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Datos principales


Desarrollo


Capítulo primero Del principio que tuvieron los dioses Del principio de los dioses no hay clara ni verdadera relación, ni aun se sabe nada; mas lo que dizen es que hay un lugar que se dize Teutioacan, y allí, de tiempo inmemorial, todos los dioses se juntaron y se hablaron diziendo: "¿Quién ha de governar y regir el mundo? ¿Quién ha de ser el sol?" -y esto ya es platicado en otra parte-. Y al tiempo que nasció y salió el sol todos los dioses murieron y ninguno quedó de ellos, como adelante se dirá en el Libro Séptimo, en el capítulo segundo. Párrapho primero: del nacimiento de Uitzilopuchtli Según lo que dixeron y supieron los naturales viejos del nacimiento y principio del diablo que se dize Uitzilopuchtli, al cual davan muchas honra y acatamiento los mexicanos, es que hay una sierra que se llama Coatépec, junto al pueblo de Tulla, y allí vivía una muger que se llamava Coatlicue, que fue madre de unos indios que se dezían centzonuitznáoa, los cuales tenían una hermana que se llamava Coyolxauhqui. Y la dicha Coatlicue hazía penitencia barriendo cada día en la sierra de Coatépec; y un día acontecióle que andando barriendo descendióle una pelotilla de pluma, como ovillo de hilado, y tomóla y púsola en el seno junto a la barriga debaxo de las naguas; y después de haver barrido quiso tomar y no la halló, de que dizen se empreñó. Y como la vieron los dichos indios centzonuitznáoa a la madre que ya era preñada, se enojaron bravamente, diziendo: "¿Quién la empreñó? Porque nos infamó y avergonçó".

Y la hermana, que se llamava Coyólxauh, dezíales: "Hermanos matemos a nuestra madre, porque nos infamó, haviéndose a hurto empreñado". Y después de haver sabido la dicha Coatlicue, pesóle mucho y atemorizóse, y su criatura hablávale y consolávala, diziendo: "No tengáis miedo, porque yo sé lo que tengo de hazer". Y después de haver oído estas palabras la dicha Coatlicue, quietóse su coraçón y quitósele la pesadumbre que tenía. Y como los dichos indios centzonuitznáoa havían hecho y acabado el consejo de matar a la madre por aquella infamia y deshonra que le havía hecho, estavan enojados mucho juntamente con la hermana que se dezía Coyolxauhqui, la cual les importunava que matassen a su madre Coatlicue, y los dichos indios centzonuitznáoa havían tomado las armas y se armavan para pelear, torciendo y atando sus cabellos, así como hombres valientes. Y uno de ellos que se llamava Cuauitlícac, el cual era como traidor, lo que dezían los dichos indios centzonuitznáoa, luego se lo iva a dezir a Uitzilopuchtli, que aún estava en el vientre de su madre, dándole noticia de ello. Y le respondía diziendo el Uitzilopuchtli: "¡Oh, mi tío! Mira lo que hazen y escucha muy bien lo que dizen, porque yo sé lo que tengo de hazer". Y despúes de haver acabado el consejo de matar a la dicha Coatlicue, los dichos indios centzonuitznáoa fueron a donde estava su madre Coatlicue, y delante iva la hermana suya Coyólxauh y ellos ivan armados con todas armas y papeles, y cascabeles, y dardos en su orden.

Y el dicho Cuauitlícac subió a la sierra a dezir a Uitzilopuchtli cómo ya venían los dichos indios centzonuitznáoa contra él a matarle. Y dixo el Uitzilopuchtli, respondiéndole: "Mirad bien a dónde llegan"; y díxole el dicho Cuauitlícac que ya llegavan a un lugar que se dize Tzompantitlan. Y más preguntó el dicho Uitzilopuchtli al dicho Cuauitlícac, diziéndole: "¿A dónde llegan los indios centzonuitznáoa?" y le dixo el Cuauitlícac que ya llegavan a otro lugar que se dize Coaxalpa. Y más otra vez preguntó el dicho Uitzilopuchtli al dicho Cuauitlícac, diziéndole: "¿A dónde llegavan?" Y respondió diziéndole que ya llegavan a otro lugar que se dize Apétlac. Y más le preguntó el dicho Uitzilopuchtli al dicho Cuauitlícac, diziéndole: "¿A dónde llegavan?" Y le respondió diziéndole que ya llegavan al medio de la sierra. Y más dixo el Uitzilopuchtli, preguntando al dicho Cuauitlícac: "¿A dónde llegavan?" Y le dixo que ya llegavan y estavan ya muy cerca, y delante de ellos venía la dicha Coyolxauhqui. Y en llegando los dichos indios centzonuitznáoa, nasció luego el dicho Uitzilopuchtli, trayendo consigo una rodela que se dize teueuelli, con un dardo y vara de color açul, y en su rostro como pintado, y en la cabeça traía un pelmaço de pluma pegado, y la pierna siniestra delgada y emplumada, y los dos muslos pintados de color açul y también los braços. Y el dicho Uitzilopuchtli dixo a uno que se llamava Tochancalqui que encendiesse una culebra hecha de teas que se llamava xiuhcóatl, y ansí la encendió, y con ella fue herida la dicha Coyólxauh, de que murió hecha pedaços, y la cabeça quedó en aquella sierra que se dize Coatépec y el cuerpo cayóse abaxo hecho pedaços.

