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Datos principales


Desarrollo


Capítulo 92 En este capítulo trata como los mercaderes llegaron a Mexico Tenuchtitlan a la prezençia del rrey Monteçuma y de todo el senado mexicano, y como ordenó luego hazer luego mucha gente contra los pueblos de Tututepec y Quetzaltepec, y primero bió para confirmar la prueua y aberiguaçión de ser muertos, y satisfechos, sobre ellos ban con gran poder Llegados los mercaderes ante el rrey Monteçuma y su senado, hecha la enbaxada y sospecha mala tenían de los de aquellos dos pueblos y de abeer hecho muy cruel albarrada de guarda y defensa de ellos y en espeçial de no les querer consentir trar sus pueblos a los otros mercaderes y, sobre todo, abeer traído las señas de las mantas y pañetes (maxtlatl) y trançaderas, mandó a todos los mayorales de los barrios los conosçiesen y, abiéndolos conosçidos muy bien ser de sus hijos los mercaderes, mandó con graues penas no lo dixesen a persona alguna hasta saber berificadamente, por otros mensajeros que allá fuesen, de esta çertinidad. Acabado esto, bió el rrey Monteçuma a otros tratantes para biesen y tendiesen beramente de la gran çerca que tienen hecha de fortaleza los de Tututepec y Quetzaltepec, tendiesen se hizieron unos mercaderes que allá abían ydo a contratar y a lleuar baxada a los de allá, y biesen las barrancas, quebradas del gran rrío, si abía señal o memoria de cuerpos muertos umanos, rremirasen 128v y rreconosçiesen muy bien, tendiesen de los propios naturales "o de otros comarcanos, nros amigos y basallos".

Los quales, ynformados bien, partieron caminando de día y de noche. Llegaron, bista la defensa del alabarrada tan fuerte, dixeron: "No podemos dar tera fee si no pasamos a nado este rrío". Y así, le pasaron y bieron la fortaleza de la çerca y las peñas ençima abían puesto para arroxallas si la conbatiesen. Y como la andubieron mirando, biéronles las guardas, diéronles bozes que quién y de dónde eran, qué querían, porque si eran mexicanos, ellos no podían pasar adelante en nenguna manera. "Por eso, si soys mexicanos, aquí abéis de morir todos como benís". Rrespondieron no eran mexicanos: "De Huexoçingo somos". Dixo las guardas: "Ny eso es bueno tanpoco. Bolueos, no muráis aquí como hezimos otros mexicanos que benían con baxada y aquí los matamos a todos". Y con esto, tráenlos hasta el gran rrío y, pasado, bienen caminando de día y de noche hasta llegar a la çiudad de Mexico Tenuchtitlan. Y trando en el senado, el más plático de ellos explicó la baxada como arriba queda rreferido, y como el albarradón era de çinco braças de ancha la pared y cuatro braças de altura y çima del gran paredón, albarrada, mucha peña arroxadiza y otros mayores, y como hasta el rrío grande los truxeron huyendo, los querían matar. Con esto, mandólos descansar y dar de comer y mandó al mayordomo que les diese de sus mantas, a cada dos pares de bestidos. Benidos los dos rreyes, el de Aculhuacan, Neçahualpilli, y el de tepanecas de Tlalhuacpan, abiendo tre los tres rrato de abido acuerdo, como se abía de hazer el armada contra ellos y que luego se aprestasen con toda la breuedad posible y que cada uno de los tres rreynos fuesen de por sí para tomar cada uno el modo y manera de conbatir a los enemigos y rrompelles la fortaleza y, trados a sangre y fuego, no quedasen sino niños y niñas, pues eran ynogçentes.

Manda llamar Cuauhnochtli, capitán general de los mexicanos, a todos los prençipales mexicanos y tequihuaques conquistadores, cuachic, otomi y los cuauhhuehuetques, luego mandasen aperçibir a todas las gentes, adereçar armas, ychcahuipiles, rrodelas, espadartes fuertes, baras tostadas (tlatzontectli), y baras para flechas a los chichimecas de las montañas, y matalotaxe doblado, hera largo el camino, y como se fuesen haziendo las gentes de cada pueblo, fuesen caminando, que el paraxe a de ser en Ocotepec, e que tre las tres çiudad no quedase nengún moço de quinze años apara arriba: "An de yr todos eçeto biexos y biexas y niños". Después dixo el rrey Monteçuma fuesen luego mensajeros a las çiudades de Tezcuco y Tacuba y diesen abiso a los dos rreyes la junta abía de ser en Xaltianquizco. Llegados todos los soldados de todos los pueblos a Xaltianquizco, hazen conçillio el rrey Monteçuma abía de tomar el camino con toda su gente. 129r Dixo el rrey Monteçuma: "Yo tengo de tomar por la delantera como mexicano y beer y prouar la arma que el contrario trae la mano, si es más fuerte y corta más su espadarte la mía, si es más fuerte el biexo que el moço, si somos yguales o cómo me yrá con ellos. Y bos, señor Neçahualpilltzintli, tomaréis por la banda derecha, y el rrey de tepanecas, Tetlepanquetza, tomará por la banda yzquierda". E mandó a çincuenta soldados biexos caminasen toda la noche y buscasen el mexor paso hallasen.

