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Desarrollo


Cómo antiguamente tuvieron una esmeralda por dios, en que adoraban los indios de Manta, y otras cosas que hay que decir destos indios En muchas historias que he visto, he leído, si no me engaño, que en unas provincias adoraban por dios a la semejanza del toro, y en otra a la del gallo, y en otra al león, y por el consiguiente tenían mil supersticiones desto, que más parece al leerlo materia para reír que no para otra cosa alguna. Y sólo noto desto que digo que los griegos fueron excelentes varones, y en quien muchos tiempos y edades florecieron las letras, y hubo en ellos varones muy ilustres y que vivirá la memoria dellos todo el tiempo que hubiere escripturas, y cayeron en este error. Los egipcios fue lo mismo, y los bactrianos y babilónicos, pues los romanos, a dicho de graves y doctos hombres, les pasaron; y tuvieron unos y otros unas maneras de dioses que son cosa donosa pensar en ello, aunque algunas destas naciones atribuyan el adorar y reverenciar por dios a uno por haber recebido dél algún beneficio, como fue a Saturno y a Júpiter y a otros; mas ya eran hombres, y no bestias. De manera, pues que adonde había tanta sciencia humana, aunque falsa y engañosa, erraron. Así, estos indios, no embargante que adoraban al sol y a la luna, también adoraban en árboles, en piedras y en la mar y en la tierra, y en otras cosas que la imaginación les daba. Aunque, según yo me informé, en todas las más partes destas que tenían por sagradas era visto por sus sacerdotes el demonio, con el cual comunicaban no otra cosa que perdición para sus ánimas.

Y así, en el templo más principal de Pachacama tenían una zorra en grande estimación, la cual adoraban. Y en otras partes, como iré recontando en esta historia, y en esta comarca, afirman que el señor de Manta tiene o tenía una piedra de esmeralda, de mucha grandeza y muy rica, la cual tuvieron y poseyeron sus antecesores por muy venerada y estimada, y algunos días la ponían en público, y la adoraban y reverenciaban como si estuviera en ella encerrada alguna deidad. Y como algún indio o india estuviese malo, después de haber hecho sus sacrificios iban a hacer oración a la piedra, a la cual afirman que hacían servicio de otras piedras, haciendo entender el sacerdote que hablaba con el demonio que venía la salud mediante aquellas ofrendas; las cuales después el cacique y otros ministros del demonio aplicaban a sí porque de muchas partes de la tierra adentro venían los que estaban enfermos al pueblo de Manta a hacer los sacrificios y a ofrecer sus dones. Y así, me afirmaron a mí algunos españoles de los primeros que descubrieron este reino hallar mucha riqueza en este pueblo de Manta, y que siempre dio más que los comarcanos a él a los que tuvieron por señores o encomenderos. Y dicen que esta piedra tan grande y rica que jamás han querido decir della, aunque han hecho hartas amenazas a los señores y principales, ni aun lo dirán jamás, a lo que se cree, aunque los maten a todos: tanta fue la veneración en que la tenían. Este pueblo de Manta está en la costa, y por el consiguiente todos los más de los que he contado.

La tierra adentro hay más número de gentes y mayores pueblos, y difieren en la lengua a los de la costa, y tienen los mismos mantenimientos y frutas que ellos. Sus casas son de madera, pequeñas; la cobertura, de paja o de hoja de palma. Andan vestidos unos y otros, estos que nombro, serranos, y lo mismo sus mujeres. Alcanzaron algún ganado de las ovejas que dicen del Perú, aunque no tantas como en Quito ni en las provincias del Cuzco. No eran tan grandes hechiceros y agoreros como los de la costa, ni aun eran tan malos en usar el pecado nefando. Tiénese esperanza que hay minas de oro en algunos ríos desta tierra, y que cierto está en ella la riquísima mina de las esmeraldas; la cual, aunque muchos capitanes han procurado saber donde está, no se ha podido alcanzar, ni los naturales lo dirán. Verdad es que el capitán Olmos dicen que tuvo lengua desta mina, y aun afirman que supo dónde estaba; lo cual yo creo, si así fuera, lo dijera a sus hermanos o a otras personas. Y cierto, mucho ha sido el número de esmeraldas que se han visto y hallado en esta comarca de Puerto Viejo, y son las mejores de todas las Indias; porque aunque en el nuevo reino de Granada haya más, no son tales, ni con mucho se igualan en el valor de las mejores de allá a las comunes de acá. Los carangues y sus comarcanos es otro linaje de gente, y no son labrados, y eran de menos saber que sus vecinos, porque eran behetrías; por causas muy livianas se daban guerras unos a otros.

En naciendo la criatura le abajaban la cabeza, y después la ponían entre dos tablas, liada de tal manera que cuando era de cuatro o cinco años le quedaba ancha o larga y sin colodrillo; y esto muchos lo hacen, y no contentándose con las cabezas que Dios les da, quieren ellos darles el talle que más les agrada; y así, unos la hacen ancha y otros larga. Decían ellos que ponían destos talles las cabezas porque serían más sanos y para más trabajo. Algunas destas gentes, especialmente los que están abajo del pueblo de Colima a la parte del norte, andaban desnudos y se contrataban con los indios de la costa que va de largo hacia el río de San Juan. Y cuentan que Guaynacapa llegó, después de haberle muerto a sus capitanes, hasta Colima, adonde mandó hacer una fortaleza; y como viese andar los indios desnudos, no pasó adelante, antes dicen que dio la vuelta, mandando a ciertos capitanes suyos que contratasen y señoreasen lo que pudiesen, y llegaron por entonces al río de Santiago. Y cuentan muchos españoles que hay vivos en este tiempo, de los que vinieron con el adelantado don Pedro de Albarado, especialmente lo oí al mariscal Alonso de Albarado y a los capitanes Garcilaso de la Vega y Juan de Saavedra, y a otro hidalgo que ha por nombre Suer de Cangas, que como el adelantado don Pedro llegase a desembarcar con su gente en esta costa, y llegado a este pueblo, hallaron gran cantidad de oro y plata en vasos y otras joyas preciadas; sin lo cual, hallaron gran número de esmeraldas, que si las conocieran y guardaran se hubiera por su valor mucha suma de dinero; mas como todos afirmasen que eran de vidrio y que para hacer la experiencia (porque entre algunos se platicaba que podrían ser piedras) las llevaban donde tenían una gibornia, y que allí con martillo la quebraban, diciendo que si eran de vidrio luego se quebrarían, y si eran piedras se pararían más perfectas con los golpes. De manera que por la falta de conoscimiento y poca experiencia quebraron muchas destas esmeraldas, y pocos se aprovecharon dellas, ni tampoco del oro y plata gozaron, porque pasaron grandes hambres y fríos, y por las montañas y caminos se dejaban las cargas del oro y de la plata. Y porque en la tercera parte he dicho ya tener escrito estos sucesos cumplidamente, pasaré adelante.

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