Y el dicho Uitzilopuchtli levantóse y armóse y salió contra los dichos centzonuitznáoa, persiguiéndoles y echándoles fuera de aquella sierra que se dize Coatépec, hasta abaxo, peleando contra ellos y cercando cuatro vezes la dicha sierra. Y los dichos indios centzonuitznáoa no se pudieron defender ni valer contra el dicho Uitzilopuchtli, ni le hazer cosa ninguna, y ansí fueron vencidos y muchos de ellos murieron. Y los dichos indios centzonuitznáoa rogavan y suplicavan al dicho Uitzilopuchtli, diziéndole que no les persiguiese y se retrayese de la pelea. Y el dicho Uitzilopuchtli no quiso ni les consintió hasta que casi todos los mató, y muy pocos escaparon, y salieron huyendo de sus manos y fueron a un lugar que se dize Uitztlanpa. Y les quitó y tomó muchos despojos y las armas que traían que se llamavan anecúhyotl. Y el dicho Uitzilopuchtli también se llamava Tetzáuitl, por raçón que dezían que la dicha Coyatlicue se empreñó de una pelotilla de pluma, y no se sabía quién fue su padre. Y los dichos mexicanos lo han tenido en mucho acatamiento y le han servido en muchas cosas, y lo han tenido por dios de la guerra, porque dezían que el dicho Uitzilopuchtli les dava gran favor en la pelea. Y el orden y costumbre que tenían los mexicanos para servir y honrar al dicho Uitzilopuchtli tomaron la que se solía usar y hazer en aquella dicha sierra que se nombra Coatépec. Párrapho segundo: de cómo honravan a Uitzilopuchtli como a dios Ansimismo dizen que el día cuando amasavan y hazían el cuerpo de Uitzilopuchtli para celebrar la fiesta que se llamava panquetzaliztli tomavan semillas de bledos y las limpiavan muy bien, quitando las pajas y apartando otras semillas que se nombran petzícatl y tezcaoauhtli, y las molían delicadamente; y después de haverlas molido, estando la harina muy sutil, amasávanla de que hazían el cuerpo del dicho Uitzilopuchtli.

Y otro día siguiente un hombre, que se llamava Quetzalcóatl, tirava al cuerpo del dicho Uitzilopuchtli con un dardo que tenía un casquillo de piedra y se le metía por el coraçón, estando presente el rey o señor y un privado del dicho Uitzilopuchtli que se llamava teuoa; y más, se hallavan presentes cuatro grandes sacerdotes, y más, otros cuatro principales de los mancebos que tenían cargo de criar los mancebos, los cuales se llamavan telpuchtlatoque. Todos éstos se hallavan presentes cuando matavan el cuerpo de Uitzilopuchtli; y después de haver muerto el dicho Uitzilopuchtli, luego deshazían y desbaratavan el cuerpo de Uitzilopuchtli, que era una masa hecha de semilla de bledos. Y el coraçón de Uitzilopuchtli tomavan para el señor o rey, y todo el cuerpo y pedaços, que eran como huessos del dicho Uitzilopuchtli, en dos partes lo repartían entre los naturales de México y Tlatilulco: los de México, que eran ministros del dicho Uitzilopuchtli, que se llamavan calpules, tomavan cuatro pedaços del cuerpo del dicho Uitzilopuchtli; y otro tanto tomavan los de Tlatilulco, los cuales se llamavan calpules, y ansí de esta manera repartían entre ellos los cuatro pedaços del cuerpo de Uitzilopuchtli, a los indios de dos barrios y a los ministros de los ídolos que se llamavan calpules, los cuales comían el cuerpo de Uitzilopuchtli cada año, según su orden y costumbre que ellos havían tenido. Cada uno comía un pedacito del cuerpo de Uitzilopuchtli, y los que comían eran mancebos y dezían que era cuerpo de dios, que se llamava teucualo, y los que recebían y comían el cuerpo de Uitzilopuchtli se llamavan ministros de dios.

