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Desarrollo


Capítulo LX Cómo el marqués don Francisco Pizarro despachó al Cuzco y Pacha Camac y Atao Hualpa mandó matar a su hermano Huascar Ynga De allí a pocos días que Atao Hualpa depachó a su General Quisquis por el rescate dicho, inquiriendo y preguntando algunos secretos de la tierra, para con más comodidad proseguir en el descubrimiento y conquista della, el marqués don Francisco Pizarro, poco a poco tuvo nueva de quién era Huascar Ynga, y cómo era hijo legítimo de Huaina Capac, señor de todo el reino, y las diferencias que los años antes había habido entre Huascar Ynga y Atao Hualpa, y las grandes guerras y batallas que se habían dado, y el poderoso ejército que tenían Quisquis y Chalco Chima en el Cuzco, y de las extrañas crueldades que habían hecho en el Cuzco en los vencidos y en todos los hijos de Huascar Ynga y en sus mujeres y en otros de su linaje y parentela, y en los demás vencidos con tan abominables géneros de muertes, y la destrucción que habían hecho, y robos de todas las riquezas de oro y plata y vajillas de los Yngas. Sabido esto por el marqués, determinó despachar al Cuzco a Villegas y Martín Bueno, a que viesen la tierra y la considerasen con cuidado, tanteando las fuerzas della y los lugares, poblaciones y la fertilidad y disposición para poblar en ella, y que tomando memoria de todo se la trajesen y enviasen, para enviarla a España al Emperador nuestro señor. Y sobre todo tuviesen especial atención a destruir y deshacer el templo del Sol, tan famoso y mentado en este reino, y recoger todas las riquezas que en él había, y se las llevasen luego a Caja Marca, que en esto estaba puesta la principal parte de su estudio y deseo.

Teniendo también noticia del templo también celebrado de los indios que había en Pacha Camac, a cuatro leguas de la ciudad de los Reyes, envió al capitán Soto y a Pedro del Barco que lo deshiciesen y tomasen las riquezas que allí había y se las trajesen a Cajamarca. Partieron los unos y los otros, con gente y guías, a lo que les fue mandado, y el capitán Soto y Pedro del Barco toparon a Huascar Ynga, y a su madre, y mujer, y Huanca Auqui, y Topa Atao y a los demás hermanos prisioneros, en Taparaco, que con buena guardia y mucha gente los llevaban adonde Atao Hualpa los había mandado ir a su, presencia. Huascar Ynga, sabidos los sucesos de su hermano y cómo quedaba preso en poder de los viracochas, holgóse infinito, pareciéndole que por allí se le abría esperanza de camino para poder salir de la cautividad en que iba y librarse de su hermano, y aun volver a su antiguo ser y majestad por medio de los españoles. Con este ánimo y deseo hizo llamar al capitán Soto y Pedro del Barco y les propuso su negocio y el modo con que iba preso, y cómo habla venido en manos de los capitanes de su hermano Atao Hualpa, y las crueldades extrañas que habían hecho en sus hijos e hijas y mujeres, y cómo lo llevaban por su orden preso, y que estaba receloso que, en llegando a su presencia, lo había de matar con sus hermanos, madre y mujer, que pues ellos iban en nombre del marqués don Francisco Pizarro a Pachacamac, y lo podrían hacer, no dudasen de soltarlo y quitarlo a los que lo llevaban guardado, y lo llevasen a Cajamarca al marqués, volviéndose desde allí, y que no tratasen de buscar oro ni plata ni vajillas, que él se prefería de dar tanta cantidad dello que no quisiesen más, porque la tenía y sabia dónde estaba guardada.