Y andando de una y otra parte, no hallando otro mexor camino, que era uno çerrado tenían los de Tututepec, antiguo, y abiéndose confederado y conçertado con todo el exérçito y tretexidos y ordenados, antes del alua dan todos con el rrío llaman quetzalatl ytenpan; e yba brabosa el agua, que ponía espanto al pasar del rrío. Llegado allí Monteçuma, manda con toda presteza hagan balsas de caña gruesa, que ay ynfinita por toda la orilla del gran rrío, y traigan otros como tablones, pues están muy a orillas de los grandes montes, y muchos rremos hechos. Y pasada toda la gente, llegaron a la poderosa albarrada y en un cuarto de ora se rrompió y tró todo el campo mexicano. Y mirando a todas partes bieron las guardas belauan el baluarte y de berse salteados por detrás, quisieron huir. Diéronles alcançe, prendiéronles y por que no tubiesen nueua de la llegada de los mexicanos, aguixan con toda presteza. Llegando con la delantera el rey Monteçuma, se subió arriba del templo y mándale poner fuego y luego mandó poner fuego a la segunda albarrada, tenían ençima mucha casería de buhuíos y todas se quemaron. Y la gente mexicana dieron tanta priesa al sacomano que no queda sino muchachos y muchachas de ocho años para abaxo, que quando las nueue del día no abía memoria de gente si no fueron criaturas. Mandó sosegar y descansar a toda la gente y él se quedó una plaça debaxo de unos grandes árboles a descansar, todo tinto sangre.

Y como yban tan de tropel los mexicanos, era ya noche quando con bozes rreçias llaman a los mexicanos, los quales benían con mucho despoxo y sus cautibos dando grandes bozes, llorando y maldiziendo sus prençipales de les aber mal aconçexado. A unos los tenían amarrados de pies y manos, a otros metidos en colleras de palo que llaman cuauhcozcatl. Otro día, de mañana, ante Monteçuma manda se cuenten los cautibos de los mexicanos. Halláronse por cuenta seisçientos cautiuos. Preguntado a los dos rreyes quántos eran sus cautiuos, de cada un rrey aberiguóse tener y aber cautiuado los naturales de Aculhuacan quatroçientos caualmente, e alláronse aber cautiuado los naturales de tepanecas trezientos y çincuenta cabales, de que holgó mucho dello e dixo: "Grande fue la merçed que nos a hecho el dios Tlalteuctli y el sol". Dixo: "Descansemos oy y mañana, que en el ynter yrán nros hermanos a ber al pueblo de Quetzaltepetl, cómo están fortalesçidos, por dónde les traremos. Y bayan hombres pláticos, prudentes, ábiles para todo". 129v Fueron doze soldados biexos, astutos y toda una noche no pudieron hallar trada ellos solos. Con gran trauajo yban pasando en cada un paredón de cabo a cabo, fueron mirando y midiendo el paredón: "en el primero paredón, era de çinco braças de ancho y de tres de altura, mucha peña ençima; la segunda y terçera, quarta, quinta, al propio tenor, eçeto la sesta, que es de dos braças de altura y de seis braças de ancho, muchos buhíos ençima (xacales) y mucha gente.

Oydo, Monteçuma: " un buen paresçer a de ser el rresumen de esto y será ésta la manera: se hagan lo primero, pues estamos los montes, escalas muy altas, apegadas dos una, lleguen a lo alto de los paredones, y esté un campo conbatiendo con el fuerte de en medio. En ynter se conbate an de acudir allí los enemigos a fauoresçer, porque de la parte de dentro tienen escaleras hechas de piedra, , una ganada, huirán a la segunda, y para esto es menester stén con las escalas muchos flecheros y tirados de baras tostadas y hondas , subidos dos o tres de una parte del albarrada, subirán con toda presteza otros, se les haga defensa a lo que fueren subiendo, que como bayan de cada rreyno seis escalas, de creer será se hará mucho efeto otros, y prençipalmente horadando un cabo o dos o tres no más el albarrada como la que ganamos de Tututepec, hera de çinco braças, pues no lleuan cal ni canto, sino sólo lodo simple, un barro como arenisco se desmorona". Dixo Monteçuma le paresçia muy buen conçexo aquél y aquél se lleuase, "pues a otra cosa no benimos, que aunque aquí estemos un año y dos, los e de conquistar y acabar". Rresulto en esto, comiençan de hazer hondas y escalas gruesas, y con la priesa y el temor les pusieron no fue así, sino se hizieron más de dozientas mui grandes y gruesas escalas y hondas, y aperçibidos todos, arremeten los de Aculhuacan y los queçaltepecas, un alarido los subían al çielo.

Abiendo peleado balerosamente, llegan por otra parte los de Tacuba y comiençan a pelear, y rresçibían de lo alto daño grande, pero por lleuar los tablones de rreparo, llegando el campo mexicano, comiénçanles a tirar baras, flechas, les hizieron desbiar trecho. Comiençan de horadar el paredón, otros a subirles, y como estubo rronpido el grueso paredón, los que abían subido por fuerça hizieron mucho efeto, que de lo alto arrojauan a los enemigos. Y como todo fue a un tiempo, desamparan el albarrada, acogense al segundo, y como todos fueron a un tiempo con ellos, no pudieron hazerse fuertes los enemigos, que breuemente, con el ayuda grande de las escalas, se ganaroron las çinco albarradas, que no fue poco el trauajo se pasó. Y así, mandó Monteçuma se rrecogiese el campo a descansar jumto al albarrada postrera un gran tiro de arcabús. Y hizieron a la parte del rrío mucha çentinela y mucha guardia y hazia las grandes peñas de la otra parte asimismo, y aun los enemigos quisierom yntentar de querer rruido, no se les dió lugar porque allaron mucha 130r guardia y mucha defensa, se admiraron los enemigos. Y biendo esto, hazen aquella noche llamamientos de amigos comarcanos, guaxtecos. Y era ya tarde quando acordaron, por antes que amanesçiese les dieron un muy rrezio conbate les pusieron en grande turbaçión y como la defensa toda estaua en aquella fortaleza de la muy gruesa albarrada.

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