Párrapho tercero: de la penitencia a que se obligavan los que recibían el cuerpo de Uitzilopuchtli Los mancebos que recibían y comían el cuerpo del dicho Uitzilopuchtli obligávanse a servir un año, y cada noche encendían y gastavan mucha cantidad de leña, que era más de dos mil palos y teas, las cuales les costavan diez mantas grandes, que se llaman cuachtli, de que recebían gran agravio y molestia. Cada uno era obligado a pagar una manta grande, que se llama cuachtli, y cinco mantillas pequeñas, que se llaman tecuachtli, y un cesto de maíz y cient maçorcas de maíz. Y los que no podían pagar, que se sentían muy agraviados del dicho tributo, se ausentavan, y algunos determinávanse a morir en la guerra en poder de los enemigos. Y como los dichos mancebos sabían que ya acabavan y cumplían el servicio y penitencia a que estavan obligados entre ellos, otra vez recogían otro tributo: cada uno pagava seis mantillas pequeñas, que se llaman tecuachtli, con que compravan teas y leña y todo lo que era necessario para lavar al dicho Uitzilopuchtli, al fin del año. Y el día cuando lavavan al dicho Uitzilopuchtli era medianoche, y antes que le lavassen primero hazían processión que se llamava necocololo. Y uno se vestía con el vestido del dicho Uitzilopuchtli, el cual se llamava iyópuch, y iva bailando en persona de Uitzilopuchtli, y delante de él iva uno que se llamava Uitznáoac tiáchcauh y en pos de él ivan todos los principales de los mancebos que se llaman tiachcauhtlatoque, y hombres valientes y otra gente, todos juntos detrás, con candelas de teas hasta el lugar donde se lavava el dicho Uitzilopuchtli, que se llamava Ayauhcalco; y le tañían flautas y luego le asentavan al dicho Uitzilopuchtli.

Y el privado del dicho Uitzilopuchtli, que se llamava teuoa, tomava el agua con una xícara de calabaça pintada de color açul, cuatro vezes, y le ponía delante con cuatro cañas verdes y le lavava la cara al dicho Uitzilopuchtli y todo el cuerpo. Y después de lavado, el que se vestía del vestido del dicho Uitzilopuchtli tomava otra vez la estatua del dicho Uitzilopuchtli, tañendo las flautas y la llevava hasta la poner y assentar en el cu. Y ansí después de haver puesto la estatua del dicho Uitzilopuchtli, luego se salían todos y se ivan a sus casas, y de esta manera se acabava el servicio y penitencia de los que comían el cuerpo del dicho Uitzilopuchtli, que se llaman teucuaque, de aquel año. Párrapho cuarto: de otro tributo asaz pesado que pagavan los que comían el cuerpo de Uitzilopuchtli En acabando el dicho año, luego començavan otros mancebos a se obligar a servir y hazer penitencia, según la orden y costumbre que tenían de comer y recebir el cuerpo del dicho Uitzilopuchtli. Y juntamente los ministros de los ídolos, que se llaman calpules, hazían gran servicio y penitencia de que recebían grandíssimo agravio y fatiga que no se podía sufrir, porque cada noche de todo el año gastavan y consumían mucha y demasiada cantidad de leña y teas, muy estremadas, y axí y tomates y sal y pepitas y almendras de cacao y comida. Y cuando les faltava con qué comprar las cosas necessarias, con sus mantas con que se vestían compravan o pedían alguna cosa prestada, o vendían las tierras de regadío o del monte que eran adjudicadas a los ídolos a quien servían.

Y quien no podía pagar el tributo, luego dexava las tierras; y al tiempo que sabían que ya cumplían y acabavan la penitencia y servicio a que estavan obligados a servir al dicho Uitzilopuchtli, se lavavan y limpiavan y hazían comida de fiesta: tamales y unas ollas bien guisadas, o matavan un perrito que comían, y se emborrachavan por raçón que havían cumplido el servicio y penitencia a que estavan obligados, porque les parecía el tributo asaz pesado, como una carga que apenas se podía llevar. Y ansí después se holgavan mucho, porque ya estavan libres del gran trabajo y agravio; y dormían quieta y pacíficamente, y libremente buscavan la vida, y trabajavan de pescar o beneficiavan magueyales o entendían en algunos tratos de mercadería.

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