglesia, y lo mismo hacen en tiempo de falta de agua, y de salud; y adonde yo creo más esto se usa es en esta provincia de Tlaxcala.

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