Y el capitán Soto y Pedro del Barco, con la codicia y ansia que llevaban de llegar a Pacha Camac, donde tenían noticia había grandes tesoros, no quisieron volver con él, ni quitarle a los que le llevaban presos, de donde le resultó al desdichado Huascar Ynga acabar breve y miserablemente. En este tiempo, el marqués Pizarro, como se había ido enterando de las cosas y negocios de los dos hermanos, con más fundamento y verdad, y había entendido por cierto, y sin duda, que Huascar Ynga era el legítimo de Huaina Capac y el Señor verdadero de todo el reino, y el Atao Hualpa intruso en él y bastardo, dábale mucha prisa que hiciese traer con brevedad a su hermano Huascar Ynga, que convenía para informarse dél de algunas cosas pertenecientes a su provecho de entrambos. Viendo Atao Hualpa la instancia tan grande que el marqués le hacía por ver a su hermano, y el deseo tan excesivo con que se lo mandaba, pareciéndole que si acaso Huascar Ynga llegaba delante del marqués le había de decir muchas cosas que a él no le estaban bien, y quejarse de su prisión, y proponer su negocio, y justicia, y los agravios que le habían hecho sus capitanes en el Cuzco, de lo cual le resultaría quizás poner en libertad a su hermano, y aun en posesión del reino, privándole a él, y así quedaría abatido. Habiendo conferido estas cosas, urdió una maldad para quitar de por medio a su hermano y asegurarse de los daños e inconvenientes que sospechaba, y así, con grandísimo secreto y diligencia, despachó mensajeros al capitán que lo traía preso con los demás, que donde quiera que le hallase su mandato, luego, sin dilación ninguna, matase a Huascar Ynga y a su madre, mujer y hermanos.

Los mensajeros de Atao Hualpa no fueron perezosos en cumplir su viaje, ni aun el que la desdicha y desventura de Huascar les instaba y apresuraba en el camino, para que acabasen sus trabajos y miserias con el remate dellas, que es la muerte, y así lo hallaron en Anta Marca, que venía caminando, y dieron el recaudo y orden que de Atao Hualpa traían al capitán que guardaba los presos y cuánto convenía que luego se ejecutase, el cual, aunque le pareció cosa grave y ardua por cumplir lo que su Señor Atao Hualpa le mandaba, luego lo puso por obra, y así mató a Huascar Ynga, Rey y Señor verdadero de estos reinos, con harta lástima de ver acabar así a un tan poderoso Rey a manos de un verdugo, que dicen lo ahogó. En él se acabó y feneció la línea recta y verdadera de los Yngas, señores de estos reinos, que eran alzados y coronados por tales con las ceremonias que ellos entre sí usaban desde Manco Ynga, primer Señor del Cuzco, que dio principio a esta noble familia, hasta este Huascar, con que se acabó la generación de los reyes legítima, que fueron doce Yngas y Señores, como en esta historia hemos mostrado. juntamente con Huascar murieron, por la orden dicha, Tito Atauchi, Topa Atao y Huanca Auqui, sus hermanos, y con ellos, Chalco Yupanqui, sacerdote mayor, y Rahua Ocllo, su madre, mujer legítima de Huaina Capac, y Chiqui Huipa, mujer de Huascar, y todos los demás capitanes y principales que habían sido presos en el Cuzco, que fue otra bárbara crueldad como las que habían sido hechas por Quisquis y Chalco Chima, cuando los vencieron.

Y cierto que no sé qué corazón de diamante no se enternecerá considerando las muertes, destrucciones y desdichas y el asolamiento que nació y vino sobre la casa y linaje desde Rey Huascar Ynga, resultado y procedido de la cizaña y discordia que Ullco Colla, cacique de los Cañares, y Ato, capitán, sembraron entre estos dos hermanos, quizás con fin de revolverlos en guerras, y quizás Atao Hualpa nunca tuvo intención ni pensamiento de rebelarse contra su hermano Huascar si ellos no le metieran en ello o, después que lo sintió airado contra sí, el temor de que no le diese la muerte que había a los demás hermanos que de Quito habían subido con el cuerpo de su Padre, y pasar por lo que ellos, le movería a negarle la obediencia. Aunque hasta que él se vio rovocado y que le enviaban a prender a Quito nunca dio señales de lo que en su ánimo tenía, sí lo tuvo, pero todo redundó en mayor desventura y miseria de los dos hermanos, que si Huascar Ynga murió como hemos visto, en Antamarca, por mandado de Atao Hualpa, no le llevó ventaja ni aun de carrera de caballo, muriendo él en Cajamarca, aunque con muerte de más esperanza para la vida eterna, como veremos en el capítulo sesenta y tres.

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