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Desarrollo


Capítulo 33 Del razonamiento que hazía la partera a la rezién parida, y de las gracias que los parientes de la parida hazían a la partera por su buen trabajo, y de lo que la partera responde, donde hay muy esmerado lenguaje, en especial en la respuesta de la partera Hija mía muy amada, muger valiente y esforçada. Havéislo hecho como águila y como tigre. Esforçadamente havéis usado en vuestra batalla de la rodela; valerosamente havéis imitado a nuestra madre Cioacóatl y Quilaztli, por lo cual nuestro señor os ha puesto en los estrados y sillas de los valientes soldados. ¡Oh, hija mía, águila! Havéis hecho todo vuestro poder; havéis puesto todas vuestra fuerças para salir con esta empressa de madre. Esforçaos poco a poco. Esperemos lo que querrá nuestro señor, que está en todo lugar: si por ventura la muerte vuestra y la de vuestra criatura distarán la una de la otra, durando más el hijo que la madre, o por ventura vivirá vuestro hijo y vos iréis delante, o por ventura, ansí chiquitico como es, lo llamará el que lo hizo, por ventura te lo llevará para sí. Mira, hija, que no te ingrías porque tienes hijo. Teneos por digna de haverlo rescebido. Rogad siempre a nuestro señor con lloros que le dé vida. En haviendo ya acabado su obra, la partera sentávase luego cabe las viejas, y luego una de las viejas parientas de la rezién nacida sentávase frontero de ella, y començava a saludarla, dándola gracias porque havía bien salido con su obra. Dezía de esta manera: Señora y hija muy amada, y persona muy preciosa, prósperamente havéis obrado.

Havéis ayudado a la señora Cioacóatl y Quilaztli. Todos estamos muy contentos y gozosos porque ha venido a luz; ha salido al mundo la criatura de nuestro señor, que ya ha muchos días que estamos esperando que nuestro señor nos la diesse, y estávamos esperando qué fin havría este negocio y en qué manera obraría Cioacóatl Quilaztli. ¿Qué hiziéramos si no huviera sucedido prósperamente el parto de nuestra hija? ¿Qué hiziéramos si muriera ella juntamente con lo que tenía en el vientre? ¿Qué pudiéramos dezir, o qué pudiéramos hazer, o a quién nos pudiéramos quexar? Y pues que nuestro señor dios nos ha hecho grandes mercedes en que el parto fue bueno, ya vemos con nuestros ojos la piedra preciosa y la pluma rica. Y ha llegado como de lexos, pobrezita y fatigada. No sabemos si vendrá a colmo; no sabemos si vivirá algunos días, o si no, porque esto nos está tan dudoso, como lo que soñamos durmiendo. Pues cualquiera cosa que nuestro señor haga de la criatura, vos havéis hecho bien vuestro oficio. Descansad y tomad plazer. Haga su voluntad nuestro señor. Esperemos lo que querrá hazer mañana o ese otro día. No sabemos lo que será de nosotros ni de la criatura que nació, mañana o ese otro día. Seáis muy dichosa, señora preciosa. No quiero más alargarme en palabras por no dar fastidio a vuestra cabeça ni a vuestro estómago. Y viváis muchos días y en mucho contento. Nuestro señor os dé todo asosiego y paz. Responde la partera, y dize: Señoras nuestras de gran valor.

Aquí estáis sentadas por la voluntad de nuestro señor, que está en todo lugar. Bien he visto el trabajo que havéis tenido todos estos días pasados, que ni havéis dormido ni reposado, esperando con mucha angustia el sucesso del parto, y lo que nuestra madre y señora Cioacóatl Quilaztli haría en este negocio. Ansimismo esperávades con angustia y trabajo cómo se esforçaría, cómo se havría varonilmente vuestra hija tiernamente amada. Esperávades con mucha angustia cómo saldría y cómo echaría fuera lo que tenía en el vientre, cosa muy pesada y cosa muy lastimosa, y aun cosa mortal. Por cierto, este negocio es como una batalla en que peligramos las mugeres, porque este negocio es como tributo de muerte que nos echa nuestra madre Cioacóatl Quilaztli. Pero doy muchas gracias agora a nuestro señor porque ha tenido por bien que medianamente esta moça ha echado aparte al niño, muy amado hijo, y porque nuestra hija valerosamente se ha esforçado. Nuestro señor echó aparte este negocio prósperamente por su voluntad. Dichosa ha sido vuestra hija, moça tierna, y también su marido muçuelo. Aquí en vuestras presencias ha nacido la criatura de nuestro señor, que es como una piedra preciosa y una pluma rica, en cuya cara havéis ya puesto vuestros ojos. Es, por cierto, este niño como una planta o como una provena o mugrón que dexaron echada sus abuelos y abuelas; es como un pedaço de piedra preciosa que fue cortado de los antiguos, y ha muchos días que murieron.

Hánosla dado nuestro señor a esta criatura, pero no tenemos certidumbre, sino como de un sueño que soñamos. Ya ven nuestros ojos lo que ha nacido: es como una piedra preciosa y es como una pluma rica que ya ha brotado en nuestra presencia. Lo que puedo agora afirmar es que nuestro señor Quetzalcóatl, que es criador, ha puesto una piedra preciosa suya y una pluma rica suya en este polvo y en esta casa pobre, hecha de cañas; puedo también dezir que ya ha adornado vuestra garganta y vuestro cuello y vuestra mano con un joel de piedras preciosas y de plumas ricas de rara preciosidad, y que raramente se halla ni aun a comprar. Puedo dezir que ha puesto en vuestras manos un manoxito de plumas ricas, que se llama quetzalli, de perfecta hechura y de perfecta color. Y en agradecimiento de este tan gran beneficio conviene que respondáis con lloros y con oraciones devotas a nuestro señor, que está en todo lugar. Suspirad y llorad hasta saber su voluntad, si por ventura vivirá esta piedra preciosa y esta pluma rica de que agora hablamos, como soñando, la cual no sabemos si crescerá y se criará, y si vivirá algunos días o años, o si será imagen y retrato, y honra y fama de los viejos y viejas que ya pasaron, de los cuales desciende. No sabemos si por ventura resuscitará la suerte y levantará la cabeça de sus abuelos y abuelas. Desseo, señores míos, que veáis y en vuestra presencia acontezca, y con vuestros ojos contempléis, en qué estado le pondrá nuestro señor.

No sabemos si nuestro señor nos ha dado una maçorca de maíz aneblada de que no hay provecho ninguno; no sabemos si es una cosa inútil lo que nos ha dado; no sabemos si tamañito y ternezito como agua lo llevará nuestro señor para sí, y lo llamará y vendrá por él el que lo hizo. Señoras mías, bienaventuradas, orad con todas vuestra fuercas y suspirad, y presentaos a nuestro señor, que está en todo lugar. No plega a dios que os acontezca alguna presumpción o altivez interior en que penséis que por vuestros merecimientos os ha sido dado este niño. Si esto fuere assí, nuestro señor verá vuestros pensamientos y os privará de lo que os ha dado, y os desatará de la garganta la piedra preciosa que os havía dado. Seáis, señores míos y hijos míos, muy prósperos y muy bienaventurados. Solamente barvariçando y tartamodeando y con desorden he dicho esta respuesta de las palabras paternales y maternales con que me havéis hablado. Deséoos mucho descanso y mucho reposo, el cual tenga por bien de os dar nuestro señor, y de hazeros muy bienaventurados, como a señores míos de gran valor. Yo desseo.

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