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Cómo el Almirante fue a la Corte a dar cuenta de sí a los Reyes Católicos Tan luego como los Reyes Católicos supieron la prisión y venida del Almirante, dieron orden, a 17 de Diciembre, de que fuera puesto en libertad, y les escribieron que fuese a Granada, donde fue recibido por Sus Altezas con semblante alegre y dulces palabras, diciéndole que su prisión no había sido hecha con su mandato ni su voluntad, antes les había desagradado mucho, y juzgarían esto de modo que fuesen castigados los culpables, y él enteramente satisfecho. Con estos y otros favores mandaron entonces que se atendiese a su negocio, y, en suma, fue su resolución enviar a la Española un Gobernador que desagraviase al Almirante y a sus hermanos; que Bobadilla fuese obligado a devolverle todo lo que le había tomado; y que se diese al Almirante cuanto le correspondía por sus capitulaciones; que se hiciera proceso acerca de las culpas de los rebeldes y fuesen castigados sus delitos conforme las culpas que hubiesen cometido. Dióse el gobierno a Nicolás de Ovando, comendador de Lares, hombre de buen juicio y prudencia; bien que, como después se vio, apasionado mucho en perjuicio de tercero, pues guiaba sus pasiones con astucias cautelosas, y daba crédito a los sospechosos y malignos, ejecutando todo con crueldad y ánimo vengativo, de que da testimonio la muerte de 80 caciques en el reino de Xaraguá. Pero, volviendo al Almirante, digo que cuando en Granada acordaron los Reyes Católicos mandar al Comendador Ovando a la Española, les pareció conveniente que fuese el Almirante a otro viaje de que se le siguiese algún provecho y estuviese ocupado hasta que el Comendador sosegase las cosas y tumultos de la Española.

Porque les parecía muy mal tenerle tanto tiempo fuera de su justa posesión, sin causa; pues e la información remitida por Bobadilla en contra suya resultaba la malicia y la falsedad de que estaba llena, y no de cosas porque debiese perder su Estado. Pero porque en la ejecución de esto había alguna dilación, y corría ya el mes de Octubre del año de 1501, y los maliciosos lo dilataban también, hasta ver la nueva información, determinó el Almirante hablar al Rey y pedirle promesa de defenderle y ampararle en sus riesgos, lo que después hizo también por cartas. Y así, cuando estaba para partir al viaje se lo prometieron los Reyes por una carta que contiene las siguientes palabras: "Cuanto a lo otro contenido en vuestros memoriales y letras, tocante a vos, y a vuestros hijos y hermanos, porque como vedes, a causa que Nos estamos en camino, y vos de partida, no se puede entender en ello fasta que paremos de asiento en alguna parte, e si esto hobiésedes de esperar, se perdería el viaje a que agora vais, por esto es mejor, ques, pues de todo lo necesario para vuestro viaje estáis despachado, vos partáis luego sin detenimiento, y quede a vuestro hijo el cargo de solicitar lo contenido en los dichos memoriailes. Y tened por cierto, que de vuestra prisión nos pesó mucho, y bien lo vistes vos y lo cognoscieron todos claramente, pues que luego que lo supimos, lo mandamos remediar; y sabéis el favor con que vos habemos mandado tratar siempre, y agora estamos mucho más en vos honrar y tratar muy bien, y las mercedes que vos tenemos fechas vos serán guardadas enteramente, según forma y tenor de nuestros privilegios, que dellas tenéis, sin ir en cosa contra ellas.

Y vos y vuestros hijos gozaréis dellas, como es razón; y, si necesario fuere confirmarlas de nuevo las confirmaremos, y a vuestro hijo mandaremos poner en la posesión de todo ello, y en más que esto tenemos voluntad de vos honrar y facer mercedes; y de vuestros hijos y hermanos Nos tememos el cuidado que es razón. Y todo esto se podrá facer yéndovos en buena hora, y quedando el cargo a vuestro hijo, como está dicho, y así vos rogamos que en vuestra partida no haya dilación. De Valencia de la Torre a 14 días de Marzo de 502 años. Yo el Rey. Yo la Reina". Estas ofertas y palabras le escribieron los Reyes porque el Almirante estaba resuelto a no empenarse mas en las cosas de Indias, y descargar de ellas en mi hermano; lo que pensaba con acierto, porque decía que si los servicios que llevaba hechos no bastaban para castigar la maldad de aquella gente, menos los que hiciese en adelante; pues lo principal que había ofrecido antes que descubriese las Indias, lo había ya cumplido, que era mostrar que allí había islas y tierra firma, a la parte occidental, que el camino era fácil y navegable, la utilidad manifiesta, y las gentes muy domésticas y desarmadas. De modo que, habiendo probado él mismo todo lo referido, ya no le faltaba más, sino que Sus Altezas siguiesen la empresa, enviando gente que buscase y procurase entender los secretos de aquellos países. Pues estando ya abierta la puerta, cualquiera podría seguir la costa, como hacían algunos que impropiamente se llamaban descubridores, sin considerar que no descubrieron alguna nueva región, sino que siguen la descubierta, después del tiempo en que el Almirante les mostró dichas islas y la provincia de Paria, que fue la primera tierra firme que se halló.

Mas habiendo tenido siempre el Almirante grande inclinación a servir a los Reyes Católicos, y especialmente a la Serenísima Reina, le agrade volver a sus naves, y hacer el viaje que adelante diremos; pues tenía por cierto que cada día se descubrirían cosas de gran riqueza, como había escrito a Sus Altezas el año de 99, hablando así de descubrimiento: "no debe dejarse de continuarlo, porque, a decir la verdad, si no a una hora, se hallará en otra alguna cosa importante". Como ya se ha mostrado con Nueva España y el Perú; bien que entonces, como suele suceder a la mayor parte de los hombres, ninguno creyese lo que decía; pero es cierto que nada dijo que no saliese verdadero, como escriben los Reyes Católicos en una carta que le dirigieron desde Barcelona el 5 de Septiembre del 93.

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