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Datos principales


Desarrollo


Capítulo 36 Segunda bez que se abían rrebelado los cuitlaxtecas, çempoaltecas de la corona de Mexico fue la ocasion los tlaxcaltecas fueron a los pueblos de Orisaua, Ahuilizapan, Cuetlaxtlan y Çempoalla y dixeron al prençipal de ellos, Tepeteuctli y Çe Tonal, ambos a dos, dixeron los señores de Tlaxcala llamados Xicontencatl y Xayacama, Tlehuexotl y otro Quetzalxiuhtentzin, prençipales de Tlaxcala, dixéronles a los prençipales de las costas: "tendido emos la sinrrazón y crueldad que con bosotros an usado esos mexicanillos de Tenuchtitlan y las cosas forçiblemente les abéis dado, oro, mantas, plumería muy rrica, aues de muy lexos benidos sus pellexos, como son tlauh 42r tlauhquechol, xiuhtototl, tzinitzcan, çacuan, chalchihuitl, esmeraldas y de todo género de piedras preçiosas, mantas rricas, pellexos de animales adouados a las marauillas, pescado, caracoles, conchas de tortugas biuas, grandes, y sin esto serbidumbre y aberos a buestros hijos y hermanos sacrificados a sus dioses. Y agora con esto, que a nuestra notiçia a benido todo esto, queremos y es seáis libres de esta serbidumbre. Y quando binieren a pedir el tributo no se lo deis, antes dadnos luego abiso para que todos los que binieren a ello y todos los mexicanos an de morir a nuestras manos, uno ni nenguno a de escapar a bida". Oydo los prençipales de las costas el socorro de los tlaxcaltecas, fueron de ello muy contentos y así les dieron del tributo que abía de ser de Monteçuma, les dieron a los señores de Tlaxcala todo lo arriba contenido de las rriquezas.

Boluiéronse contentos los señores de Tlaxcala, los quales fueron Xicotengatl y Xayacamalchan y Tlehuexolotl y Quetzalxiuhtzin. Llegados a su tierra en Tlaxcala, dende algunos días el rrey Monteçuma mandó biar a los mercaderes tratantes llamados teucnenenque fuese con su envasada a los señores y prençipales de las costas de Huilizapan y Cuetlaxtlan por los tributos corridos y que biniesen con ellos el prençipal Tepeteuctli y que sea con toda breuedad. Llegados a la costa, le explican la enbaxada al prençipal Tepeteuctli y a los demás prençipales con las rretóricas y criança usada. Rrespondieron el Tepeteuctli y Atonal teuctli, dixeron: "Es berdad. Descansad algunos días". E luego estos dos prençipales mandaron sus vasallos que truxesen a todos los mexicanos compañeros de estos mensajeros y júntenlos a todos juntos. Y, hecho esto, mandaron traer çiertos fardos de chile y, çerradas las puertas, los ahogaron un brauo humo de chile, uno ni nenguno escapó a bida, muriendo de muy cruel y abominable muerte, que duró el hedor del chile muchos días. Pasados dos o tres días de la furia del chile, binieron los prençipales Tepeteuctli y Çe Atonal teuctli. trando a donde estauan muertos los mexicanos dixeron a los suyos: "Lleuad estos cuerpos de estos mexicanos y bayan espetados por el çieso hasta las tripas y después sacaldes las tripas y coraçón y todo lo demás, henchildos de paxa y traeldos otra bes acá". Y hecho esto, los trujeron otra bes y los hizieron asentar unos asentaderos galanos llaman tepotzoycpalli, que aunque estauan sus asentaderos estauan bien arrimados a ellos los sillones, que no podían caer los cuerpos muertos de los mexicanos, y presentáuanles amoxqueadores galanos y poníanles las cabeças como coroças pequeñas, señal de señorío, todo por escarnio, y rrebençiáuanlos, diziéndoles: "Señores, seáis bienbenidos.

Señores mexicanos, descansad y comed". Y dáuanles de la comida preçiada y breuaxe de cacao como si biuos estubieran. Y luego se lebantó el prençipal Tepeteuctli, dixo a los cuerpos muertos: "Dezid, bellacos, ¿quién sois bosotros que benís a hazer gran burla de nosotros?", diziéndoles muchas y feas palabras tocantes a la onrra. Y luego los mandaron arrojar a todos los cuerpos muertos. Hecho esto, hizieron llamar a los prençipales tlaxcaltecas, dícholes la manera del suseso de la muerte de los mexicanos, dijeron los tlaxcaltecas: "Sea mucho de norabuena. A nosotros nos a plazido dello. Aquí estamos a la defensa de bosotros y a la ofensa de ellos hasta la fin del mundo". 42v Pasados algunos días que esto susçedió en la costa de Cuetlaxtlan, no fue tan secreto que no bino a notiçia de los mercaderes tratantes del pueblo de Tepeaca. Llegado a Mexico Tenuchtitlan este abiso por el mercader de Tepeaca, se lo contó al propio Monteçuma, contándole como en el fuego de sahumerio de chile los abían ahogado los naturales de la costa de Ahuiliçapan y los demás de la manera que les sacaron las tripas y coraçón y las burlas que de los cuerpos abían hecho. Preguntado por Monteçuma que de dónde eran naturales, díxoles que de Tepeaca. Hízoles buen tratamiento y llamó a Çihuacoatl Tlacaeleltzin, díxole: "¿Qué os paresçe de esta gente endiablada de los cuetlaxteca? No a de ser ansí, sino que an de morir todos, que nenguno a quedar a bida, y esto se haga con toda la breuedad".

