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Datos principales


Desarrollo


Bailes de México Moctezuma tenía otro pasatiempo, que regocijaba a los de palacio y aun a toda la ciudad, pues es muy bueno, largo y público, el cual, o bien lo mandaba él hacer, o bien venían los del pueblo a hacerle en palacio aquel servicio y solaz, y era de esta manera: que después de la comida comenzaban un baile, que llaman netoteliztli, danza de regocijo y placer. Mucho antes de comenzarlo, tendían una gran estera en el patio de palacio, y encima de ella ponían dos atabales: uno pequeño, que llaman teponaztli, y que es todo de una pieza, de palo muy bien labrado por fuera, hueco y sin cuero ni pergamino, pero se tañe con palillos como los nuestros. El otro es muy grande, alto, redondo y grueso como un tambor de los de aquí, hueco, tallado por fuera, y pintado. Sobre la boca ponen un parche de venado curtido y bien estirado, y que apretado sube el tono, y flojo le baja. Se tañe con las manos, sin palos, y es el contrabajo. Estos dos atabales concertados con voces, aunque allá no las hay buenas, suenan mucho, y no del todo mal. Cantan cantares alegres, regocijados y graciosos, o algún romance en loor de los reyes pasados, recontando en ellos guerras, victorias, hazañas y cosas semejantes; y esto va todo en copla por sus consonantes, que suenan bien y agradan. Cuando ya es tiempo de comenzar, silban ocho o diez hombres muy fuertes, y luego tocan los atabales muy bajo, y no tardan en venir los bailadores con ricas mantas blancas, encarnadas, verdes, amarillas y tejidas de diversos colores; y llevan en las manos ramilletes de rosas, o abanicos de pluma, o de pluma y oro.

Muchos vienen con papahígos de pluma, o carátulas, hechas de forma de cabezas de águila, tigre, caimán y animales salvajes. Se juntan a este baile mil bailadores muchas veces, y cuando menos cuatrocientos, y son todos personas principales, nobles y hasta señores; y cuanto mayor y mejor es cada uno, tanto más junto está de los atabales. Bailan en corro cogidos de las manos, una orden tras otra; guían dos de ellos, que son sueltos y diestros danzarines, y todos hacen y dicen lo que aquellos dos directores: si cantan ellos, responde todo el corro, unas veces mucho, y otras veces poco, según el cantar o romance requiere; que así es aquí y en todas partes. El compás que llevan los dos, lo siguen todos, excepto los de las últimas filas, que por estar lejos y ser muchos, hacen dos mientras que ellos una, y les cumple meter más obra; pero a un mismo tiempo alzan o bajan los brazos o el cuerpo, o la cabeza sola, y todo con no poca gracia, y con tanto concierto y sentido, que no discrepan uno de otro; tanto, que se emboban allí los hombres. Al principio cantan romances y van despacio; tañen, cantan y bailan lentamente, que parece todo lleno de gravedad; mas cuando se encienden, cantan villancicos y cantares alegres, se aviva la danza y andan fuerte y de prisa; y como dura mucho, beben, que hay allí escanciadores con tazas y jarros. También a veces andan sobresalientes algunos truhanes, imitando a otras naciones en traje y en lenguaje, y haciendo de borracho, loco o vieja, que hacen reír y divertir a la gente. Todos los que han visto este baile dicen que es cosa muy digna de ver, y mejor que la zambra de los moros, que es la mejor danza que por aquí tenemos; y si la hacen las mujeres es mucho mejor que la de los hombres. Pero en México no bailaban ellas tal baile públicamente.

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