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Desarrollo


Capítulo 105 Del gran premio y, paga que el rrey Monteçuma dio a los canteros labraron su figura en Chapultepec, y de las cosas que pasaua su rreal casa con los enanos y corcobados, y de la gran tristeza tenía Luego que tornó a Chapultepec Monteçuma, lleuó consigo a los canteros y bisto otra bez su figura, no se hartaua de llorar. Tornó a hablar a los canteros, díxoles: "Padres y abuelos míos, mucho quisiera le labrárades un aposentillo sin puertas, muy bien labrada, con algunas cosas que a uras memorias biniese de antigüedad, pues está mirando frontero del oriente". 149v Dixeron los canteros: "Señor, haremos todo nro posible a ello". Y así, se tornó con los canteros a Mexico con todos los prençipales mexicanos bien desconsolado y triste. Llegado llegó, luego hizo llamar a Petlacalcatl (mayordomo), dixo: "Dalde el tributo que traen de la Guaxteca, mantas delgadas finas de a quatro braças y de a diez braças y a cada un cantero rrepartildes con cada dos cargas de cacao". Y díxole: "Y llamame acá al mayordomo de Tuchpan". Díxole: "Traedme acá los esclauos cautiuos tenéis a uro cargo y los que tiene el mayordomo de Tziuhcoacatl". Benidos los esclauos ante él, llamaron a los canteros, albañís, díxoles: "Catad aquí el premio de uro trabaxo". Y dióles a sendos esclauos para les truxesen leña y maíz de sus camellones que labran. Tanbién les hizo dar otra carga de mantas a cada uno, con una carga de cacao más de lo dado, por el trabaxo de treinta días.

Y mándoles "sobre todo les hagáis muy buen tratamiento, bestidos y hartos". Y les dio más: a cada uno, una carga de pepita y un fardo de chile a cada uno y seis tinaxas blancas y a sendos pilones de sal blanca. Díxoles: "Yd con Dios a buestras casas a descansar". Començaron los catorze canteros a llorar de beer la gran manifiçencia, largueza de prínçipe tan baleroso como era en él, de este prínçipe solo más que todos los rreyes pasados. Y lo que era de magnífico en largueza y merçedes, era brauo, cruel con el enemigo y mucho más quando una persona halla media tilde de aber herrado contra él o contra la rrepública, luego a la ora moría por ello. Mandó sus leyes, más abentaxado que los otros rreyes, que al que hallasen en él una mentira de poca ynportançia lo arrastraua los moços de el estudio telpochcalco hasta dexarlo casi muerto; el que hurtaua era luego cañabereado con cañas atestadas de arena, poníanlo una canoa, desde lexos le tirauan tantas baras que le abollauan la cabeça y cuerpo; el adúltero se le aberiguaua, lo apedreauan; con otras cosas tocantes a los prençipales lo tal cometían, tenían sus sentençias más crueles no la de las gentes comunes. Benía a bisitar cada semana en Chapultepec su figura, le adornaron los canteros y albañís el aposento alto muy bien labrado. Tomaua tanta tristeza lloraua y rreboluiendo pensamientos, no tendía de morir y dezía a los enanos y corcobados: "Bámonos, hijos, por ay adelante".

Rrespondían: "Señor, como tú quieres y tu boluntad más fuere. Yremos contigo". Dezíales: "Pues sea norabuena. Buscaré a donde bamos". Pasados algunos días, subióse el rrey Monteçuma a una açotea alta de su palaçio y mirando a todas partes, bido hazia la parte de Tezcuco una nube blanca subía hazia el çielo, estúbola mirando. Y lo que significó fue, estando arando un yndio en el çerrillo de Quetzaltepetl, bino una águila caudal y sin sentirlo ni berlo el yndio, le asió de los cabellos y lo lleuó ençima de un çerro alto y de súpito lo metió una sala, el mejor que jamás biera, y la propia águila no bio, sino un prençipal gran señor. Díxole: "Ben acá, no tengas temor. Toma esta rrosa y este perfumador, huélgate. Pero mira quál está aquí tendido Monteçuma borracho perdido, que no sabe de sí. Hiérele un muslo. Mira te torno a dezir le hieras. No aprouecha. Hiérele, que no sabe de sí". 150r tonçes le hirió en un muslo, rrezio. Dixo el prençipal: "¿Bes cómo no tiene sentido, de borracho perdido que está, pes no siente el fuego con que le quemaste? Pues be agora al mundo y dile lo que te dixe le hizieras su muslo y dile que çese ya lo que agora anda haziendo, que ya es acabado su término, que él lo buscó por sus manos, que tal priesa dio a su boluntad y deseo. ¿As tendido?" Luego habló el miserable yndio, díxole: "Señor mío muy esclerido me hezisto digno de tan glorioso misterio y milagro, no siendo yo digno de ello, ya boi y le contaré lo que me tienes mandado".