Y luego llamaron a los capitanes Tlacateccatl y Tlacochcolcatl, Ticocnahuacatl, Cuauhnochtli, e les dixo: "Sabed que son muertos nros mensajeros y mercaderes tratantes, de todos los pueblos comarcanos naturales tratantes, y para esto llamen luego a Neçahualcoyotl de Aculhuacan, Tezcuco, y a Totoquihuaztli de Tacuba y los de Azcapuçalco, Chalco, Suchimilco, Cuyuacan, Culhuacan, en conclusión, a todos en general". Llegados todos a Mexico Tenuchtitlan, dales Monteçuma a tender de la manera les susedió a los mensajeros y mercaderes de todos los pueblos naturales y la crueldad que con ellos usaron sacándoles los coraçones y tripas por el çieso y las burlas que de los cuerpos hizieron los cuetlaxtecas, que no fue a ellos sino a todos los señores de Mexico y de todas sus comarcas y prouinçias: "Y luego os abéis de boluer a buestras tierras y pueblos y en pregón general luego se aperçiban y adereçen de todo lo nesçesario para esta guerra y bengança contra los cuetlaxtecas". Y, llegados a sus tierras, luego se puso en obra lo mandado por el rrey Monteçuma y de todo el senado mexicano, y haziendo esta diligengia con mucho cuidado. Dixo Monteçuma a Çihuatl: "Mi boluntad es que no aya Cuextlan, sino que totalmente quede destruido y asolado". Dixo a esto Çihuacoatzin Tlacaelel: "No podrá ser eso ansí, basta que mueran la mitad de ellos y en lugar de los no culpantes queden la otra mitad, y que estos tales que quedaren den y paguen el tributo doblado de lo que dauan, con más traigan de tributo esmeraldas blancas y colas de culebras grandes bengan sangrentadas, frescas, y todas las demás piedras preçiosas de colores, y las mantas que dauan de a diez braças de largas, sean agora de beinte braças, y de todo género de cacao y algodón de todas colores y tigueres, blancos los cueros, y cueros de leones blancos".

Y con esto çesó la gran furia del enojo de Monteçuma. Juntados los exérçitos y campos, començaron a marchar, caminando con mucho conçierto de día y de noche hasta llegaron a los términos de Ahuilizapan y Cuetlaxtlan. Hecho asiento, todos los capitanes hazen largo parlamento a los soldados, la animosidad, esfuerço conbiniente para lo que eran benidos, pues estauan ya en orillas de la Mar del Çielo, que ansí lo nombrauan, Yehuicateuatl, e luego otro día situado, que al rronper del alua diesen sobre ellos a fuego y sangre. Y así, luego a la mesma ora alçan una boçería y grita la subían a los çielos y golpear sus rrodelas y espadartes, diziendo: "¡Todos a ellos, a ellos, son pocos y traidores!" Y para se conosçer los unos a los otros dauan el apellido de su misma tierra de cada 43r una tierra y pueblo, diziendo: "¡Mexico, Mexico! ¡Tenuchtitlan, Tenuchtitlan! ¡Tacuba! ¡Tezcuco! ¡Aculhuacan! ¡Suchimilco!" Començando de Ahuilizapan hasta Teoyxhuacam, Chichiquilam, Quimichtlan, Macuilxochitlan, Tlatictlan, Oçeloapan, comiençan luego a ser perdidos los de Oriçaba y luego los demás, prosiguiendo su alcançe y bitoria hasta llegar a Cuetlaxtlam y lleuarlos hasta la orilla de la Gran Mar de Coçamaloapan. Y de allí dan bozes los bençidos, diziendo: "Escuchanos, señores mexicanos", dixeron llorando los prençipales de ellos Tepeteuctli y Çe Atonal teuctli y los demás, niños, mugeres, biexos, con grandes lloros y gemidos, diziendo: "Señores, no nos pongáis culpa del mal rrecaudo, que fuimos de nros amos y señores ympuestos que usasemos de aquella crueldad; usado, que ellos nos socorrían a paz y a saluo, y agora nenguno de los tlaxcaltecas paresçe a nra defensión y ayuda, usando de traiçión con nosotros a fin a que os yndinásemos y fuésemos destruidos para siempre jamás; y con amonestarnos temores de ellos, que culpa nenguna no tienen los miserables maçehuales ni nosotros tanpoco".

Abiendo oydo esto los mexicanos, la rrespuesta de su desculpa, sin ynterneçerçe a piedad alguna rrespondieron los mexicanos con soberuia: "No a de ser así sino que totalmente abéis de ser todos destruidos". Y con esto començaron los mexicanos a alçar una bozería tan grande y arremeter a ellos, diziéndoles: "No, bellacos, malos traidores, que de esta bez no aber memoria de Cuextlan". Y luego los mexicanos dezían a bozes: "¡A fuego y sangre, mexicanos, que esta a de ser y no más!" Y acorrados y biendo tanto cuerpo muerto en ellos, dan bozes los cuexcuetas, diziendo: "Señores nros, balerosos mexicanos, çesen ya furia tan braua que con estas mansas obexas tenéis, no teniendo culpa las criaturas, mugeres, niños, biexos, biexas, diziendo, Señores mexicanos, oydnos un rrato". Biendo esto, los mexicanos çesaron un rrato a eschar lo que dezían los cuetlaxtecas.

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