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Desarrollo


Y último. Cómo el Almirante pasó a la Española, y de allí a Castilla, donde fue a Nuestro Señor servido de llevarle a su Santa Gloria en Valladolid Reducidos a obediencia los cristianos y los indios, tuvieron éstos cuidado de proveerlos con rescates, en que pasaron algunos días y se cumplió un año que habíamos ido a Jamaica. En este tiempo llegó una nave que había comprado Diego Méndez, y bastecido en Santo Domingo, con dinero del Almirante, en la que nos embarcamos, amigos y enemigos. A 28 de Junio nos hicimos a la vela, navegando con bastante trabajo, por ser de continuo muy contrarias las corrientes y los vientos, que como hemos dicho lo son siempre al volver de Jamaica a Santo Domingo, en cuyo puerto entramos con mucho deseo de descansar, a 13 de Agosto de 1504, donde el Gobernador hizo gran recibimiento al Almirante y le dio su casa para alojarse; pero como si ésta fuese la paz del escorpión, de otra parte dio libertad a Porras, que había sido cabeza de la rebelión; procuró castigar a los que intervinieron en su prisión, y quiso juzgar otras cosas y delitos que sólo tocaban a los Reyes Católicos, por haber éstos mandado al Almirante por Capitán general de su Armada. Hacía el Gobernador cumplimientos al Almirante, con falsa risa y simulación, en su presencia. Esto duró hasta que se compuso nuestro navío, y alquiló una nave en que se embarcaron el Almirante, sus parientes y criados; la mayor parte de la otra gente se quedó en la Española.

Haciéndonos a la vela a 12 de Septiembre, salimos por el río a dos leguas en el mar, donde se rompió el árbol del navío hasta la cubierta, por esto el Almirante lo hizo volver atrás, y seguimos con la nao nuestro camino hacia Castilla; en el cual, habiendo tenido buen tiempo hasta casi al tercio del Océano, nos embistió tan terrible tempestad, que puso a la nave en grande riesgo. Al día siguiente, sábado, 19 de Octubre, habiendo ya bonanza y estando descansados, se quebró el árbol mayor en cuatro pedazos; pero, el valor del Adelantado, y el ingenio del Almirante, que se hallaba entonces en la cama postrado de la gota, hallaron remedio, haciendo un árbol más chico de una pequeña entena, y asegurando la mitad del quebrado con cuerdas y madera de los castillos de popa y de proa, los cuales deshicimos. En otra tempestad se nos rompió la contramesana. Al fin, quiso Dios que navegásemos unas setecientas leguas, al cabo de las cuales llegamos al puerto de San Lúcar de Barrameda; de allí fuimos a Sevilla, donde descansó algo el Almirante de los trabajos que había padecido. Después, en el mes de Mayo de 1505, fue a la corte del Rey Católico, porque ya el año antes había pasado a mejor vida la gloriosa Reina doña Isabel, de lo que el Almirante mostró dolerse grandemente, pues era la que le mantenía y favorecía, habiendo hallado siempre al Rey algo seco y contrario a sus negocios, Esto se vio más claro en la acogida que le hizo, pues aunque en la apariencia le recibió con buen semblante y fingió volver a ponerle en su estado, tenía voluntad de quitárselo totalmente, si no lo hubiese impedido la vergüenza, que, según hemos dicho, tiene gran fuerza en los ánimos nobles.

Su Alteza misma y la Serenísima Reina le enviaron cuando partió al mencionado viaje; pero, dando entonces las Indias y sus cosas muestras de lo que habían de ser, y viendo el Rey Católico la mucha parte que en ellas tenía el Almirante, en virtud de lo capitulado con él, intentaba quedarse con el absoluto dominio de las Indias, y proveer a su voluntad los oficios que tocaban al Almirante, por lo que empezó a proponerle nuevos capítulos de recompensa, a lo que no dio lugar Dios, porque entonces el Serenísimo Rey Felipe I, vino a reinar a España, y al tiempo que el Rey Católico salió de Valladolid a recibirle, el Almirante quedó muy agravado de gota, y del dolor de verse caído de su estado; agravado también con otros males, dio su alma a Dios, el día de su Ascensión, a 20 de Mayo, de MDVI, en la villa de Valladolid, habiendo recibido, con mucha devoción, todos los sacramentos de la Iglesia y dicho estas últimas palabras: in manus tuas, domine, commendo spiritum meum. El cual, por su alta misericordia y bondad, tenemos por cierto que le recibió en su gloria Ad quam nos cum eo perducat. Amén. Su cuerpo fue llevado después a Sevilla, y enterrado en la iglesia mayor de aquella ciudad con pompa fúnebre; de orden del Rey Católico, para perpetua fama de sus memorables hechos y descubrimiento de las Indias, se puso un epitafio en lengua española, que decía: A Castilla y a León Nuevo Mundo dio Colón.

Palabras verdaderamente dignas de gran consideración y de agradecimiento, porque ni en antiguos ni modernos, se lee de ninguno que haya hecho esto, por lo que habrá memoria eterna en el mundo de que fue el primer descubridor de las Indias Occidentales; como también que después, en la Tierra Firme, donde estuvo, Hernando Cortés y Francisco Pizarro, han hallado muchas otras provincias y reinos grandísimos, pues Cortés descubrió la provincia del Yucatán, llamada Nueva España, con la ciudad de México, poseída entonces del Gran Montezuma, Emperador de aquellas tierras. Pizarro halló el reino del Perú, que es grandísimo y lleno de innumerables riquezas, poseído por el gran Rey Atabalipa; de cuyas provincias y reinos se traen a España, todos los años, muchos navíos cargados de oro, plata, brasil, grana, azúcar y otras muchas cosas de gran valor, además de perlas y otras piedras preciosas, por las que España y sus príncipes florecen hoy con abundancia de riquezas. LAUS DEO

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