Y así, luego le arrebató el águila y lo lleuó a la propia parte que él araba, con su rrosa y perfumador, y díxole: "Mira no olbides lo que te tengo dicho, digo, lo que te dixo el rrey biste, y mira bayas luego derecho allá a Mexico y cuéntaselo al propio Monteçuma". Díxole: "Ya boi luego derecho allá", y fuese luego. Tomó el camino en la mano a toda priesa lleuando la rrosa la mano y el perfumador apagado, tró luego de rrendón sin hablar a nadie, díxole: "Grande y poderoso rrey, hijo y nieto nro tan querido, escuchad con atençión lo que me a susçedido. Soy natural de Coatepec Tezcuco. Estando arando en mi sementera, de súpito me arrebató una águila por los cauellos y luego me lleuó muy alto a un monte y de súpito me lleuó a un solene y mejor palaçio que entendimiento umano puede pensar, y hallé asentado a un baleroso rrey y le saludé con muy gran rreberençia, diziéndole: "Muy alto y esclaresçido rrey, estéis mucho de norabuena". Díxome: "Ben acá, maçehual. Bes ay a Monteçuma tendido, borracho perdido, porque está aquí y no está ya en Mexico. Toma esta rrosa y este perfumador. Herilde un muslo, que no lo sentirá, que está muy perdido, borracho su coraçón y todo su cuerpo". Tornóme a dezir: ¿No tiendes lo que te digo? Hiérele en el muslo con el fuego de ese perfumador". No osando yo hazerlo, "¿No quieres, maçehual, obedeçerme?" Luego, bisto esto, le herí al bulto en el muslo con el perfumador por parte del fuego.

Díxome: "Pues ¿tú no bes ya no siente de borracho perdido que está? Anda, bete agora. Tornarte a lleuar el águila y be derecho a Mexico, derecho a Monteçuma, y cuéntale la baxada que te tengo dho". Y cata aquí traigo el perfumador por fe de mi creençia ser berdadera". E luego llamó Monteçuma a Petlacalcatl, díxole: "Lleuá a ese borracho y apedreado muera luego, e dexaldo ençerrado una tapia hasta que muera". Después lo ubo dexado, llamó a Petlacalcatl, díxole: "Oyme como a medianoche, me començó a doler este muslo que paresçía que me lo abrazauan, y agora me duele. Y este bellaco me truxo esta nueua deue de ser algún emcantador o biador. Muera allí, que si es de alguien biado, sea quien quisiere". Y desde tonçes no salía acá a su rreal sala. Y fuese adonde abía sido criado y naçido, en Aticpac, por el dolor del muslo. Hizo llamar a todos los mayordomos, díxoles: "Buscadme rremedio, que me muero de dolor del muslo, que paresçe se me abraza". E los mayordomos le truxeron luego una rraíz y las mugeres de Monteçuma le curaron y dentro de cuatro días sanó y se fue al palaçio, no dexando siempre de tener gran pena del pensami le abía dado de la figura de piedra. Y llamó una bez a todos los enanos y corcobados, y xolome, tusones, sus criados, díxoles: "Hijos, ya e hallado a dónde abemos de yr y todos bosotros comigo, que es en Çincalco. Y emos de estar conpañía del que andaua ya a muchos años a Tula, que nos truxo aquí, que se llama Huemac.

Y si allá tramos, jamás moriremos, sino biuir 150v para siempre adonde ay quantos géneros de comida ay en el mundo y beuidas y todo género de rrosas y todo género de árboles frutales, porque todos los moradores que allá, están los más contentos del mundo, y el rrey de ellos, que es el Huemac, está el más ufano, contento del mundo. Allá emos de yr y estar su compañía". Los corcobados estauan muy contentos y alegres del mundo e le rrogauan que el gran dios Huitzilopochtli se lo pagase la gran boluntad y alegría con que les quería lleuar a Çincalco o, mejor, al ynfiemo derecho. Començó a buscar los mejores yngrománticos se hallasen y, bístoles, dixéronle: "¿Qué nos mandas, señor nro?" Dixo Monteçuma: " bais a una baxada que os biaré, pero aguardad, lleuaréis un presente". Hizo benir a todos los prençipales y bió a hazer traer mucha sunma de bino blanco y se briagó con ellos y hizo luego que a quatro de los cautiuos sacrificasen luego al ydolo Huitzilopochtli y, hecho, mandó los desollasen, heran menester los cueros de ellos, y así fue hecho. Díxoles: "Yd a la parte llaman Çincalco y de mi parte le besaréis las mas al rrey Huemac".

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