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Datos principales


Desarrollo


Cómo el Almirante descubrió la isla de Jamaica Sábado, a 3 de Mayo, resolvió el Almirante ir desde Cuba a Jamaica, por no dejarla atrás sin saber si era verdadera la farma del mucho oro que, en todas las otras islas, se afirmaba haber en aquélla; y con buen tiempo, estando a la mitad del camino, la divisó el domingo siguiente. El lunes dio fondo junto a ella, y le pareció la más hermosa de cuantas había visto en las Indias; era tanta la multitud de canoas, grandes y pequeñas, y de gente que iba a los navíos, que parecía maravilla. Después, el día siguiente queriendo explorar los puertos, fue por la costa abajo; y habiendo ido las barcas a sondar las bocas de los puertos, salieron tantas canoas y gente armada para defender la tierra, que fueron los nuestros obligados a tornar a los navíos, no tanto porque hubiesen miedo como por no verse precisados a romper la paz con los indios. Pero considerando luego que demostrándoles temor éstos se llenarían de orgullo y se envalentonarían, volvieron a otro puerto de la isla, que el Almirante llamó Puerto Bueno. Como los indios salieron a rechazarlos con sus lanzas, los de las barcas los castigaron de tal modo con sus ballestas, que, habiendo herido a seis o siete, les obligaron a retirarse. Después que cesó la contienda, llegaron de los lugares vecinos infinitas canoas a las naves, muy pacíficamente, para vender y trocar algunas cosas y bastimentos que llevaban, las que daban por la más pequeña baratija que en cambio les fuese ofrecida.

En este puerto, que tiene la forma de una herradura de caballo, se aderezó el navío donde iba el Almirante, porque tenía una grieta y entraba por allí el agua; una vez arreglado, viernes a 9 de Mayo, desplegó velas siguiendo la costa de abajo hacia el Poniente, tan cercano a tierra que le seguían los indios en sus canoas, con deseo de cambiar y tener algunas de nuestras cosas. Como los vientos eran algo contrarios, no podía el Almirante caminar lo que deseaba; hasta que, el martes, a 13 de Mayo, acordó volver a la isla de Cuba, para seguir la costa Sur de ésta, con ánimo de no volver hasta que hubiese navegado 500 o 600 leguas de aquélla, y adquiriese la certeza de si era isla o tierra firme. Salido en dicho día de Jamaica, llegó a los navíos un indio muy joven, diciendo que se quería ir a Castilla. En pos de él fueron muchos parientes suyos y otras personas en sus canoas, rogándole con grande instancia que se volviese a la isla; mas no pudieron apartarlo de su resolución; lejos de esto, por no ver las lágrimas y los gemidos de sus hermanas, se fue a lugar donde nadie podía verle. Maravillado el Almirante de la firmeza de este indio, mandó que fuese muy bien tratado.

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